Lapatilla
Hace apenas cinco meses, José Luis Rodríguez Zapatero abandonó Caracas frustrado y en silencio. Aquel viaje, realizado en secreto el pasado 30 de agosto, tenía como objetivo negociar con el régimen de Nicolás Maduro la liberación de varios presos políticos. La misión fracasó y el expresidente español regresó a Madrid con las manos vacías. El viaje nunca se hizo público y se sumó a una larga sucesión de intentos discretos de mediación que no siempre han dado el resultado esperado.
Por María Martín / elpais.com
Esta vez ha sido distinta. Zapatero regresó de forma oficial. Aterrizó la madrugada del pasado viernes en Caracas para sumarse a los diálogos con los que el chavismo y algunos sectores de la sociedad venezolana intentan dar salida a años de convulsión política y represión. “Este es uno de los momentos más interesantes del país. Está empezando a cambiar, la gente tiene otra mentalidad”, ha comentado Zapatero a su entorno tras el viaje. “Será un proceso largo”, advirtió. “Escuchar y reconocer son actitudes esenciales”, dijo a sus interlocutores.
Ese papel discreto empieza a dejar de serlo.
La esperanza y el escepticismo conviven de nuevo en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Su sucesora, Delcy Rodríguez, ha puesto en marcha una nueva etapa después de 27 años de mano dura. Su alcance es incierto, pero este domingo, por ejemplo, se producirán varias excarcelaciones muy simbólicas que incluyeron a los principales colaboradores de María Corina Machado. Y no solo fueron excarcelados, sino que salieron a las calles a clamar por la liberación de todos, por la libertad de Venezuela. Un escenario impensable hace solo un mes y medio.
Para varios actores políticos y sociales, el cambio sigue siendo más aparente que real. Persisten las sospechas sobre si se trata de una maniobra para ganar tiempo, de un gesto condicionado por la presión de Estados Unidos o de un simple lavado de cara del poder.


Las dudas sobre si este momento llevarán a una verdadera transición democrática no son nuevas y se repiten cada vez que el chavismo habla de diálogo o de transición. Ahora, en cambio, el contexto es otro. Maduro no está y no parece que vaya a volver. Más allá de las vallas publicitarias que denuncian su secuestro en Caracas, su desaparición no se vive con especial nostalgia. Al contrario. Estados Unidos, añaden quienes siguen cerca de esta nueva etapa, está imponiendo una agenda muy marcada en el terreno petrolero y económico, pero no necesariamente en otros ámbitos. Hay quienes sustentan la tesis de que la Delcy Rodríguez que gobernaba bajo el liderazgo de Maduro –al que había que decirle a todo que sí— no es la misma que ejerce ahora el poder. El nuevo escenario, aseguran, abre nuevos márgenes.
Es una tesis similar a la que sostiene Zapatero, que lleva más de diez años mediando con el chavismo. “Tengo una gran confianza en Delcy Rodríguez. La conozco mucho”, dijo a los periodistas tras admitir que mantienen conversaciones casi diarias. “En un plazo récord se está produciendo una nueva manera de respirar en Venezuela”, defendió.
