La sociedad contemporánea ofrece muchas oportunidades para fortalecer la salud y también para enfermarse. Una noticia positiva es conocer que la esperanza de vida promedio mundial en 2025 se estimó en aproximadamente 73,4 años, con variaciones significativas entre los países. El control de las enfermedades, los avances de las ciencias y las políticas de salud planetarias incidieron en estos valores.
Pero también existen enfermedades asociadas a la pobreza, las desigualdades sociales y económicas, y las enfermedades “voluntarias” -tabaquismo, alcohol, drogas, automedicación, televisión, Internet, videojuegos- y otras adicciones derivadas de la soledad, el miedo y el abandono.
Frente a estas realidades se plantea una estrategia incómoda para algunas personas: no dejarse llevar por la avalancha de mensajes que recibimos a diario en las redes sociales, en los que nos ofrecen la felicidad en cinco pasos o la riqueza de un plumazo; al contrario, hacer una pausa y reconstruir individualmente o en pareja un proyecto de vida, integrado a vicios nobles, que pueden restaurar la verdadera salud mental y emocional, alejados del tumulto, el ruido, la culpa y la desesperanza.
¿Cuáles son los vicios nobles? En principio parece un contrasentido, porque los vicios, desde el punto semántico, significan algo pernicioso, negativo y cruel, en ocasiones. Nos referimos a aquellos que nos ofrecen oportunidades para sentirnos bien y mejor. Y no se trata de recetas, sino de buscar espacios y secuencias que nos lleven a situarnos en el mundo, e intentar recuperar el sentido de vivir. ¡La felicidad no está en las boticas!
Un vicio noble está provisto de algo inimaginable.: que somos personas que sí valemos algo, cuando nos proponemos; que no nos hemos desligado de las cadenas del pasado por cobardía o por otra causa; y que la espera ha sido a veces asfixiante, cuando, de veras, las respuestas han estado “flotando” dentro de nosotros mismos.
La primera idea es, por lo tanto, fuerte: no esperar nada de nadie. Dios no hace milagros si la gente no hace algo por sí mismo, o está en espera de soluciones desde fuera, sin atacar las causas de los problemas. Por eso, quien tiene a Dios en su interior -si es creyente- tiene una fortaleza descomunal. Y si no es creyente, la paz interior funciona con meditación y silencio. Y perdonar. ¡Primero hay que perdonarse a sí mismos!
En ese contexto de encuentro o de reencuentro, caben algunas alternativas. Un ejemplo de vicio noble: caminar en la naturaleza. El camino se hace al andar. Respirar aire puro. Pensar en nada y encontrarme como dueño o dueña del universo. Esta rutina ayuda a vincularnos con el ser íntimo.con la esencia. ¡¡La naturaleza es sabia!
Otros vicios nobles hijo escuchar música de relajación -no musica-ruido-; leer un libro, un párrafo o un texto diferente que nos lleven a dimensiones originales y creativas. Y, si le gusta escribir, tome un lápiz y garabatee una línea o un dibujo…de sí mismo. ¡La idea es reencontrarse…a los tiempos! Verso en el espejo y aceptarse (cuidado asustarse). También ayuda a ver una película. -la que más le impactó en la vida, y disfrutar de ese encanto, mejor si es en pareja, con un buen café o un chocolate.
Buscar vicios nobles es una tarea interesante para sacar la basura que llevamos dentro, y reemplazarlo con alegría, ternura y optimismo. ¡Porque no mejor todavía no ha llegado!
