La presidenta encargada de Venezuela mantiene un discurso de resistencia frente a la potencia que orquestó la captura de su predecesor. Durante su primer discurso oficial ante la nación, declaró que cualquier encuentro futuro con autoridades estadounidenses se realizaría en términos de dignidad venezolana.
«Si algún día me tocase, como presidenta encargada, ir a Washington lo haré de pie, caminando, no arrastrada», expresó la mandataria, invocando la bandera tricolor como símbolo de soberanía nacional. «Venezuela toda está amenazada», añadió, intentando reinterpretar la precaria posición de su gobierno como un desafío colectivo nacional más que como una vulnerabilidad personal.
La declaración resume una contradicción fundamental en el momento político actual de Venezuela: Rodríguez ocupa la presidencia como consecuencia de una intervención militar estadounidense, Sin embargo, fundamenta la legitimidad de su gobierno en términos de resistencia a esa misma intervención.
La anatomía de la presión económica.
Rodríguez atribuyó las limitaciones económicas de Venezuela a lo que caracterizó como una campaña coordinada estadounidense para aislar la industria petrolera nacional. Señaló una orden de diciembre del gobierno de Washington para confiscar buques petroleros sancionados que transitaran aguas venezolanas como evidencia de premeditación anterior a la operación militar del 3 de enero.
«Hay una mancha en nuestras relaciones cuando cruzaron la línea roja, atacaron, agredieron, mataron, invadieron y secuestraron al presidente Maduro y la primera dama. Es una mancha en las relaciones entre los Estados Unidos y Venezuela», expresó Rodríguez, enumerando lo que consideraba sucesivas violaciones de la soberanía venezolana.
Sin embargo, incluso mientras articulaba esta protesta, Rodríguez se preparaba para hacer gestos diplomáticos hacia el mismo gobierno que criticaba. El miércoles sostuvo una conversación telefónica con el presidente donald trump para discutir lo que describió como una «agenda de trabajo bilateral» y «asuntos pendientes» entre ambas naciones.
La paradoja del poder
La contradicción refleja las circunstancias peculiares del ascenso de Rodríguez a la presidencia. No fue elegido. No fue designada mediante proceso democrático alguno. Asumió la presidencia porque Nicolás Maduro fue removido por fuerzas militares extranjeras, y como vicepresidenta, ocupaba el siguiente lugar en la línea de sucesión constitucional, una línea que existe, irónicamente, solo porque el gobierno que ahora encabeza redactó la constitución que la formularon.
El gobierno venezolano justifica su compromiso diplomático con Washington argumentando que tales contactos sirven para «defender la paz de Venezuela» y proteger los intereses de Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes permanecen detenidos en Nueva York. Sin embargo, la lógica es circular: el gobierno está negociando con la potencia que removió a su predecesor del cargo.
La inesperada trayectoria de la oposición.
Mientras Rodríguez navega por las complejidades de gobernar sin legitimidad democrática, la oposición ha experimentado su propio giro de fortuna. María Corina Machado, cuyo movimiento político es ampliamente considerado ganador de las elecciones presidenciales venezolanas de julio de 2024, fue inesperadamente apartada tras la operación militar estadounidense que derrocó a Maduro.
Machado se reunió con Trump en la Casa Blanca y le presentó su medalla del Premio Nobel de la Paz, que recibió el año anterior por su lucha contra lo que el Comité del Nobel caracterizó como el «estado brutal y autoritario» de Maduro.
«En reconocimiento de su compromiso único con nuestra libertad», expresaron a los reporteros, explicando el gesto. No estaba claro si Trump aceptó formalmente el presente.
Los organizadores del premio nobel emitieron un comunicado que capturó la ironía del momento: «Una medalla puede cambiar de dueño, pero el título de laureado con el Premio Nobel de la Paz no puede». La observación se aplica más ampliamente a la situación política actual de Venezuela: los cargos pueden cambiar de manos, pero las preguntas fundamentales sobre legitimidad y soberanía permanecen sin resolver.
Perspectivas futuras
Rodríguez aseveró que su gobierno ha formulado planes para navegar las limitaciones económicas impuestas por las sanciones estadounidenses, aunque proporcionó pocos detalles específicos. La administración persigue simultáneamente la restauración de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, rotas desde 2019, mientras mantiene una postura retórica de resistencia nacional.
