La banalización del mal es un concepto de la filósofa Hannah Arendt, quien describe cómo el mal puede ser perpetrado por personas comunes que actúan de forma burocrática, y sin reflexionar sobre las consecuencias morales de sus acciones, simplemente siguiendo órdenes.
Arendt desarrolló esta idea tras observar el juicio de Adolf Eichmann, un nazi que, a pesar de su participación en el Holocausto, se presentaba como un hombre corriente que cumplía su trabajo.
Origen del concepto. La frase surgió durante el juicio de Adolf Eichmann, un importante funcionario nazi, a quien Arendt describió como un “burócrata” que actuaba el genocidio de manera eficiente, pero sin un fanatismo ideológico explícito.
La falta de reflexion. El mal no surge de un monstruo, sino de la falta de pensamiento crítico y la incapacidad de juzgar por uno mismo. Las personas pueden convertirse en “engranajes” de un sistema, realizando actos atroces porque cumplen órdenes sin cuestionarlas.
La obediencia y la conformidad. La presión social, la obediencia ciega a la autoridad y la conformidad pueden llevar a individuos “normales” a participar en atrocidades sin una reflexión moral profunda.
La banalización en la actualidad. El concepto se utiliza hoy en día para explicar cómo ciertas ideas o retóricas extremas pueden normalizarse en la sociedad, incluso a través de los medios de comunicación y las redes sociales, contribuyendo a la trivialización del odio y la intolerancia.
El papel de la sociedad. Arendt también señaló que la responsabilidad individual puede disolverse en estructuras burocráticas complejas, donde cada persona solo se ve a sí misma como una pieza en un sistema más grande.
El tema es actual en Ecuador y en algunos países de América Latina donde se han instalado la violencia, bajo diversas estrategias.como recurso para lograr finos perversos: la acumulación ilícita de capitales, la corrupción de la justicia, la lucha no declarada entre mafias, el asesinato de líderes políticos, y lo más grave: la pérdida progresiva de confianza en el sistema democrático.
La banalización del mal va de la mano de la inopia de las autoridades y provoca la incertidumbre generalizadacaldo de cultivo de una cultura del miedo y la anomia -que se caracteriza por la debilidad del Estado de derecho, en el contexto de la indiferencia ciudadana– que carcomen los valores de la sociedad.
Es hora de bajar las retóricas extremas, la trivialización del odio y la intolerancia, en todos los espacios y, sobre todo, en las redes sociales, donde se exacerban los bajos instintos y se hipotecan las razones. ¡Y que el bien se banalice!
