Tener un amigo optimista es una gran suerte. No solo te ayuda a apreciar el lado positivo de las cosas, sino que, además, a veces incluso tiene razón. Como la tuvo el mío particular sobre el comportamiento del 2025, año en que yo seguía los pronósticos de los economistas, estos supuestos profetas que pintaban un panorama negro de la economía mundial y gris de la española. Ya terminado el ejercicio, reconozcamos que en esta ocasión el amigo optimista tenía razón y que los economistas se equivocaron; o para ser más precisos, fueron rectificando a lo largo del año.
Los aranceles han sido elegidos por la RAE como la palabra del año, pero no han enturbiado de manera significativa el comercio mundial; la amenaza del retorno del proteccionismo no ha hecho descartar, de momento, los intercambios comerciales; y Europa débil crece progresivamente, pero con la inflación bajo control. Mientras, en España todas las previsiones se han ido corrigiendo al alza hasta dejar el aumento del PIB en el entorno del 2,9%. Y, además, una actividad impulsada por el consumo privado y la inversión, dos factores muy apreciados por los economistas.
Cuando el 2 de abril del 2025, el trumpismo invocó el “día de la liberación” con una esperpéntica puesta en escena del anuncio de imposición masiva de aranceles, pareció que las estructuras del libre comercio crujían, pero finalmente la tormenta de las tarifas acabadas en un vaso de agua, en acertado titular de Piergorgio M. Sandri. Como hay una gran diferencia entre las tasas anunciadas y las efectivamente aplicadas, mi amigo optimista comenzó a tener razón, aunque yo, como buen mal perdedor, puedo argumentar que lo que se ha hecho es retrasar el problema, porque, por un lado, juega el efecto de anticipación de compras para hacerlas efectivas antes de la entrada en vigor de los aranceles; y por otro, la fiebre del proteccionismo se está extendiendo.
El PIB crecerá un 2,2% este año gracias al consumo y la inversión, según el Banco de España
Entre unos aranceles menos fieros de lo que pintaban, una energía más barata y un BCE manteniendo bajos los tipos de interés, resulta que Europa no va tan mal, aunque un 1,3% de aumento del PIB en el 2025 no es para tirar cohetes; y que España sigue yendo muy bien en términos de crecimiento económico. Termina el 2025 creciendo cerca del 3%, lo que le supone un fuerte viento a favor para afrontar un 2026 de mar embravecida, pese al cual el Banco de España calcula que crecerá un 2,2%
Si el año pasado año le recordaba a mi amigo positivista las dificultades para cumplir con los objetivos del plan de recuperación, él me replicó que los pagos de Bruselas seguían llegando y que, además, el Gobierno ha conseguido que le aceptarán la adenda para el 2026. Una adenda en la que, suprimiendo leyes y cambiando hitos, evita al máximo pasar por un parlamento que se ha convertido en un purgatorio para el Gobierno, con opciones para convertirse en un auténtico infierno. El optimista irreductible añadía que con la calificación que nos han colocado ya no necesitamos los préstamos del plan de recuperación.
Cuando yo argumento que lo de prescindir del parlamento no es precisamente una fórmula de buen gobierno, él se centra en los resultados obtenidos, con una economía que aparentemente no se resiente de esta anomalía y de la falta de presupuestos, en buena parte gracias a la financiación extra que suponen los Next Generation.
La bolsa terminó el año en máximos
Lo cierto es que, en medio de una polarización política extrema, de la parálisis del parlamento, de la sucesión de los episodios de corrupción, del auge de la extrema derecha, y de la multiplicación de episodios de racismo, a pesar de todo, la nave económica va. Hoy lo atestiguarán previsiblemente los datos de afiliación del cierre del 2025; mientras que los trabajadores van recuperando poder adquisitivo, el aumento salarial de los convenios efectivos en noviembre pasado fue del 3,49%; las pensiones se han revalorizado; el sueldo de los funcionarios aumenta un mínimo del 1,5%, ampliable medio punto más; y la decisión sobre el incremento del SMI es inminente.
No tan positivo es el comportamiento de la inflación que, aunque controlado, sigue resistiéndose a bajar y ha cerrado el año con una media del 2,7%, es decir, prácticamente idéntico al 2024. Unos alimentos que siguen con tasas elevadas, con el agravante que la visita al super castiga especialmente a las clases vulnerables; y unos servicios también disparados por la alta demanda, explican esta resistencia numantina que nos impide terminar de recuperar el poder adquisitivo perdido anteriormente. Una resistencia que seguirá haciéndose notar en el 2026, ralentizando su moderación. Ya no podemos contar con que baje al 2%.
La falta de vivienda seguirá siendo al gran agujero negro
Además, como mi amigo es optimista, pero sin caer en la positividad tóxica, reconoce que la vivienda, con la subida del 13% en el último trimestre del pasado año y una previsión de nuevos aumentos en el 2026 sigue siendo el problema más acuciante, y el gran punto negro que marca la desigualdad en España. Lo demás puede ir bien, pero la falta de vivienda marca a muchos jóvenes y genera una diferencia de oportunidades lacerante. Por tanto, podemos completar la metáfora del barco para añadir que la economía española navegará en el 2026 con el viento a favor en un mar embravecida, y con un boquete en el casco por el que pierde calidad de vida a raudales.
Viento a favor por el impulso del año recién terminado y de un consumo de los hogares que promete seguir impulsando la actividad, aunque sea con una desaceleración progresiva tanto del crecimiento, como del mercado laboral y de la inmigración. En una mar brava por el riesgo de un nuevo golpe a la mesa de Trump, tan impredecible y contradictorio como profeta del nuevo proteccionismo. Su ataque a Venezuela con la captura de Maduro es un salto cualitativo en su lema de que no hay normas que respetar. Y con la grieta de la falta de vivienda que, como parche temporal, se intenta taponar con topes a las subidas de alquileres como las que se están aplicando especialmente en Catalunya, a falta de conseguir aumentar el parque de viviendas, lo que tardará años en producirse. Son las perspectivas que podemos apuntar en el cuaderno de bitácora de nuestro velero bergantín en el inicio de travesía del año.
