Los jóvenes y los estudiantes deben tener un papel de participación y de liderazgo a la hora de tomar decisiones sobre la educación, pero solo uno de cada tres países los involucrados en la creación e implementación de sus políticas, según reveló este viernes un informe de la Unesco.
Publicado con motivo del Día Internacional de la Educación que se celebrará este sábado, el estudio, titulado ‘Dirigir con la juventud’, subraya que aunque los menores no están bien representados en la política formal, son un grupo políticamente activo cuyas voces deben ser tenidas en cuenta, en especial en los temas que los afectan más directamente, como el terreno educativo.
“Tenemos la responsabilidad colectiva de empoderarlos a través de la educación, para que ellos, a su vez, puedan empoderar a sus comunidades. Y eso significa garantizar el acceso equitativo a una educación de calidad para todos, y no solo para unos pocos afortunados”, subrayó el director general de la Unesco, Jaled al Anani, en un mensaje por el Día Internacional.
En sintonía con las conclusiones del estudio, Al Anani subrayó que, “dado que los sistemas educativos son más sólidos cuando se diseñan con la participación de aquellos a quienes sirven, la Unesco pide que se incluya a los jóvenes en la elaboración de las políticas educativas”.
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“Sus opiniones son importantes, no como beneficiarios pasivos, sino como verdaderos socios. A partir de este año, estamos aprovechando las redes de jóvenes y estudiantes de la Unesco para dar forma al futuro de la educación”, avanzó el exministro egipcio, que tomó el mando de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura en noviembre pasado.
Para elaborar el estudio, la Unesco realizó, por un lado, una encuesta con 93 Gobiernos representativos de la comunidad internacional, cuya principal conclusión fue que solo uno de cada tres países mantiene algún tipo de requerimiento formal a la juventud oa los estudiantes, con organismos oficiales involucrados, respecto a las decisiones educativas.
Los mecanismos formales de consulta están, además, mucho más presentes en los países más ricos que en los de rentas medias o bajas, ya que estos últimos tienen procesos de consulta más laxos o no los tienen en absoluto.
Pero una participación significativa requiere tanto “voluntad política” como las condiciones necesarias para hacerla efectiva, lo que requiere un lugar “en las mesas de toma de decisiones, una participación representativa e inclusiva, apoyo institucional y recursos, y la valoración de sus opiniones”.
Y es que la participación no siempre se traduce en una “influencia” real, ya que “pocos países”, según el texto, respondieron en el estudio sobre si sus consultas a la juventud realmente cambiaron después de las decisiones finales.
El informe incluye una segunda encuesta realizada a 101 organizaciones estudiantiles o juveniles (de todo el mundo, aunque los autores advierten de un sesgo de sobrerrepresentación de la región europea) sobre su grado de involucramiento y satisfacción en sus intercambios con los gobiernos.
De ellas, menos de una de cada tres afirmaron sentirse “frecuentemente involucradas” en la toma de decisiones y solo una de cada cinco se vio “valorada o en una relación de colaboración”.
Sus voces y visibilidad son frecuentemente limitadas, según el estudio, e incluso cuando son invitadas a sentarse a la mesa, “a menudo perciben una falta de voluntad genuina de escucharlos”.
La satisfacción y el sentimiento de legitimidad de los jóvenes, resalta el estudio, crece cuando se les dan responsabilidades formales, pero más participación -advierte también el texto- no siempre equivale a participación inclusiva, ya que incluso los “mecanismos bienintencionados corren el riesgo de excluir a las voces marginadas”.
Con información de EFE
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