La inteligencia artificial se sube al coche. Las alianzas entre fabricantes y tecnológicas crecen en un esfuerzo de las marcas por avanzar en software, ayudas al volante y el camino a la conducción autónoma. En las últimas semanas, tanto grandes como actores pujantes han acordado acuerdos para desarrollos conjuntos o uso de tecnología para llevar la experiencia del usuario a nuevos niveles. Como todo lo que rodea últimamente a la tecnología, Nvidia dice presente.
Al ponerse al volante, hace rato que las cosas ya no van solo de velocidad y consumo. Cobran peso las ayudas a la conducción, la personalización y la predicción. Se repite la analogía del móvil sobre ruedas. “El automóvil está evolucionando rápidamente hacia un producto tecnológico. Para el usuario es fundamental contar con un vehículo que ofrezca la mejor experiencia gracias al software, los datos, la conectividad y la IA”, expone Xavier Ferré, socio responsable de automoción y transporte de España de EY. Ahí surge una necesidad de colaborar, porque las empresas tecnológicas “han estado a la vanguardia en estos aspectos durante décadas”.
Las alianzas permiten acelerar la entrada al mercado, “evitando desarrollar soluciones desde cero, lo que implicaría inversiones significativas”. La revolución de la IA y lo digital le llega al sector del motor en un momento delicado, en una tormenta de aranceles, dudas del consumidor en lo eléctrico y el vendaval de las marcas chinas, sobre todo en Europa. El paso del enfoque industrial y mecánico al digital justifica las colaboraciones estratégicas, sigue Ferré. “De lo contrario, existe el riesgo de no poder actualizar los vehículos al ritmo que exige la sociedad actual”, concluye.
Volkswagen o Mercedes son los últimos en cerrar acuerdos, con Nvidia muy presente
Los ejemplos se suceden y en las últimas semanas se han multiplicado. Nvidia desveló hace unos días su nueva plataforma de conducción autónoma, integrando hardware, software, sensores, desarrollo, simulación… “Destaca Alpamayo, un modelo abierto que incorpora capacidades de pensamiento en la toma de decisiones, capaz de entender el mundo físico, no solo procesar datos. Ese enfoque de IA que percibe, razona y actúa en entornos reales es un salto cualitativo frente a generaciones anteriores”, explica Esteve Almirall, profesor del departamento de operaciones, innovación y ciencias de datos de Esade. Una de sus grandes aplicaciones es en entornos urbanos complejos, algo que probará Mercedes-Benz, con quien ha tejido una alianza para la aplicación real en sus CLA.
Su compatriota Volkswagen y el fabricante de chips Qualcomm han reforzado su colaboración ya vigente para la conducción automatizada, el coche conectado y el infoentretenimiento. El grupo alemán, primer vendedor europeo, afirma que estas soluciones ganan importancia para diferenciarse y suponen cada vez más en el valor del vehículo, lo que empuja a buscar costes competitivos. Más tecnología, más chips, más coste… Amazon, a través de su filial de nube AWS, y el proveedor alemán Aumovio también se han aliado para la conducción autónoma, con la vista puesta en el transporte por carretera. Uber, Lucid y Nvidia tenían además en marcha un proyecto de robotaxis . Las chinas BYD y Li Auto o la estadounidense Rivian son otros que se suben al tren innovador. Unos ahorran costes, los otros logran aplicaciones reales para sus soluciones.
Solo el negocio del software superará los 100.000 millones anuales en una década, el triple que hoy
La IA también está llamada a mejorar otros factores como la seguridad, la estimación de rango, el mantenimiento preventivo o la detección de intrusos. En juego hay un negocio más que milmillonario. Un informe reciente de McKinsey plantea que el mercado de la electrónica y el software automotriz pueden llegar a 519.000 millones en una década, unos 450.000 millones de euros. Un salto del 54% desde el nivel actual. Más crecerá el segmento del software –ayudas a la conducción, conducción autónoma, infoentretenimiento, conectividad…– al triplicarse a 109.000 millones. La IA generativa, además, ayuda a reducir costes y plazos en la I+D. “Las alianzas y las inversiones en software reutilizables serán críticas para conseguir economías de escalada y disparar la competitividad”, señalan desde McKinsey.
La conducción autónoma es un ejemplo de por qué entrelazan caminos fabricantes y tecnológicos. Ferré plantea que colaborar es crucial porque requiere el uso avanzado de IA, un procesamiento de grandes volúmenes de datos y la integración de sensores y chips altamente especializados. Si bien Tesla o Waymo (Alphabet) van a la suya, las alianzas vuelven a resurgir. “El objetivo es claro, cubrir el vacío tecnológico de los fabricantes tradicionales en conducción autónoma”, argumenta Almirall. En su opinión, con el coche autónomo se ganaría en seguridad, coste, disponibilidad y gestión logística.
Los plazos de la conducción autónoma a mayor nivel se revisan por unos costes más elevados.
EE.UU. y China están llamados a liderar los despliegues, pero todo tiene un costo, superior al esperado inicialmente por el sector por gastos más altos para saltar de la fase de desarrollo a la comercial o las regulaciones. En base a respuestas de directivos, McKinsey advierte que los plazos para el despliegue a mayor escala del coche autónomo se han retrasado uno o dos años. el robotaxis no se espera antes del 2030, y sistemas similares privados no antes del 2032, cuando sería viable el camión autónomo. El costo se dispara especialmente en camiones, hasta un 60% más de lo esperado hace apenas dos años, por la falta de claridad con su despliegue.
