Según la última encuesta de Banxico a especialistas del sector privado, la inseguridad pública se ubica como el principal factor que puede frenar el crecimiento económico del país, con un 22% de las respuestas.
Ese entorno explica el crecimiento del sector de seguridad tecnológica, ya que las empresas buscan sistemas de videovigilancia, control de accesos, identificación biométrica y monitoreo de flotas para proteger mercancías y centros de producción. La digitalización del sector abre espacio para herramientas de análisis de vídeo con Inteligencia Artificial, plataformas de vigilancia en la nube y soluciones integradas de gestión de riesgos.
Algunos segmentos concentran la mayor expansión: la videovigilancia avanzada, los sistemas de control de acceso electrónico, las soluciones contra intrusión e incendio y los dispositivos de protección de carga en transporte y logística destacan entre las áreas de mayor crecimiento.
El auge del nearshoring también impulsa esta demanda. Cada planta industrial, almacén o centro logístico nuevo exige infraestructura de seguridad para proteger instalaciones, trabajadores y rutas de transporte.
México actúa como importador neto de numerosos equipos de seguridad, entre ellos alarmas contra robo e incendio, cámaras de circuito cerrado, dispositivos de señalización y lectores biométricos. Muchos de estos productos provienen de Asia, Norteamérica y Europa, mientras el valor agregado local surge en el diseño, la integración tecnológica, la instalación y los contratos de servicio.
El dinamismo del mercado incluso contrasta con la evolución del gasto público. El presupuesto federal destinado a seguridad pública bajó de 190,490 millones de pesos en 2024 a 154,130 millones en 2025, según cifras de la Cámara de Diputados citadas en la guía comercial del gobierno estadounidense. Esa reducción no elimina la necesidad de protección. Al contrario, traslada parte de la inversión hacia empresas, industrias y gobiernos locales que buscan reforzar sus propios sistemas de seguridad.
