El líder de derecha radical José Antonio Kast asumió este miércoles la Presidencia de Chile dando inicio a un «Gobierno de emergencia» cuya prioridad será «devolverles la libertad a los chilenos».
Esa promesa, hecha en campaña, cobró más sentido cuando horas antes de la ceremonia. … celebrado en el Congreso Nacional, ubicado en el puerto de Valparaíso, un carabinero fue tiroteado por delincuentes en el sur del país, quedando con muerte cerebral.
Cumpliendo con todos los ritos establecidos para la ocasión, el nuevo mandatario inició la jornada tomándose la fotografía oficial con su gabinete, compuesta por 24 ministros, frente a la residencia veraniega de Cerro Castillo. Ahí lamentó el incidente, prometió perseguir a los culpables y aseguró que «quien ataca a un carabinero ataca a Chile».
El traspaso del mando marca el fin de la Administración del progresismo identitario encabezada por Gabriel Boric, quien deja el poder con solo 40 años y queda en inmejorable posición para regresar en 2030, pese a que los sondeos de opinión lo sitúan entre los expresidentes peor evaluados desde el retorno a la democracia con casi un 30% de apoyo y con la tasa de desaprobación más alta de hasta un 80% en estudios.
Un maravilloso día soleado acompañó a los más de 1.100 invitados a la ceremonia entre los que destacaron los presidentes de Argentina, Javier Milei; Ecuador, Daniel Noboa; y de Boliva, Rodrigo Pazasí como el Rey Felipe VI quien viajó acompañado de la secretaría de Estado para Iberoamérica y el Caribe, Susana Sumelzo. En el salón de honor se encontró también el expresidente Eduardo Frei y la viuda de Sebastián Pñera, Cecilia Morel, siendo evidente la ausencia de Michelle Bachelet, quien se disculpó por compromisos en la ONU.
Regreso de tradiciones
No sólo el retorno formal del uso de corbata por parte del presidente marcó el traspaso del mando y el fin del progresismo. También lo es el uso del escudo nacional en la banda presidencial que se colocó Kast y que fue por última vez utilizado por Augusto Pinochet.
También destaca el hecho de que el nuevo gobernante vivirá en La Moneda, algo que no ocurrió desde 1958 cuando abandonó el poder Carlos Ibáñez del Campo. Pese a tener nueve hijos, Kast resolvió usar el palacio presidencial como residencia junto a su esposa María Pía Adriasola, quien reinstalará el cargo de primera dama, suprimido por la expareja de Boric.
La ceremonia se desarrolló con normalidad pese a que la semana anterior las relaciones entre los equipos de Boric y Kast se quebraron después de que este último acusara que no estaban recibiendo información confiable en el traspaso de las carteras.
Por lo mismo, junto con presentar a partir de mañana su Plan Desafío 90 días con las primeras medidas en seguridad, migración y economíase pondrá en marcha un equipo especial que hará una auditoría general a los ministerios para saber su estado real y la posibilidad de hacer un recorte del 3% de su presupuesto como ya ordenó Kast.
El nuevo presidente deberá maniobrar en aguas turbulentas considerando la tensa relación que deja Boric con Estados Unidos por la construcción de un cable submarino chino o el traspié con el presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva, quien abortó a último minuto asistir al cambio de mando al enterarse de la presencia del senador Flavio Bolsonaro.
Una de las primeras pruebas de fuego del nuevo gobierno se relaciona con el proyecto de ley que postula la conmutación de penas a presos mayores de 70 años enfermos lo que permitiría la salida de condenados por delitos de lesa humanidad, violaciones, homicidios o sicariato. Esto se contrapone con el discurso de mano dura en el combate a la delincuencia, pero también acoge un sentimiento profundo de la derecha radical respecto a los exmilitares.
La jornada concluyó tarde noche como el primer discurso de Kast como presidente desde los balcones de La Moneda.
