Es la hora de los líderes mesiánicos que se creen dotados de una misión o señalados por el destino para salvar al mundo. La trascendencia de la misión autoriza la eliminación de los obstáculos que salen al paso, se creen por encima de las instituciones y las leyes. Están en todas partes; las democracias se vuelven autoritarias.
No fingen ser tiranos, solo exigen que la legislaciónla justicia y la prensa están a la altura de su misión. No tienen un proyecto definido, van construyendo en el camino; lo que dicen y lo que hacen saturan los medios de comunicacion y el relato oficial se impone sobre la verdad objetiva.
La saga politica del presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, es la construcción de un Goliat a partir de un David. No parecía un retador en las elecciones y terminó derrotando a todos; necesita parecer a la Revolución Ciudadana para sobrevivir y ha terminado apartándola del camino. Cuando dijo que era mal enemigo, se tomó como mero alarde y los que se referían a él como el muchachoahora están asustados.
Ya da para un libro el relato de sus hazañasconquistas, caprichos y victoriassin que nadie pudiera plantarse como contradictorio. Todos han ido doblegándose a su paso porque ha hecho lo que todos soñaron y no pudieron. Maneja la legislaciónla justicia y los órganos de control.
La multitudfascinada siempre por los triunfadores, ha pasado de la dinámico de los bandos contendientes a la dinámico de los arbitrarios contra los complacientes. La era del diálogo ha sido reemplazada por la político de la imposición y la sumisión. Soluciones no hay porque los nuevos líderes tienen pasión, pero desconocen la compasión.
Nuestra guerra contra el narcotráfico es ahora internacional con el escudo de las americas pactado por una docena de países, pero en ausencia de los tres principales, México, Brasil y Colombia, que representan la mitad de la región. Sin recursos, sin detalles, pecado compromisos y sin los actores claves, no parece que el proyecto tenga futuro.
