El Partido de los Trabajadores que gobierna Corea del Norte ha celebrado este mes su congreso. Un encuentro de varios días en el que se escucharon los previsibles alardes sobre el imparable desarrollo nuclear del país y la inesperada sugerencia de Kim Jong-un sobre la posibilidad de que su país y Estados Unidos “puedan llevarse bien”, siempre y cuando Washington reconozca a Piongyang como potencia nuclear legítima.
Muchos analistas vieron en el congreso quinquenal una oportunidad única para conjeturar sobre la identidad de la persona que dirigirá el país después de Kim Jong-un.
