María Corina Machado pasó 16 meses oculta en su país, perseguida, hostigada, el enemigo público número uno del chavismo. Salió de Venezuela en condiciones más duras de lo que se ha contado, recibió el Nobel de la Paz en nombre del pueblo venezolano … y mantuvo encuentros al alcance de muy, muy pocos: una conversación íntima con el Papa y una reunión con el presidente de Estados Unidos. Ahora narra a ABC esa travesía, desde lo personal, como una prueba física y espiritual que transformó en aprendizaje.
—¿Cómo es vivir en la clandestinidad?
—Es un reto duro, es un reto físico, es un reto intelectual y sobre todo es un reto espiritual, pero al final tú decides si lo conviertes en un suplicio o en un aprendizaje. Y yo opté por lo segundo.
—Usted tiene una fe muy fuerte. ¿Cómo le ayudará en ese período?
—Mucho. Mucho. Y no solamente en este período. Los últimos momentos que he vivido son puestas a prueba, ¿no? De que tú dices, «puedo aguantar esto que viene, ¿cuánto más?». Y al final yo me encontraba todo el día rezando y pidiéndole a Dios que me diera luz, fuerza, serenidad. Es muy difícil en una circunstancia de tanta urgencia ética, pero poder entender que hay dinámicas que llevan sus tiempos y que hay que saber aprovecharlos para construir. Eso es lo que todos los días me preguntaba: ¿cómo aprovecho esta circunstancia? Y cómo puedo también acelerar esta dinámica, pero he ido de la mano de Dios, convencida de que esto es una lucha espiritual y por eso sabemos que la vamos a ganar.
—¿Se lo trasladó al Papa esto cuando se vio? ¿Cómo es el Papa en las distancias cortas?
—Esto y muchas otras cosas. A mí me impactó. Era conocedor de la situación, mucho, mucho, sin duda. Eso también me quedó muy claro. Pero sabes qué, me sentí tan tranquila. Yo sentí que estaba hablando con un padre que quiero muchísimo, José Luis, con quien había hablado todas las semanas, y yo dije, «es como si estuviera hablando con el padre José Luis». O sea, le hablé con el corazón abierto nuevamente pensando en todos los venezolanos que quisieran tener esa oportunidad de transmitirle al Santo Padre lo que estamos sintiendo y lo que necesitamos de la Iglesia hoy.
—Para los que hemos tratado a Trump más de cerca, siempre sabemos que es distinto a como aparece en los vídeos y en las imágenes. ¿Cómo es en las distancias cortas?
—Tienes razón, es diferente. Yo pensaba que iba a ser una persona quizás más distante, que iba a tener menos oportunidad de hablar. Me preguntaba muchísimas cosas, chistoso, eh, pero al mismo tiempo muy informado, informadísimo, sabía mucho, sumamente respetuoso. Tienes razón, me lo imaginaba distinto.
—¿Fue tan dura, como se ha dicho, la salida de Venezuela?
—Fue difícil, ¿no? Fue más dura de lo que se ha dicho, pero lo volvería a hacer mil veces por estar aquí, por estar con cada uno de mis niños, que tengo millones, por haber podido ser la voz de los venezolanos y por lo que me falta por hacer antes de regresar, porque quiero regresar lo antes posible.
—¿Cómo es ver este movimiento de protestas incipientes, que parece que es como cuando cayó la URSS o cuando caían aquellas repúblicas soviéticas? ¿Hay mucha añoranza por estar allí?
—Sí, pero yo estoy allí. Yo estoy allí. Yo estoy allí en alma, en espíritu, en cada uno de mis compañeros, de estos muchachos que quiero con toda mi alma, que los admiro tanto. Porque esto tiene las dos cosas, esto tiene espontaneidad, pero también organización. Hemos aprendido mucho y no hemos dejado de trabajar un solo instante. A veces la gente de mi propio equipo se ríe porque dicen: «Preocúpense cuando ella está callada porque es cuando más estamos trabajando». Sí es así. A mí no me sorprende lo que está pasando en Venezuela. Es producto de una sociedad que ha sido muy golpeada. Que hemos caído, que hemos cometido errores y que nos hemos levantado cada vez con más fuerza y con más convicción. Al final esta es una lucha por la dignidad humana, que es sagrada, y es una lucha por nuestra familia, por nuestros hijos y desde luego por la libertad, y no hay ninguna lucha que sea más trascendente y que le dé más sentido a tu vida. Por eso hay gente que nos decía, «Bueno, pero es que ustedes están hablando de valores abstractos». Entonces, ¿qué es más tangible que la libertad? No me vengan con ese cuento de que la libertad es intangible. La libertad se siente en cada fibra de tu vida, de tu cuerpo, en cada instante de tu vida.
«(El Nobel de la Paz) Se lo hemos presentado al presidente de los Estados Unidos que creemos que se lo merece»
—Y por último, ¿cómo es que te llamen y te digan que has ganado el Nobel de la Paz?
—Bueno, lo único que yo te puedo decir es que cuatro meses, cinco meses después todavía no te lo crees. Yo me siento muy agradecida y muy orgullosa. Es un reconocimiento al pueblo de Venezuela. Yo lo fui a recibir en nombre del pueblo de Venezuela. Se lo hemos presentado al presidente de los Estados Unidos que creemos que se lo merece, y nuevamente estará de regreso celebrándolo con el pueblo de Venezuela, que hasta ahora no lo hemos podido celebrar, como tampoco hemos podido celebrar la salida de Maduro, eso es muy importante, pero esa celebración viene.