La industria española ha observado con preocupación esta semana la evolución de la guerra en Irán. La escalada del precio del gas, que el martes se duplicó respecto a los valores de la semana anterior, hasta superar los 60 euros/MWh, aunque finalmente cerró en 54,30 euros/MWh, rememoró las tensiones vividas con la invasión rusa de Ucrania en el 2022. Las empresas asumen que los precios subirán este año, aunque ni mucho menos esperan que se alcancen los máximos vividos por aquel entonces, cuando se alcanzó al récord de 250 euros por MWh. Sin embargo, el escenario energético podría recrudecerse si la guerra se extiende más en el tiempo.
Las industrias más expuestas a la crisis son obviamente las intensivas en uso de gas, con procesos que no pueden ser sustituidos por la electrificación. Entre ellas destacan refinerías, químicas, siderúrgicas, azulejeras o papeleras, entre otras. Más allá del impacto directo del precio del gas, la preocupación por el encarecimiento de la electricidad por la generación es menor.
El efecto en los precios eléctricos será menor por el consumo más bajo y la entrada de más renovables en primavera.
El cierre del estrecho de Ormuz y la decisión de Qatar de cesar la actividad en sus infraestructuras de regasificación tienen un fuerte impacto en la economía mundial. “El estrecho de Ormuz es un cuello de botella energética por el que transita un volumen significativo del petróleo y el gas mundial, y un cierre prolongado podría tener un efecto muy importante, aunque este escenario se considera extremo”, explica Oliverio Álvarez, socio responsable de energía, recursos e industria de Deloitte. El consultor considera que la economía mundial está hoy bien preparada para absorber un shock energético, aunque una escalada militar sostenida podría reactivar presiones inflacionarias y de crecimiento.
En el caso de España, su economía está poco expuesta al consumo de gas procedente del emirato árabe. Del total de proveedores, España apenas consume un 1,7% procedente del país. Los principales proveedores son Argelia (34,5%), Estados Unidos (30%), Rusia (11%) o Nigeria (7%). “España cuenta con una importante diversificación, a diferencia de otros países, y no tendrá problemas de acceso. Sin embargo, si el conflicto se alarga en el tiempo, el impacto puede ser importante”, explica Verónica Rivière, presidenta ejecutiva de la patronal Gas Industrial, que agrupa a las industrias intensivas en gas.
El gas natural procedente de Qatar solo representa un 1,7% del total del consumo en España
En este sentido, apunta que Italia está más expuesta que España al consumir diez veces más gas qatarí, de la misma forma que Francia consume cuatro veces más. “Durante la crisis energética derivada de la invasión de Ucrania, muchos países suministraron el gas ruso con el procedente del emirato árabe”, señala. En este sentido, Qatar detuvo completamente la licuefacción de gas el pasado miércoles y no podrá volver a los niveles normales de producción y exportación durante al menos un mes, según información de dos fuentes conocedoras del asunto a Reuters. Por otra parte, las reservas de gas en Europa se encuentran en el 30%, nueve puntos porcentuales más bajas que hace un año, tras haber pasado un invierno más riguroso. En el caso de España, se encuentran en el 55,8%. Sin embargo, en países como Alemania o Francia se encuentran sobre el 20%.
Rivière explica que el consumo de gas se ha reducido en un 20% desde la pandemia. “Esa bajada no está vinculada a una mayor eficiencia o electrificación. Los precios subieron tras la invasión de Ucrania de una media de 20 euros/MWh a 30 euros/MWh, y eso llevó a un recorte de producción”, explica. Se trata de menos producción o de pymes que cesaron su actividad al no tener músculo financiero para soportar unos márgenes más estrechos. “Si hay una nueva subida de precios, aunque no sea espectacular, estamos propiciando esta muerte lenta”, apunta. La ejecutiva asegura que es difícil estimar un impacto económico concreto porque cada empresa tiene contratos de cobertura distintos que pueden ayudar a mitigar el encarecimiento inicialmente.
Las subidas de precio tras la guerra de Ucrania han reducido un 20% la actividad de estas industrias
Sin embargo, la previsión es que los efectos en los costes energéticos no sean muy elevados. “Nuestra reflexión es que, al estar entrando en la primavera, la demanda eléctrica baja y la aportación de renovables sube. Pese a que tenemos el sistema eléctrico reforzado con mayor participación de los ciclos combinados de gas, creemos que se podrá compensar el precio de la energía”, explica el director general de la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía, Pedro González.
El directivo explica que los shocks energéticos suelen generar unas dinámicas de precio cohete-pluma; es decir, sube rápidamente como un cohete y posteriormente cae paulatinamente como una pluma en el aire. “Esta semana hemos visto el precio algo por encima de lo esperado, con 90 euros/MWh el jueves o 60 euros/MWh el viernes. Si el conflicto se resuelve rápidamente, no tendremos mayores problemas. Si se extiende y los precios del gas se mantienen altos hasta el cuarto trimestre, con la llegada del frío, entonces podemos encontrarnos con un escenario preocupante para los precios eléctricos”, afirma.
Refinerías, químicas, azulejeras o siderúrgicas son algunas de las empresas más afectadas
González sostiene también que la industria electrointensiva tiene ahora una actividad un 20% inferior a la de la pandemia. “La covid y la posterior guerra de Ucrania subieron los precios. En el 2025 no cayó todo lo que esperábamos, y ahora confiábamos en este año para una normalización. Ahora este escenario está en entredicho”, comenta.
Por otra parte, el directivo apunta que en los próximos tres meses puede haber un escenario de contagio en varios países europeos. “En los países del centro del continente la dependencia del gas es más elevada. En Alemania, es probable que aumente el uso de las centrales eléctricas de carbón para compensar los precios del gas”, dice. En cambio, prevé que, como España, Francia también logre contener los precios gracias a la fuerte presencia de la energía nuclear en su mezcla de generación.
