El presidente Donald Trump estaba convencido de que lo tenía todo atado y bien atado, expresión de eco franquista.
Hasta que este viernes el Tribunal Supremo, controlado por jueces conservadores, entre los cuales tres nombrados por él, destrozó su pieza clave política y económica. Fallaron que se excedió en su poder constitucional al aplicar unos aranceles recíprocos bajo una ley de emergencia asignada al Congreso.
La pataleta, de repercusión internacional, fue en aumento con el paso de las horas. “Los países extranjeros que nos han estado estafando durante años están bailando en las calles, pero no estarán bailando por mucho tiempo”, dijo el viernes en rueda de prensa. Ante tanta verbena a la que no ha sido invitado, Trump dijo este sábado que subirá del 10% al 15% los aranceles de sustitución que anunció tras el fallo judicial.
Esto indica que el presidente seguirá adelante con elevados aranceles globales a pesar del revés legal del Supremo.
Para algunos países, el arancel del 15% supone un beneficio, al reducirse el impuesto. Para otros, sin embargo, representan unas tasas más altas que las que antes se aplicaban a sus exportaciones a Estados Unidos.
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Una vez ridiculizado en casi todos los frentes por su derrota en el Tribunal Supremo, incluidos los medios amigos y congresistas republicanos, la ira de Trump se disparó a la vista de que se le describe como un perdedor. “El verdadero día de la liberación arancelaria” sostuvo un editorial del El diario de Wall Street en una burla mordaz al mensaje de abril del 2025 de la Administración Trump. Según el diario de los Murdoch, en cuyas páginas de opinión es raro leer una crítica a Trump, el viernes fue “posiblemente el peor momento de su presidencia”. El artículo le acusó de degradarse ante el alto tribunal y le reclamó que pida disculpas a los magistrados conservadores (dos elegidos por él) al calificarlos de “muy antipatriotas y tontos”.
Este caldo de cultivo propició que este sábado lanzara un mensaje de venganza en su red social por el que aumentaba su arancel global del 10% hasta el 15% a todos los países del mundo, el máximo establecido en la regulación a la que apeló.
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“Yo, como presidente de los Estados Unidos de América, con efecto inmediato, aumentaráé el arancel mundial del 10% a los países, muchos de los cuales han estado ‘estafando’ a EE. UU. durante décadas, sin represalias (¡hasta que llegué yo!), al nivel del 15%, plenamente permitido y legalmente probado”, escribió Trump en el que se ha convertido en el real boletín oficial del gobierno.
“Durante los próximos meses, la Administración Trump determinará y emitirá los nuevos aranceles legalmente permitidos, que continuarán nuestro extraordinariamente exitoso proceso de hacer a Estados Unidos grande de nuevo, ¡más grandes que nunca antes!”, recalcó en letras mayúsculas.
Esta publicación de Trump, que vuelve a aumentar significativamente un impuesto global sobre las importaciones a Estados Unidos, representa la señal más reciente de que, a pesar del control del alto tribunal por jueces conservadores, el presidente republicano estaba decidido a seguir utilizando de manera impredecible su herramienta favorita para influir en la economía y ejercer presión global.
Los anuncios cambiantes de Trump durante el último año, en los que subía ya veces bajaba los aranceles con poco aviso, sacudieron los mercados y pusieron nerviosos a los países. Su recurso a otra regulación evidencia sin duda de que se aferra a los aranceles, a pesar de que de nuevo se mide en un territorio inexplorado.
Trump recurrió el viernes a la denominada sección 122 de la ley de Comercio de 1974. Esta normativa le permite establecer ese impuesto por un máximo de cinco meses y después requiere de la aprobación del Congreso. Además, los aranceles no pueden ser superiores a ese 15%.
Pero esa sección 122 puede tener otro puesto judicial derivado que nunca se ha puesto en práctica y no está claro cómo los tribunales interpretarán esa autoridad.
La nueva tarifa nace con algunas excepciones: los recursos naturales no disponibles en EE.UU. en la cantidad suficiente para cubrir la demanda interna, así como los vehículos de pasajeros y de carga ligeras y ciertos componentes aeroespaciales.
En su mensaje justifica el incremento al máximo de las tasas porque muchos países estafan a EE.UU.
La resolución del Supremo dejó un interrogante. La sentencia no aclara el reembolso de lo recaudado de forma ilegal. Las arcas de EE.UU. ingresaron 240.000 millones por este concepto, de los que el Departamento del Tesoro parecía que se debían devolver de 120.000 a 174.000 millones.
Ante el vacío, Trump ya amenazó con no reembolsar y que habrá litigio. Y los analistas avisaron a los consumidores de que el fallo no se traduce en una bajada de precios inmediata.
