Naciones Unidas, y en primer lugar el Consejo de Seguridad, tras haber sido fundado en 1946 muere este año, afectado por un caso agudo de irrelevancia.
Franklin Delano Roosevelt fallece el 12 de abril de 1945. El creador de Naciones Unidas no puede asistir al fracaso total del organismo creado para resolver las cuestiones de guerra y paz en la etapa posterior al triunfo de EE.UU. sobre las potencias combinadas del Tercer Reich y el Imperio Japonés, que se sustentaba en un acuerdo pleno entre el gobierno de Washington y el orden soviético conducido por Joseph Stalin.
Un año después de la muerte de Roosevelt, la ruptura entre EE.UU. y la Unión Soviética era total y evidente y se manifestaba en el estallido de la Guerra Fría que duraría más de 40 años.
La Guerra Fría fue una contienda en que EE.UU. y la Unión Soviética se enfrentaron por todos los medios, salvo la acción directa, debido al riesgo de escalada hacia un choque nuclear. Sólo se enfrentaron militarmente a través de delegados o “proxies” en más de 140 choques bélicos que se desataron en los 4 puntos cardinales del planeta.
Por eso la Guerra Fría fue un sistema bipolar notablemente estable que se desplegó de 1948 a 1991 y que sólo concluyó con la implosión de la Unión Soviética aquel año.
En este largo período histórico, el Consejo de Seguridad/Naciones Unidas no existíaen el sentido estricto de protagonismo y decisión.
Donald Trump ha creado ahora la junta de paz para supervisar el fin de la guerra en Gaza, aunque sus objetivos son claramente de alcance global: “…se trata de asegurar – dice – la paz en todas las áreas del mundo afectadas o amenazadas por esos conflictos”.
En suma, la junta de paz creado por Trump se convierte en un nuevo Consejo de Seguridad responsable de las cuestiones de guerra y paz en el mundo.
El dato central de este nuevo organismo internacional, es que está presidido por Trumpa la cabeza de EE.UU.
Lo que significa el poder de EE.UU. lo muestra nítidamente lo ocurrido recientemente en Venezuela: allí Trump logró reincorporar la explotación de los inmensos recursos petroleros venezolanos al mercado mundial, que son los mayores del mundo con más de 350.000 millones de barriles registrados; y lo hizo – este es el dato estratégico a subrayar – con el pleno respaldo y colaboración del régimen chavista encabezado por la presidenta provisoria Delcy Rodríguez, lo que sucedió dos semanas después de que el ejército norteamericano se apoderara el 3 de enero del ex presidente Nicolás Maduro para ponerlo a disposición de la Justicia Federal de Nueva York.
Hasta la captura de Maduro, aquella madrugada del 3 de enero, el mundo podía asumir lo que en ese momento ocurrió. Pero lo que ha dejado alelados a todos los protagonistas del mundo, tanto aliados como enemigos, en una situación que los obliga a recalcular todos los análisis respecto al papel y significado de Trump, es que aquello se haya hecho con acuerdo y respaldo pleno del régimen chavista encabezado por Delcy Rodríguez. Se reveló magníficamente con la presencia en Caracas, dos semanas después de la captura de Maduro, del jefe de la CIA John Ratcliffe, para entrevistarse por orden de Trump con su nueva aliada y presidenta provisoria.
Es evidente que el extraordinario poder de Trump tiene raíces estructurales, que se funda en lo excepcional. auge económico que experimenta la primera economía del mundo (US$ 28 billones/26% del PBI global), guiado y arrastrada por la revolución tecnológica de la inteligencia artificial. Esta es la tecnología más abarcadora y transformadora de la historia del capitalismo desde la primera Revolución Industrial (1780/1840) y es el instrumento que permite completar la 4° Revolución Industrial, que es la digitalización total de la manufactura y los servicios, y en la que claramente EE.UU. se adelanta al resto de los países del sistema mundial.
Esto es lo que coloca a EE.UU en el primer papel del ranking mundial, de un modo tan inequívoco y revelador que deja atrás el mundo de las opiniones y las doctrinas, y se convierte en un dato auto evidente de la realidad.
De allí surge la capacidad demostrada por EE.UU. y Trump para terminar con la guerra de Gaza y es la fuente de la energía con la que se apresta a concluir, a través de un acuerdo directo con Vladimir Putin, la guerra de Ucrania.
Hay que recordar que la extraordinaria legitimidad que tuvo en sus comienzos la creación de las Naciones Unidas fue la evidencia del poderío incomparable que tenía EE.UU. entonces con el liderazgo de Franklin Roosevelt, que tras haber recibido impuesto al Tercer Reich y al Imperio Japonés en los dos frentes de combate al mismo tiempo del Pacífico y el Atlántico, concluyó la guerra con un producto bruto interno que superaba el 60% del PBI global.
La realidad siempre tiene razón; por eso es sinónimo de racionalidad (“lo real es racional, y lo racional es real”, dice Hegel); y hoy no hay nada más real – y por lo tanto más racional – que Donald Trump y EE.UU., que están re-haciendo la historia del mundo en el siglo XXI.
