Parece ingenuo referirse a la biodiversidad en el mismo momento en que el Ejecutivo y las corporaciones presionan por modificar la ley que protege los glaciares ubicados en la cordillera andina -críticos para el almacenamiento de agua y la regulación climática- de la explotación minera.
Sin embargo, un par de recientes diseños de capital en startups cuyo propósito es justamente regenerar la diversidad biológica -y algún otro aún de mayor envergadura, previsto para los próximos meses- podría indicar lo contrario.
En efecto, la climática tucumana ReForest Latam acaba de levantar 1.050.000 dólares en una ronda liderada por el fondo de inversión paraguayo iThink VC, junto con sus pares argentinos Innventure y Antom.
La propuesta de la startup es una solución que combina drones que transportan “iseeds” (cápsulas con semillas) con el empleo de inteligencia artificial aplicado al monitoreo de ese proceso.
Su objetivo consiste en “regenerar ecosistemas nativos a gran escala, para maximizar el impacto positivo, pero respetar los ciclos naturales”, según explicó Damián Rivadeneira, quien cofundó la iniciativa en abril de 2023. En concreto: desarrollar una solución para los elevados costos de reforestar con especies nativas cuyas tasas de germinación y emergencia son muy bajas. Sólo en América latina, según el emprendedor, “hay decenas de millones de hectáreas degradadas con necesidad urgente de restauración”.
“Somos capaces de ejecutar proyectos en una fracción del tiempo respecto de los métodos tradicionales. Como resultado, reducimos el costo por hectárea hasta en un 75% y viabilizamos la regeneración de ecosistemas en contextos en los que antes era económicamente inviable”, subrayó el emprendedor.
Con un equipo de trabajo conformado por diez expertos en biotecnología, ingeniería forestal, drones y ciencia de datos, la startup aún se encuentra en etapa precomercial. No obstante, ya desarrolla 14 proyectos en la Argentina, Brasil y Bolivia, bajo un modelo de “venture client”.
Uno de los proyectos es para activar la regeneración natural de especies como el ciprés de la cordillera y el coihue, para restaurar zonas degradadas por incendios forestales en el bosque andino-patagónico, junto con la empresa Bosquear.
Otras tres iniciativas involucran la recuperación de suelos en distintos hábitats del Chaco y Formosa afectados por su empleo prolongado para talas selectivas y ganadería extensiva, mediante fragmentos de bosque. Son proyectos en colaboración con la forestal Unitán y con el desarrollador de proyectos de restauración y secuestro de carbono Cambium.
En Brasil, en tanto, llevan adelante proyectos junto con el Land Innovation Fund, y en Bolivia, con la Fundación para la Conservación del Bosque Chiquitano.
“El inicio formal de operaciones comerciales está previsto para el primer trimestre de 2027”, anticipó Rivadeneira.
Mientras tanto, determinó que la inversión conseguida “es crítica para consolidar nuestra plataforma tecnológica y demostrar capacidad de escalado en campo”. En particular, para seguir optimizando el diseño de las “iseeds”, con el propósito de mejorar la germinación en los distintos ecosistemas.
Regeneración del capital natural
El flamante informe “The Climate Investment Frontier: Latin America & the Caribbean”, del fondo Reciprocal ofrece datos interesantes: la agricultura, la silvicultura y otros usos del suelo aportan casi 600.000 millones de dólares anuales en América latina, cerca del 7% del PBI regional, además del 12% del empleo.
Como contracara, sus emisiones representan el 58% del total, casi tres veces más que el promedio mundial, de 22%. Las tierras productivas de la región, además, contribuyen al 14% de la degradación global de los suelos.
El diagnóstico de consenso indica que es posible mitigar las emisiones, pero si continúa alza la deforestación y la pérdida de ecosistemas, el combate contra el cambio climático podría estar perdido, con impactos hoy impredecibles en la producción de alimentos y la aparición de nuevas enfermedades.
El reporte es optimista a la hora de analizar una nueva ola de emprendimientos que reimagina el uso del capital natural: no ya como una fuente de extracción, sino como una plataforma para la regeneración.
Es el caso de la barilochense Eirú, cuyo enfoque se orienta precisamente a la medición y regeneración de biodiversidad, con énfasis en animales polinizadores, para encarar transiciones productivas bajas en emisiones y con suelos sanos.
“Desarrollamos un sistema MRV (por monitoreo, reporte y verificación) que integra sensores bioacústicos, algoritmos de aprendizaje automático capaces de identificar sonidos de abejas, abejorros, moscas y próximamente aves, datos satelitales y modelos predictivos para evaluar la salud de los ecosistemas, proyectar escenarios y verificar el impacto de prácticas sostenibles, sin necesidad de muestras manuales o análisis de laboratorio”, explicó Lucas Garibaldi, quien cofundó la iniciativa en agosto de 2023.
“Nuestra propuesta resuelve dos brechas: la falta de indicadores operativos de biodiversidad para proyectos de conservación y producción regenerativa, y la necesidad de escalar evidencia verificable más allá del ámbito académico”, agregó Garibaldi, quien también es investigador principal del CONICET y profesor de la Universidad Nacional de Río Negro.
Además de crear la primera librería acústica de polinizadores del Cono Sur, un activo científico inédito en la región, el equipo de la startup -conformado por cinco personas- trabaja en la actualidad en el desarrollo de una plataforma de visualización de los resultados.
“Además, nos encontramos en etapa de desarrollo del sensor ‘v.1’, que incorpora mejoras respecto del prototipo inicial ‘v.0’ testeado este año. Busca robustecer su precisión, autonomía y capacidad en condiciones de baja conectividad, con el objetivo de escalar la solución a escala comercial”, ilustró el emprendedor.
“En paralelo, optimizamos el software embebido y los algoritmos de inteligencia artificial para permitir el reconocimiento en tiempo real de especies de polinizadores y aves, y fortalecer la precisión y capacidad predictiva del sistema”, agregó.
Eirú ya monitoreó más de 4.000 hectáreas en la Argentina y Chile en colaboración con The Nature Conservancy, Unitán y el Ministerio de Ambiente de Córdoba. Para financiar el desarrollo de su tecnología y planificar su expansión regional, la startup lleva recaudadas inversiones por 200.000 dólares de parte de los fondos SF500 y Antom.
“Proyectamos consolidar ventas de hardware y servicios de monitoreo en el mercado argentino y expandirnos hacia Brasil, Colombia, México, Chile y Uruguay, por lo que nos preparamos para una ronda presemilla”, aseguró. La startup apunta al sector agroproductor para incentivar y acompañar la transición regenerativa, pero también a proyectos de conservación y restauración, mediante el licenciamiento de datos e inteligencia ambiental.
Garibaldi reflexionó que la biodiversidad y heterogeneidad de los ecosistemas desde la Patagonia hasta las regiones subtropicales proporciona un laboratorio natural único para su emprendimiento. “Nos permite diseñar tecnología adaptada a entornos complejos, lo que se traduce en un diferencial competitivo”, concluyó.
Selectividad
El mercado global de ingredientes biomanufacturados, que incluye los insumos agrícolas de base biológica, podría alcanzar los 200.000 millones de dólares para 2040, según el ya citado informe de Reciprocal. Sin embargo, la pregunta del millón es si contribuye a un cambio transformador ya la regeneración.
“Una gran parte del ecosistema agtech se concentra en soluciones que sustituyen un insumo químico por uno biológico. Reducen la toxicidad, sí, pero mantienen el modelo”, observó Rubén Altman, cofundador del fondo argentino Antom, especializado en Climatech.
A su juicio, “la diferencia no está en la molécula, sino en el sistema que habilita”. De hecho, observar que los bioplaguicidas selectivos, es decir formulados para actuar sobre un objetivo específico, sí pueden formar parte de sistemas en transición. No así los de amplio espectro que, aunque menos tóxicos en comparación con los químicos, pueden afectar organismos no objetivos y empobrecer la biodiversidad.
Una biotecnológica santafesina que desarrolla soluciones para el control selectivo de malezas resistentes, uno de los problemas más críticos de la agricultura moderna, recibió una importante inversión de capital en mayo pasado, justamente.
Se trata de Bioseek, con sede en Alvear, al sur de Rosario. Recaudó 1.250.000 dólares por parte del fondo CITES. Su plataforma tecnológica se basa en el silenciamiento génico y la síntesis molecular de última generación, para actuar de manera específica sobre las malezas, sin afectar los cultivos ni dejar residuos químicos en el ambiente.
Santiago Savino, líder científico en Bioseek“El silenciamiento génico permite apagar un gen específico de una hierba en particular, sin afectar el de la planta que está al lado. No es un glifosato, por ejemplo, que mata todo. Se trata de moléculas naturales y sus ensayos de toxicidad son muy buenos”, explicó Esteban Lombardía, CEO de la iniciativa.
“Es sustentabilidad con selectividad. No va más esto de que, para solucionar una cosa, afecto otra. Se termina la acumulación de compuestos tóxicos en el suelo y en las napas de agua. No hay riesgo para el operador que va a producir la fumigación. Viene a cambiar la manera de tratar el control de las malezas, a precios muy razonables respecto de los costos que hoy ofrecen soluciones empleadas desde hace treinta años”, continuó el experto en genética.
“Fuimos la primera compañía a escala global que nos sumergimos en este desafío. Fueron dos años muy desafiantes en materia de avances tecnológicos que nos permitieron lograr las dos primeras patentes. Y hoy estamos configurando el primer producto, con dos aplicaciones básicas: reducir la concentración de herbicidas tradicionales, y actuar de manera selectiva en el control de las malezas”, agregó.
“Utiliza ácidos nucleicos peptídicos, que tienen mayor estabilidad en condiciones ambientales que los ARN o ARN de interferencia, lo que permite emplearlos mucho más fácilmente en la agricultura, tanto en cultivos extensivos como intensivos”, describió.
Bioseek nació dentro de UOVO, una usina de startups científicas creada en 2020 por el propio Lombardía, también cofundador de Terragene, proveedora de prevención de infecciones que exporta a 70 países, y de Protergium, productora de bioinsumos para cultivos.
Laboratorio de Terragene A su turno, el biotecnólogo Santiago Savino, líder científico de Bioseek, precisó que la inversión de 1.250.000 dólares es clave para avanzar en la validación de la tecnología de control selectivo de malezas. Debería permitirles acelerar el desarrollo del producto y preparar las primeras pruebas a campo, previstas para el año próximo.
“Al tratarse de una solución innovadora, que no es un agroquímico tradicional ni un transgénico, requiere un trabajo muy riguroso para demostrar su eficacia, seguridad y escalabilidad”, indicó. Si los resultados de los ensayos a campo son lo suficientemente sólidos y logran superar los marcos regulatorios, la etapa comercial se abrirá en dos años, de acuerdo con las proyecciones de la startup.
“La próxima carrera global se definirá en la transición material: cómo cultivamos, construimos, curamos y producimos lo que necesitamos para vivir. América latina tiene, en su biodiversidad y capacidad científica, los activos para liderarla”, sintetizó Rubén Altman, cofundador del fondo Antom.
Su diagnóstico identifica, precisamente, cinco áreas concretas con oportunidades de innovación. La primera corresponde a sensores, imágenes satelitales, aplicaciones e indicadores de vegetación y microbiota para monitoreo regenerativo. La segunda, una plataforma de planificación agroecológica para rotaciones multiespecie, manejo de cultivos de cobertura y diseño paisajístico regenerativo.
Una tercera opción comprende las soluciones robóticas para desmalezado, siembra directa multiespecie y asistencia a pastoreo rotativo. Una cuarta, los mercados y certificaciones adaptadas a la biodiversidad. La quinta y última involucra modelos financieros que incluyen bonificaciones y seguros por indicadores de biodiversidad.
