“La mano de Dios sigue sobre nosotros, Jamenei sigue siendo nuestro líder”, coreaban las multitudes en Teherán cuando se anunció el nombre del nuevo líder supremo de Irán. Con la economía mundial paralizada, el ascenso de Mojtaba Jamenei ha sido presentado como una señal de continuidad tranquilizadora dentro de un país decidido a mostrarse desafiante ante Occidente.
Pero lo cierto es que el nombramiento introduce un elemento nuevo, impredecible y hasta misterioso, en la crisis del Oriente Medio. Además de desconocido para Washington, se trata de una figura profundamente enigmática para los iraníes de a pie. Todo un contraste respecto al primer líder supremo, Ruhollah Jomeini, que llevó la revolución a Irán en 1979; y al padre de Mojtaba, Alí Jamenei, que ocupó la presidencia durante ocho años antes de que la Asamblea de Expertos lo eligiera para sustituir a Jomeini, al día siguiente de su muerte.
Según un cable del servicio diplomático de EEUU fechado en 2007, Mojtaba vivía la vida de un burócrata entre bastidores, haciendo de “vía de acceso a su padre”. Solo hay un vídeo de una intervención pública suya en una clase de jurisprudencia. Tampoco ha habido ninguna entrevista significativa en la que hayamos expuesto sus opiniones.
Su elección demuestra que Irán está redoblando los esfuerzos en materia de seguridad, el nuevo líder estará aún más en deuda con la Guardia Revolucionaria.
diplomático occidental
Mojtaba era desde hace tiempo el candidato favorito de la Guardia Revolucionaria Islámica, corazón del complejo industrial-militar de Irán, por el conocimiento que tiene de los entresijos del poder tras dos décadas como subjefe de gabinete en la oficina del líder supremo.
¿Lucha de poder?
Según un diplomático occidental, su elección “demuestra que Irán está redoblando los esfuerzos en materia de seguridad, el nuevo líder estará aún más en deuda con la Guardia Revolucionaria”. Eso se debe a los muchos obstáculos que ha tenido que superar la Guardia Revolucionaria para asegurarse de que su candidato se hacía con el poder, rechazando un intento de retrasar el nombramiento para elegir al nuevo líder en un ambiente político diferente, probablemente al final de la guerra.
Las pruebas de esa lucha por el poder son incompletas, pero el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Ali Larijani, parece haber alertado del riesgo que suponía elegir a un líder sin experiencia en plena guerra. Miembros de la oficina del líder supremo, como Alí Asghar Hejazi, también se oponían al ascenso de Mojtaba, pero murieron en bombardeos israelíes.
La Guardia Revolucionaria también tuvo que superar cuestionamientos sobre su salud, sobre el principio hereditario, sobre sus cualificaciones religiosas y sobre la viabilidad de organizar una Asamblea de Expertos con los letales aviones israelíes de combate sobrevolando la zona.
La principal incógnita tenía que ver con la salud física y emocional de Mojtaba. En el bombardeo del 28 de febrero contra el complejo residencial del líder supremo también murieron su madre, su esposa y un hijo; además de una de sus hermanas y su marido, una sobrina y un sobrino. Asumir un alto cargo no puede ser fácil en tiempos de guerra y tras sufrir una pérdida personal tan grande. Se dice que se mostró reacción a aceptarlo, aunque tal vez solo fuera de una actuación.
Los clérigos también tuvieron que tragarse sus dudas en torno a los conocimientos religiosos de Mojtaba, que hasta 2022 ostentaba el rango inferior de Hojjat al Islam. Para subsanar la “brecha de cualificación”, la Asamblea de Expertos (de 88 miembros) aceleró la tramitación de sus credenciales –bajo una intensa presión de la Guardia Revolucionaria–, lo que permitió utilizar el título de “ayatolá” a varios medios de comunicación del seminario. Algo similar había ocurrido en 1989, con el nombramiento de su padre como líder supremo.
El mayor obstáculo era su relación de hijo con el líder supremo en una república nacida en oposición al régimen dinástico del sha y de las familias dominantes de los países del Golfo. En opinión de Jomeini, la monarquía era “abominable para el islam”, una idea de la que el propio Jamenei se hizo eco, describiendo al principio hereditario como antislámico. Para invalidar estas dudas y objeciones al poder hereditario, ampliamente compartidas por la sociedad iraní, hizo falta elaborar complejos argumentos teológicos.
Lo que todavía quedaba sin resolver era cómo podía la Asamblea de Expertos reunirse de forma segura para llegar a un consenso. El riesgo quedó en evidencia la semana pasada, con la muerte de varios miembros del personal por el atentado con bomba en las oficinas de la secretaría de la Asamblea de Expertos, en la localidad de Qom.
Ali Jamenei otorgó a la Guardia Revolucionaria un control de la economía iraní casi monopolístico en todos los sectores
Maryam Alemzadeh
— Profesora de Historia y Política de Irán
Las normas que rigen la Asamblea estuvieron en debate para determinar si era o no necesario que los clérigos que la integran se reunieran en persona para alcanzar un consenso. Hasta ese momento, la elección del líder supremo requería mayoría absoluta y un quórum de dos tercios. El expresidente centrista Hasán Rohani fue uno de los que hablaban de la necesidad de retrasar la elección, así como de una revisión política fundamental cuando terminara la guerra.
Pero tanto los medios controlados por la Guardia Revolucionaria como los clérigos de línea dura insistieron en la necesidad de llenar el vacío político. Un liderazgo temporal no puede gobernar de manera indefinida, decían. También empujó en esa dirección la insistencia del presidente Donald Trump en participar personalmente en el proceso de elección, forzando a Irán a demostrar que toma decisiones soberanas sobre su liderazgo.
¿Qué hará para mantener el régimen?
La pregunta ahora es qué hará Mojtaba Jamenei al frente de Irán y cómo será su relación con otros centros de poder dentro del país. Su padre hizo que el líder supremo pasara de una supervisora laboral del gobierno a una de motor del Gobierno, aunque no solía tomar partido en las luchas entre facciones y se aseguraba de que la culpa recaía sobre otras partes del sistema cuando las cosas salían mal.
Según Maryam Alemzadeh, profesora de Historia y Política de Irán en el St Antony’s College de Oxford, Alí Jamenei también otorgó a la Guardia Revolucionaria “un control de la economía iraní casi monopolístico en todos los sectores”, lo que les permitió financiar sus actividades extraterritoriales.
El hilo ideológico constante del anciano Jamenei era su interpretación de Estados Unidos como una nación poco confiable, corrupta en su moral y explotadora. Por tanto, para el régimen de su hijo no va a ser posible una cooperación económica con Estados Unidos como la que Trump exige a Venezuela. Antes de cooperar con Washington, seguirá recurriendo a China y Rusia para evitar el derrumbe del régimen.
Excesivamente humilde en las interacciones personales; nuestro joven líder, antes de haber llegado, ya ha humillado a Trump
Ezzatollah Zarghami
— Ministro de Cultura iraní
Por encima de todo, hará lo posible para salvar el imperio empresarial y político de la Guardia Revolucionaria Islámica, uno de los mayores legados de su padre. Él mismo se ha beneficiado económicamente de ese imperio, que está siendo objeto de un ataque sistemático por parte de Estados Unidos en estos momentos.
Entre sus primeras decisiones clave figura renovar, o no, la fetua (decreto religioso) de su padre contra la posesión de armas nucleares. También será importante si se establecen condiciones realistas para abrir negociaciones con Estados Unidos o con los vecinos árabes del Golfo.
Pero los conservadores están encantados. “Es partidario del diálogo y de escuchar las opiniones de los demás”, dice el exministro de Cultura Ezzatollah Zarghami, uno de los pocos que afirma haber mantenido reuniones semanales a solas con Mojtaba. “Excesivamente humilde en las interacciones personales; nuestro joven líder, antes de haber llegado, ya ha humillado a Trump”.
Traducción de Francisco de Zárate.
