Un joven residente en Miami vivió un auténtico calvario al viajar a Cuba para garantizar la atención médica de su abuela, en un episodio que expone con crudeza el deterioro del sistema de salud en la Isla y las condiciones extremas en las que pacientes y familiares deben sobrevivir.
Según un reportaje de Telemundo 51Luis Ernesto -quien estudió medicina nuclear en Cuba- recibió una llamada que cambió todo, la de su madre comunicándole que había que operar a la abuela. Inmediatamente cogió un avión, llevando consigo insumos médicos indispensables que sabía que no encontraría en su país.
Al llegar al Hospital Clínico Quirúrgico Arnaldo Milián Castro, en Santa Clara, donde hace 11 años hizo sus prácticas profesionales, confirmó que la situación era aún más alarmante de lo que pensaba: un entorno insalubre, con condiciones que ponían en riesgo inmediato a los pacientes.
“No había nada. El orine, porque tenía desagüe, orine por todos lados, deteriorado, oxidado”, detalló.
Ante ese panorama, y temiendo que su abuela contrajera una infección mortal, tomó decisiones extremas. De su dinero pagó 100 dólares a presos para que limpiaran la sala, ya que, según explicó, el mantenimiento de la institución recae incluso en reclusos.
Pero los momentos más críticos llegan con los apagones, que amenazan directamente la vida de los enfermos. Luis Ernesto fue testigo de las muertes de varios pacientes durante cortes eléctricos, incluido un joven de 21 años que falleció por una infección luego de varias horas sin luz.
En ese entorno, decidió involucrarse directamente. Se vistió de enfermero y empezó a trabajar junto al médico personal, haciendo lo posible por sostener la atención de su abuela en un sistema totalmente sobrepasado.
También intentó llevar algo de alivio emocional: compró alimentos, repartió yogur a los pacientes y dulces a niños ingresados, buscando ofrecer un respiro humano en medio de la crisis.
Finalmente, la operación de la abuelita fue un éxito. Ante la falta de transporte dentro del sistema hospitalario, él mismo la cargó en brazos para trasladarla y logró llevarla a otro centro.
Ya de regreso en Miami, recibió la noticia que esperaba: a la anciana le dieron el alta.
Luis Ernesto está consciente de que tras denunciar públicamente lo vivido el régimen castrista puede prohibirle la entrada al país. Pero a pesar de ello, decidió afrontar las posibles consecuencias.
Su historia no solo refleja un caso individual, sino una realidad mucho más amplia: un sistema sanitario profundamente deteriorado, sin medicamentos, sin condiciones higiénicas adecuadas, con infraestructura en ruinas y personal desbordado.
En ese contexto, la supervivencia muchas veces depende más del esfuerzo de las familias que de un Estado que debería garantizar su protección.
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Este artículo ha sido generado o editado con la ayuda de inteligencia artificial. Ha sido revisado por un editor antes de su publicación.
