En días recientes han proliferado análisis sobre el funcionamiento del Puerto de San Juan, presentados con prosa cuidada y notable seguridad por voces ajenas al quehacer náutico. Son aportaciones que merecen atención, pero que parten, en su mayoría, de una mirada administrativa más que de la experiencia operativa directa. Entre sus planteamientos más reiterados aparece la idea de que la seguridad portuaria puede sostenerse reduciendo capacidades técnicas y confiando casi exclusivamente en la coordinación humana. La tesis resulta atractiva en el papel; en la práctica, es insuficiente.
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