La crisis que viven los cubanos dentro de la isla ha encendido ahora una alarma internacional. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la situación sanitaria en Cuba es “profundamente preocupante”, en medio de apagones prolongados, falta de combustible y un sistema hospitalario cada vez más limitado.
El director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, alertó que la salud no puede quedar “a merced de la geopolítica, los bloqueos energéticos y los cortes de electricidad”, en referencia a una realidad que miles de familias cubanas enfrentan a diario: hospitales sin condiciones para salvar vidas.
“Los informes muestran que los hospitales cubanos han estado teniendo dificultades para mantener los servicios de urgencias y cuidados intensivos”, escribió el directivo en incógnita.
Además agregó que “los hospitales, clínicas y ambulancias de Cuba son necesarios ahora más que nunca y deben recibir apoyo para que puedan llevar a cabo su labor de salvar vidas”.
En la isla, los apagones ya no son una excepciónsino parte de la rutina. En algunas zonas se extienden hasta las 20 horas diarias, afectando directamente el funcionamiento de hospitales, ambulancias y servicios básicos.
Las consecuencias son devastadoras. Según la OMS, miles de cirugías han tenido que ser pospuestas en las últimas semanas. Pacientes con cáncer, embarazadas y personas en estado enfrentan riesgos críticos adicionales porque los equipos médicos no pueden funcionar de forma estable y la cadena de frío —vital para vacunas y medicamentos— se ve comprometida.
No es un problema aislado. Desde inicios de 2026, la escasez de combustible ha paralizado sectores clave del país. Sin petróleo suficiente, no solo se apagan las luces: también se reduce el transporte, se acumula la basura en las calles y se dificulta incluso llegar a un hospital.
En ese contexto, el sistema de salud —durante décadas presentado como uno de los mayores logros del modelo cubano— ópera hoy al límite. Informes recientes indican que hospitales han tenido que suspender cirugías y trabajar en condiciones comparables a una emergencia permanente.
La advertencia de la OMS pone el foco en el impacto humano de esta crisis. No se trata solo de estadísticas o infraestructura: son vidas en riesgo, tratamientos interrumpidos y familias que enfrentan la incertidumbre de no saber si habrá electricidad cuando más se necesita.
Mientras tanto, el organismo internacional pidió que los servicios de salud en Cuba reciban el apoyo necesario para continuar su labor. En una isla donde cada apagón puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, la crisis ya no es solo económica o energética: es, cada vez más, una emergencia humanitaria.
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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.
