Las personas se acostumbraron a convivir con la IA con bastante rapidez. ChatGPT apenas tiene tres años, pero ya ha cambiado la forma en que muchos nos comunicamos o manejamos grandes cantidades de información.
También generó serias preocupaciones sobre el empleo. Si las máquinas se vuelven mejores que las personas para leer textos legales complejos, traducir idiomas o presentar argumentos, ¿no se volverán irrelevantes esos empleados humanos “a la antigua”? ¿No será inevitable el desempleo masivo?
Sin embargo, cuando observamos las grandes cifras de la economía, eso no es lo que está ocurriendo.
El desempleo en la Unión Europea se encuentra en un mínimo histórico de alrededor del 6%, la mitad del nivel de hace diez años. En el Reino Unido es incluso menor, con un 5,1%, aproximadamente el nivel de principios de los años 2000, y en Estados Unidos es todavía más bajo, con un 4,4%.
La razón por la que siguen existiendo tantos empleos es que, si bien la tecnología vuelve obsoletas algunas actividades humanas, también crea nuevos tipos de trabajo.
Ya ha ocurrido antes. En 1800, por ejemplo, alrededor de un tercio de los trabajadores británicos eran agricultores. Hoy, la proporción dedicada a la agricultura es de alrededor del 1%.
La automatización de la agricultura permitió al país convertirse en líder de la Revolución Industrial.
O más recientemente, tras la instalación del primer cajero automático del mundo por Barclays en Londres en 1967, surgieron temores de que el personal de las sucursales bancarias desapareciera.
Ocurrió lo contrario. En Estados Unidos, durante los 30 años de expansión de los cajeros automáticos, el número de cajeros bancarios aumentó en realidad un 10%. Los cajeros automáticos abarataron la apertura de sucursales (porque necesitaban menos personal) y más comunidades accedieron a servicios financieros.
Solo ahora, con un banco en cada teléfono, el número de empleados bancarios en sucursales está cayendo con fuerza.
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¿Una imposición?
Pero sí, la IA eliminará algunos empleos. Un tercio de los estadounidenses teme perder su trabajo a causa de la IA, y muchos de ellos probablemente tengan razón.
Pero desde la Revolución Industrial, el mundo vio una sucesión de innovaciones que ha sostenido un crecimiento económico exponencial sin precedentes.
La IA, al igual que la computadora, internet, los ferrocarriles o los electrodomésticos, es una revolución lenta. Cambiará gradualmente los hábitos, pero al hacerlo creará oportunidades para que surjan nuevos negocios.
Y así como no hubo un auge inmediato de la IA en términos de crecimiento económico, tampoco hay un cambio inmediato en el empleo. Lo que vemos, más bien, son empresas que utilizan la IA como excusa para recortes laborales tradicionales. Esto conduce a otra pregunta: cómo cambiará la IA el sentido de nuestro trabajo y cuánto dinero ganaremos.
Con la tecnología, el resultado puede ir en cualquier dirección.
Los cajeros bancarios se volvieron más valiosos con la llegada de los cajeros automáticos porque, en lugar de solo contar dinero, podría ofrecer asesoría. Y en 2016, Geoff Hinton, una figura clave en el desarrollo de la IA, recomendó que el mundo “dejara de formar radiólogos” porque los robots estaban superando a los humanos en el análisis de imágenes.
Diez años después, la demanda de radiólogos en Estados Unidos está en un máximo histórico. El uso de la IA para analizar imágenes ha hecho que el trabajo sea más valioso, no menos, porque los radiólogos pueden atender a más pacientes (la mayoría de los cuales probablemente prefiera tratar con un ser humano).
Así que, como trabajador, lo que conviene es encontrar un empleo en el que las máquinas te hagan más productivo, no uno en el que te convertirás en sirviente de las máquinas.
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¿Más desigualdad?
Otra cuestión que plantea la IA es si reducirá o aumentará la desigualdad entre los trabajadores.
Al principio, muchos pensaron que permitir a todos el acceso a un asistente de IA con habilidades para procesar información o comunicarse con claridad reduciría la desigualdad de ingresos. Sin embargo, investigaciones más recientes encontraron lo contrario: los emprendedores altamente capacitados son quienes más se benefician del acceso al apoyo de la IA.
Una de las razones es que saber recibir consejos es en sí misma una habilidad. En mi propia investigación con colegas, descubrimos que dar consejos de alta calidad a jugadores de ajedrez apenas reduce la brecha entre los mejores y los peores, porque los jugadores con menor nivel eran menos propensos a seguir buenos consejos.
Y quizás ese sea el mayor riesgo que trae la IA: que algunas personas se benefician mucho más que otras.
En ese escenario, podría surgir un grupo que utilice la IA para gestionar su vida cotidiana, pero quede atrapado en empleos de baja productividad y sin perspectivas de un salario digno. Y otro grupo más pequeño de trabajadores privilegiados y bien formados que prosperan controlando las máquinas y la riqueza que estas generan.
Cada revolución tecnológica en la historia hizo al mundo más rico, saludable y cómodo. Pero las transiciones siempre son difíciles. Lo que importa ahora es cómo las sociedades pueden ayudar a que todos sean los jefes de las máquinas, y no sus sirvientes.
*Renaud Foucart es profesor titular de Economía en la Escuela de Administración de la Universidad de Lancaster.
Este artículo fue publicado originalmente por The Conversation
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