La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodriguezse esperaba este miércoles al ofrecer una serie de declaraciones que marcan un cambio significativo en el discurso tradicional del chavismo respecto a Estados Unidos.
En medio de una crisis institucional sin precedentes, tras la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, por parte de fuerzas estadounidenses, Rodríguez optó por un tono inusualmente conciliador en materia comercial y energética, aunque criticó la intervención militar.
Uno de los aspectos más llamativos de sus declaraciones fue la defensa abierta de las relaciones comerciales con Estados Unidos, justo después de una operación militar que dejó “una mancha en nuestras relaciones que nunca había ocurrido en nuestra historia”.
Según Rodríguez, ese vínculo económico no solo persiste, sino que es fundamental para el país:
“No es extraordinario ni irregular que ambos países mantengan acuerdos en materia económica”señaló.
Además, reveló que “el 71 por ciento de las exportaciones venezolanas está concentrada en ocho países, y de ese 71 por ciento, el 27 por ciento el destino es Estados Unidos”.
En momentos en que Washington impone condiciones drásticas, como el cese de relaciones con China, Rusia, Irán y Cuba, la presidenta encargada optó por defender la soberanía venezolana, aunque sin cerrar puertas a los acuerdos exigidos por la administración Trump.
“Venezuela está abierta a relaciones energéticas donde todas las partes sean beneficiadas, donde la cooperación económica esté muy bien determinada en contratos comerciales, esa es nuestra postura”explicó, en una frase que ha sido interpretada como una señal clara de disposición a negociar.
Rodríguez fue más allá:
“Las relaciones económicas de Venezuela están diversificadas en distintos mercados en el mundo, como están diversificadas nuestras relaciones geopolíticas. Y así debe ser, es lo correcto. Venezuela debe tener relaciones con todos los países de este hemisferio, como las debe tener con Asia, con África, con Oriente Próximo, con Europa”.
Estas declaraciones coinciden con la confirmación de PDVSA sobre el inicio de negociaciones para vender entre 30 y 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos, una operación anunciada por Donald Trump días antes.
“La estatal Petróleos de Venezuela confirmó este miércoles que negocia la venta de ‘volumenes’ de crudo”, reseñaron medios oficiales, apuntando lo dicho por Rodríguez.
“Venezuela vive un nuevo momento político”, afirmó al inicio de su intervención.
“Un momento donde tengamos la más alta conciencia de lo que significa la soberanía de Venezuela, nuestra integridad territorial, la independencia nacional, que son virtudes superiores de una República”, añadió.
El mensaje fue pronunciado durante un acto con altos funcionarios del gobierno y diputados de la nueva Asamblea Nacional, en el que Rodríguez trató de equilibrar la denuncia de la intervención militar con la apertura a relaciones comerciales con Estados Unidos, país al que calificó como “una potencia nuclear que agredió a Venezuela”.
“Venezuela no está en guerra”
A pesar de las tensiones, Rodríguez envió un mensaje enfático de distensión.
“Venezuela no está en guerra. Venezuela es un país de paz que fue agredido por una potencia nuclear”aseguró.
Esta frase, repetida en varios segmentos de su alocución, parece haber sido cuidadosamente diseñada para rebajar el tono bélico de otros miembros del oficialismo y proyectar una imagen de estabilidad institucional.
Rodríguez no dejó pasar la oportunidad de responsabilizar a sectores de la oposición por la crisis.
“El ataque del 3 de enero fue impulsado, solicitado, apoyado y respaldado por el extremismo”, dijo.
No obstante, también hizo un inusual llamado a la conciliación: “Llamo a los opositores de Venezuela. Espero que en conjunto y en unión avancemos hacia una dirección, a sanar lo que han sido las consecuencias del extremismo y del fascismo en Venezuela”.
El mensaje interno: Unidad nacional y economía productiva
Rodríguez también se dirigió a los actores internos del chavismo y del aparato productivo nacional. Presentó al nuevo vicepresidente de Economía, Calixto Ortega, e instó a la Asamblea y al sector privado a trabajar por la estabilidad.
“Los sectores productivos privados de Venezuela saben que cuentan con las políticas públicas de este Gobierno para seguir impulsando la diversificación de los mercados y garantizar que la producción nacional cruce nuestra frontera”, afirmó.
Y agregó: “Pido a los diputados trabajar en unión nacional para que Venezuela, en este momento complejo de horas peligrosas, avance hacia un porvenir de desarrollo, de paz y de tranquilidad en soberanía para garantizar el futuro”.
¿Un nuevo rumbo para el chavismo?
El conjunto de estas declaraciones abre interrogantes sobre la estrategia del chavismo tras la caída de Nicolás Maduro.
Mientras algunos sectores esperaban una narrativa de confrontación frontal con Estados Unidos, Rodríguez ha optado por una retórica que combine crítica y pragmatismo, reconocimiento de los hechos y defensa de intereses nacionales.
Aunque subraya que la operación militar fue “una agresión” y “una mancha” en la historia bilateral, normaliza los acuerdos petroleros con Washington y defiende el comercio como una necesidad estratégica, incluso en medio de un vacío de poder y una legitimidad transitoria.
En palabras de la propia presidenta encargada:
“Quienes se han excluido de estas relaciones con Caracas son aquellos que se han prestado para agredir a nuestro país”.
Con este giro, Delcy Rodríguez no solo redefine su papel al frente del Estado, sino que insinúa una posible reconfiguración del chavismo en el escenario internacional, en el que Estados Unidos vuelve a ser un socio comercial relevante, aunque sin vínculos diplomáticos formales desde 2019.
La intervención de Rodríguez deja un mensaje de doble filo: firmeza frente a la agresión, pero apertura al diálogo económico con el agresor. Un equilibrio complejo que, para muchos analistas, refleja más una necesidad de supervivencia política que un verdadero cambio ideológico.
Lo cierto es que las declaraciones de este miércoles han tomado por sorpresa, dentro y fuera de Venezuela, y sientan las bases de un nuevo capítulo -tan incierto como inesperado- en la historia reciente del país sudamericano.
