Al mediodía de este sábado, todo Mineápolis ha visto ya los vídeos. En ellos se observa a un vecino que trata de ayudar a una mujer en medio de un operativo de agentes federalesuno más en las operaciones masivas contra inmigrantes indocumentados ordenadas … por Donald Trump, que tienen en vilo a la principal ciudad de Minnesota. Acaba en un forcejeo, con el hombre apresado por media docena de agentes. Forcejean, le golpearán. Suena un disparo, luego varios más. El vecino se llamaba Alex Pretti, murió poco después. Es el segundo vecino que pierde la vida este mes de una manera que parece innecesaria.
Al mediodía, todo Mineápolis ha escuchado la versión de la Administración Trump. Era un hombre armado que había intentado «hacer el máximo daño posible», «masacrar» agentes… No es lo que se ve en los vídeos, por mucho que el Gobierno federal quiera acomodar lo que ocurrió a su narrativa. Eso exacerba todavía más los ánimos.
Todavía es mediodía y sigue suspendido el olor a gas pimienta en la esquina de la avenida Nicollet con la calle 26, a un paso de donde murió Pretti. Hasta allá habían ido cientos de personas en cuanto se supo la noticia, en una ciudad en tensión desde diciembre, sacudida por las redadas constantes, los episodios de violencia, las protestas, la amenaza de despliegue militar por parte de Trump… Hubo enfrentamientos con la policía, arrestos, material antidisturbios, insultos, carreras, rabia desbordada. Quizás un anticipo de lo que está por venir.
«Estoy cabreado con estos asesinos que están aterrorizando a nuestras comunidades, tienen que largarse de Minnesota de inmediato. Esto no debería pasar en América», dice un joven que no quiere decir su nombre. Lleva una caja donde ha recogido los botes de gas pimienta lanzados antes por los agentes.
«El Gobierno federal mente sobre lo que está ocurriendo, hay que salir y contar la verdad. La gente lo puede ver en los vídeos con sus propios ojos.», dice sobre las imágenes que han dado la vuelta al mundo. «Se creen que somos estúpidos».
«Esto es culpa de Trump y de su ICE (las siglas de la policía de inmigración y aduanas) que es como la Gestapo, como la Alemania nazi. Es culpa de Trump y de todos los que le votaron, vergüenza les tendría que dar, esto es lo que han logrado».
A pocos pasos de allí, el rojo carmesí de la sangre de Pretti todavía se ve en la calzada congelada. Dos balazos en la luna del escaparate frente al lugar de su muerte Recuerdan que, en el caos, hubo varios tiros de los agentes. Poco a poco, los vecinos empiezan a convertir el lugar en un memorial. Depositan flores, mensajes, pintadas con su nombre. Un círculo de gentío lo rodea. Entonan himnos, tocan tambores tribales, encienden velas.
«Es horrible, ejecutaron a alguien ahí mismo»
«Estoy consternado, pero no sorprendido», dice Joe, con una bandera nacional de luto, en blanco y negro. «Tenía asumido que la violencia iba a crecer. Pero me quedó paralizado tras ver el vídeo. Es horrible, ejecutaron a alguien ahí mismo», añade apuntando con la cabeza al memorial.
A pocos metros del memorial, en la intersección de las calles, el ambiente es más agitado. Los manifestantes han montado barricadas, las han pintado con insultos a ICE y Trump, los mismos que se ven en las pancartas de las protestas desde hace semanas. Frente a los rezos y los himnos junto a la sangre derramada, aquí hay discursos apasionados, llamamientos a no rendirse, a responder, a plantar cara. Se cuelan los mensajes revolucionarios entre los llamamientos a la unidad. «¡Hay que ir a la guerra contra ICE!», grita uno. «Minnesota es ‘nice’ (simpática, el estereotipo del estado) hasta que empiezan a matarnos». El luto y la ira. Las velas y los insultos. Las oraciones y el ánimo de venganza.
Se va el sol y el frío no apaga los ánimos. Los 20 grados bajo cero no mandan a nadie a casa. Los voluntarios reparten café, sopa, calentadores. Los pocos negocios que han quedado abiertos en el bloque sirven de refugio. Desde uno de ellos, Glam Doll Donuts, es donde se grabó el primer vídeo que circuló de la muerte de Pretti. Ahora está lleno de manifestantes que tratan de calentar sus huesos. Igual que en B Resale, una tienda de ropa de segunda mano, se ofrece baño, comida, botellas de agua y ánimo a los manifestantes.
«He preferido no mirar el vídeo», cuenta su dueña, Alison Bross, que lamenta que en Mineápolis «nadie está segura, somos víctimas de una ocupación». Ella es una de las que no descarta una reacción violenta a lo sucedido. «Es el tercer tiroteo en lo que va de mes», recuerda, en referencia a la muerte de otra vecina Renee Nicole Good, cerca de aquí, un episodio que ya elevó la tensión de forma insoportable, y otro incidente en el que un inmigrante venezolano resultó herido. «Ahora ya necesitamos una reacción mayor, está claro que no hemos respondido con voz alta», dice. A pesar de que en la víspera, decenas de millas de personas salieron a la calle a marchar contra la presencia abrumadora de agentes federales.
«La gente está muy cabreada con estos abusos», dice de vuelta en la calle Danielle Chaffey, que lleva un cartel que reza ‘Ey, ICE, deja de matar a mis vecinos’. «Todos esperamos que algún día les llegue el segundo juicio de Nuremberg», dice sobre Trump y sus altos cargos.
«Vamos a mostrar que todo el mundo está dispuesto a luchar», responde cuando se le pregunta si esto podría desencadenar una cadena de violencia. «Queremos ser pacíficos, pero si nos obligan…»
Cae la noche y el barrio se llena de vigilias. En el lugar de la muerte, delante de la casa de Pretti, en un parque cercano… También se encienden hogueras, donde la gente se reúne y se calienta en silencio. Se respira preocupación, ansiedad, cansancio. Mineápolis lleva semanas en el foco, sacudida por estas tensiones.
Muchos prefieren que el fuego, el de la violencia, no vaya a mayores. «Espero de verdad que las protestas signifiquen siendo pacíficas», dice Chris Gegax. «Esto es un polvorín. Hay mucho riesgo de que se dispare la violencia, la Administración Trump está provocando una reacción», asegura. «Las cosas se van a poner mucho más oscuras en este país antes de que todo mejore».
