La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha cargado en los últimos meses con un gran peso sobre sus hombros: la crisis de Groenlandia podría desmoronar no solo su reino, sino toda la OTAN. Ha debido afrontar esa crisis inesperada desde una posición política … de desgaste que deseaba subsanar convocando estas elecciones anticipadas, convertidas en un referéndum sobre su gestión de la endiabladamente difícil relación con Trump. Tiene buenas posibilidades de seguir en el puestosegún las encuestas, pero la campaña electoral ha demostrado que hay otros asuntos que preocupan a los groenlandeses más incluso que la amenaza sobre la isla ártica y que van desde la inmigración hasta la fumigación de los cultivos con nitratos.
Uno de cada tres daneses, por ejemplo, quiere que la inmigración desde países no occidentales sea detenida, incluso si afecta a la economía danesasegún encuesta realizada por Gallup para BT. Las chispas saltaron en el último debate, cuando Lars Boje Mathiesen (BP) salió de su estrado y se acercó al actual ministro de Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, y colocó sobre su mesa una foto. Era de la mujer que fue atropellada por un inmigrante que había sido expulsado hacía tiempo de Dinamarca por pertenencia a una banda criminal. Además, condujo bajo los efectos del cannabis a 11 kilómetros por hora en el casco urbano junto al centro de deportación Kærshovedgard, cerca de Bording.
«Cuando hables de proporcionalidad, díselo a Sven, su marido», le dijo. Pelle Dragsted, de Alianza Rojiverde, respondió señalando que «la comadrona que ayudó a mi hija a nacer, Nora, en Rigshospitalet, es a quien estás golpeando con tu retórica». «Si gobernásemos nosotros no habría Kærshovedgard», zanjó Inger Støjberg, la presidenta de los Demócratas Daneses, para quién la política migratoria de Frederiksen, una de las más duras de Europa, no es lo suficientemente restrictiva.
La crisis del orden internacional juega a favor de Frederiksen en estas elecciones. En la noche de este lunes, en su última declaración antes de la votación, recordó que «es importante que las partes danesas puedan cooperar dada la situación mundial». «Siento cuando la gente se mete demasiado en las esquinas», añadió, «lo más difícil de todo es que no sabemos dónde estará el mundo dentro de seis meses o en un año. Creo que he demostrado que Dinamarca es más fuerte hoy que el día que asumí el poder y que los daneses lo creen también así».
Su Partido Socialdemócrata espera pérdidas significativas, pero probablemente seguirá siendo el más votado en torno al 20%. Hasta ahora, Frederiksen ha buscado asociaciones de gobierno con el bando conservador, pero desde dentro de su partido se le está exigiendo ahora un pacto con los otros partidos de izquierdas, que podría ser suficiente para que el «bloque rojo» tuviera su propia mayoría en el Parlamento danés, conocido como el Folketing.
Difícil formación de gobierno
«En lo que respecto al cargo de primer ministro, la carrera entre Troels Lund Poulsen y Mette Frederiksen ya está prácticamente decidida. Poulsen está a kilómetros de convertirse en el nuevo jefe de gobierno. Según las encuestas, su partido liberal Venstre probablemente obtenga apenas alrededor del diez por ciento de los votos», dice Kasper Moller Hansen, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Copenhague sobre su principal competidor.
Frederiksen ha centrado su campaña deliberadamente en cuestiones de izquierda, incluida la introducción de un impuesto sobre la riqueza y la edad de jubilación, que acaba de elevarse a 70 años y que promete no subir más. Pero todas sus promesas dependerán de la formación de gobierno, que se presenta especialmente difícil en un escenario político muy fragmentado. Un electorado de 4,3 millones de votantes elige entre 12 partidos políticos.
Si lo que apuntan las encuestas se confirma, Frederiksen no tendría mayoría con el bloque de izquierdas, ni siquiera recurriendo a los diputados de las Islas Feroe y Groenlandia, los dos territorios autónomos que eligen cuatro mandatos en total. Pero tampoco la tendría con la coalición actual, una fórmula inédita que elegida en 2022 apelando a la difícil situación geopolítica y que se quedaría bastante más lejos de la mayoría, con un retroceso conjunto de las tres fuerzas de unos 15 puntos porcentuales, según los sondeos. Y la situación parece todavía más difícil en el bloque de derecha, que no sólo debe superar unos pronósticos desfavorables, sino también las rencillas internas y la falta de un liderazgo claro.
El líder del Partido Liberal y actual ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, por debajo del 10%, ha evitado rechazar abiertamente la posibilidad de un nuevo gobierno con Frederiksen. El otro posible líder del bloque, Alex Vanopslagh, de la Alianza Liberal, no cuenta con el apoyo de todas las fuerzas y ha confesado en campaña que había consumido cocaína al inicio de su liderazgo en el partido. Se prevén unas negociaciones tan complicadas que 10 de los 14 partidos han cancelado su asistencia al tradicional debate televisado de media noche, tras el recuento de votos, en el que se suelen trazar las líneas fundamentales de la formación de gobierno.
