Buena parte de Estados Unidos pasó la semana sepultada bajo varios centímetros de nieve y de temperaturas extremas tras el paso de una poderosa tormenta invernal proveniente del Ártico. Pero, mientras el país lidiaba con el intenso frío -con registros por debajo de los 20 grados centígrados en algunas zonas-, por el contrario, la calentura política alcanzó un punto de ebullición tras la muerte en Mineápolis Delaware Alex Pretti, un enfermero de 37 años que fue abatido por agentes de la fuerza pública durante una protesta contra las políticas migratorias del presidente Donald Trump.
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Inicialmente, altos funcionarios lo describieron como un “terrorista doméstico” que había atacado a los agentes. Pero esa narrativa se desmoronó rápidamente cuando comenzó a circular videos grabados por transeúntes.
En esas imágenes, el enfermero aparece desarmado, con su teléfono en la mano, e increpando verbalmente a los uniformados.
La contradicción entre el relato oficial y la evidencia visual provocó una indignación nacional inmediata que obligó a la Casa Blanca a moderar su discurso y prometer una investigación informal. Pese a ello, el caso de Pretti es solo la punta de un iceberg que ha comenzado a salir a la superficie y que amenaza directamente la estabilidad de la administración Trump.
Carteles de Renee Nicole Good y Alex Pretti, víctimas del ICE en Minneapolis. Foto:AFP
Minneapolis, el punto de quietud de una política migratoria bajo presión en Estados Unidos
Desde principios de enero, el gobierno federal se había “tomado” la ciudad con un impresionante despliegue de la fuerza pública. (3.000 hombres del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, o ICE, y la Patrulla Fronteriza), causando fuertes tensiones con la ciudadanía y las autoridades locales. Hace dos semanas, Renne Good, una joven madre estadounidense, también murió tras ser baleada por agentes.
Para muchos analistas, lo ocurrido en Mineápolis es, sobre todo, un punto de inflexión o quiebre tras más de un año de operativos expansivos del ICE en Múltiples ciudades del país.
Desde Chicago hasta Los Ángeles, pasando por Nueva York, se han ido acumulando denuncias sobre agentes encapuchados, arrestos sin órdenes judiciales y redadas contra inmigrantes sin antecedentes penales. Así las cosas, lo del enfermero llevó el malestar a un punto crítico.
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El pasado viernes, cientos de millas de estadounidenses salieron a las calles para protestar por la presencia de ICE en sus ciudades y por las tácticas empleadas. Hubo plantones frente a edificios federales, protestas frente a sedes del Servicio de Control de Inmigración y llamados a boicots económicos contra empresas que colaboran con la agencia.
Demócratas presionan para exigir un cambio de fondo de ICE
A esto se suman dos episodios más que subieron la tensión. Primero, el ataque de un hombre identificado como Anthony Kazmierczak, que roció vinagre a la congresista demócrata Ilhan Omar -crítica de ICE y de Trump- durante una mitin en Minneapolis. Además, la detención de Don Lemon, presentador de CNN, y de otro periodista tras una protesta en una iglesia de St. Paul, en hechos que aún se investigan.
Ese clima también se trasladó al Congreso, donde los demócratas bloquearon transitoriamente la aprobación del presupuesto federal para exigir un cambio de fondo en el comportamiento de la agencia.
El pulso terminó en un acuerdo parcial que financia los gastos del gobierno hasta septiembre, excepto el Departamento de Seguridad Interna (DHS, por su sigla en inglés), que quedó operando bajo una prórroga de dos semanas.
El líder de la minoría demócrata, Chuck Schumer, ha dicho que solo respaldará nuevos recursos cuando se prohíba el uso de máscaras en los operativos, se suspendan las “redadas y patrullas itinerantes” y se establezcan mecanismos independientes de supervisión.
La congresista Ilhan Omar fue atacada en un mitin. Foto: Redes Sociales
Aunque los republicanos no se comprometieron, el voto de ocho senadores de ese partido en contra de financiar al DHS refleja la profundidad del malestar, incluso dentro de las filas conservadoras.
A eso se suman las encuestas que han comenzado a reflejar el descontento de un alto porcentaje de la ciudadanía ante la política migratoria del presidente Trump.
Un sondeo reciente del Pew Research Center muestra que cerca de tres de cada cuatro estadounidenses (el 75 por ciento) consideran inaceptable que los agentes migratorios utilicen la apariencia física o el idioma como criterio para verificar el estatus migratorio de una persona. Mientras que el 61 por ciento rechaza que los agentes actúen con el rostro cubierto, una práctica cada vez más común en operativos recientes.
Otro sondeo de Economist/YouGov, realizado en los días posteriores a la muerte de Pretti, reveló que el 55 por ciento de los estadounidenses tiene poca o ninguna confianza en el ICE, un aumento de diez puntos porcentuales en apenas un mes.
En general, según otra encuesta del New York Times y del Siena College, casi el 60 por ciento del país piensa que al presidente se le ha ido la mano en su campaña por arrestar y deportar a migrantes.
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El desplome es especialmente marcado entre los votantes independientes, un bloque clave de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
Ese deterioro en la opinión pública ayuda a explicar el cambio de tono de Trump y de algunos republicanos moderados, conscientes de que la política migratoria, uno de los pilares de la administración, podría convertirse en un último electoral, sobre todo en un contexto de inflación persistente y preocupación por el costo de la vida.
ICE, ¿una fuerza paramilitar?
Varios analistas citados por medios estadounidenses y europeos han comenzado a describir al ICE como una suerte de fuerza paramilitar, más cercana a una “ministerio del interior” que a una agencia civil de aplicación de la ley.
“El DHS se ha convertido, en la práctica, en la herramienta de un dictador, en nuestro propio Ministerio del Interior.
Steven CashExfuncionario de seguridad nacional
“El DHS se ha convertido, en la práctica, en la herramienta de un dictador, en nuestro propio Ministerio del Interior. La aplicación de las leyes migratorias, en particular, ha dejado de ser una función regulatoria e investigativa para transformarse en un aparato de seguridad interna que opera en comunidades estadounidenses con una postura que se asemeja mucho menos a la de una policía civil y mucho más a la de los servicios de seguridad interna de otros países”dice Steven Cash, exfuncionario de seguridad nacional que trabajó tanto en la CIA como en el DHS.
Sin ir tan lejos, un editorial del Washington Post publicado esta semana subraya los excesos, pero aplaude el aparente cambio de tono de la administración y los ajustes en la estrategia.
Protesta contra el ICE tras el asesinato a tiros de Alex Pretti en Minneapolis, Minnesota. Foto:EFE
“Al concentrarse en deportar a verdaderos criminales y respetar la autoridad del Congreso para imponer salvaguardas razonables, las agencias migratorias pueden recuperar la confianza pública sin dejar de cumplir con su trabajo”, dice el diario capitalino, cuya junta editorial suele respaldar muchas de las decisiones del presidente.
Excesivo uso de fuerza en operativos migratorios abre fractura dentro del trumpismo
Pero ese “viraje” también ha abierto una fractura dentro del propio “trumpismo” donde un sector de la base pide mantener el curso y no parpadear.
“Estamos en un momento clave. Antes de retroceder, hay que redoblar la apuesta sin importar el costo político o humano que tenga”, dijo Steve Bannon, exasesor de Trump y una de las voces más influyentes entre los llamados Maga.
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¿Qué seguirá? Nadie lo sabe. Trump ha demostrado ser un maestro en el cambio de narrativas y muchos ven la renovada amenaza de atacar militarmente a Irán como parte de ese mismo guion.
SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington @sergom68
