En la víspera de su participación en el Foro Económico Mundial de Davos, que comenzó este miércoles, el presidente Donald Trump desató una tormenta diplomática al señalar que la “Junta de Paz” que impulsa desde la Casa Blanca “podría reemplazar” a la Organización de las Naciones Unidas.
“La ONU simplemente no ha sido muy útil. Soy un gran admirador del potencial de la ONU, pero nunca ha estado a la altura de su potencial”dijo Trump el presidente estadounidense ante periodistas.
Y agregó: “La ONU debería haber resuelto todas las guerras que yo resolví. Nunca acudí a ellos, ni siquiera pensé en acudir”.
La afirmación, lejos de pasar inadvertida, agudizó las preocupaciones entre diplomáticos europeos, exfuncionarios estadounidenses y altos representantes de Naciones Unidas, que ya veían con recelo el nuevo organismo que -según se ha revelado- estará presidido indefinidamente por el propio Trump.
Una Junta personalista: Trump, presidente sin límite de mandato
El viernes pasado, la Casa Blanca anunció la creación de una “Junta Ejecutiva fundadora”, encabezada por Trump y conformada por figuras cercanas como su yerno Jared Kushner, el secretario de Estado Marco Rubio, el exprimer ministro británico Tony Blair y el enviado especial, Steve Witkoff.
Según el borrador de la carta fundacional, obtenido por cnn, Trump ejercerá la presidencia sin límite de tiempo.
Solo podrás ser removido “por renuncia voluntaria o como resultado de incapacidad, según lo determine un voto unánime de la Junta Ejecutiva”.
Es decir, ni siquiera un cambio de administración lo desplazaría automáticamente del cargo.
Un funcionario estadounidense explicó que un futuro presidente podría nombrar a otro representante de Estados Unidos ante la Junta, pero Trump mantendría su asiento si así lo desea.
US$ 1.000 millones por un asiento permanente
La estructura de la Junta también ha generado controversia por su modelo de financiamiento. Los países que deseen asegurar un asiento permanente deberán aportar una contribución de 1.000 millones de dólares.
Aunque la Casa Blanca insiste en que no se trata de una “tarifa de entrada”, varios gobiernos han expresado su preocupación por lo que parece una diplomacia restringida a los países con mayor capacidad económica.
“Nos gustaría unirnos, pero tenemos que estudiarlo porque requiere un compromiso financiero que para nosotros es bastante alto”, declaró el embajador de uno de los países invitados.
Otro diplomático comparó el mecanismo con el club Mar-a-Lago: “No me imagino a nadie con un proceso democrático pudiendo unirse y someterse al veto de Trump, y mucho menos desembolsar US$ 1.000 millones para superar una membresía de tres años”.
Un funcionario estadounidense aseguró que los fondos se destinarán a la reconstrucción de Gaza.
Sin embargo, CNN confirmó que no existen aún planes concretos ni acuerdos con contratistas para ejecutar ese objetivo.
Una paz sin Gaza: el territorio palestino ni siquiera aparece en el mandato
Aunque Trump ha promocionado la Junta como un organismo para supervisar la reconstrucción de Gaza, el borrador de la carta fundacional no menciona ni una sola vez al enclave palestino.
En cambio, define a la Junta como una “organización internacional que busca promover la estabilidad, restaurar la gobernanza confiable y legal, y asegurar una paz duradera en áreas afectadas o amenazadas por conflictos”.
Este matiz ha encendido las alertas entre diplomáticos que ven en la iniciativa una herramienta de intervención global, alejada del multilateralismo clásico.
“Cuando lees la carta, no se aplica solo a Gaza”, dijo el portavoz del Ministerio de Exteriores de Francia, Pascal Confavreux.
“Y genera una preocupación muy importante respecto a la racionalidad con la carta de las Naciones Unidas”, añadió.
Rusia y China entre los invitados: Más alarma
Otra señal preocupante es la lista de países invitados. Entre ellos están Rusia, China y Bielorrusia. La presencia potencial de Rusia, inmersa en la invasión de Ucrania, ha sido duramente criticada.
“Putin sin duda utilizaría la membresía de Rusia en la ‘Junta de Paz’ para socavar a la ONU y, por extensión, sembrar más divisiones en las alianzas de Estados Unidos”, advirtió Robert Wood, exembajador adjunto de EE.UU. ante la ONU.
Desde Londres, la secretaria de Relaciones Exteriores británica Yvette Cooper fue directa: “Putin no es un hombre de paz y no creo que pertenezca a ninguna organización que tenga la palabra paz en el nombre”.
Europa marca distancia
Mientras Emiratos Árabes Unidos y Bahréin confirman su participación, varios países europeos se han desmarcado de la iniciativa.
Francia se negó a unirse, e Irlanda mostró reservas.afirmando que estudiará la invitación con cautela.
“La ONU tiene un mandato único para mantener la paz y la seguridad internacionales, y la legitimidad para reunir a las naciones y encontrar soluciones comunes a desafíos compartidos”, afirmó la ministra irlandesa de Exteriores, Helen McEntee.
La ONU se defiende
Desde Nueva York, la respuesta de Naciones Unidas no se hizo esperar. Tom Fletcher, jefe humanitario de la ONU, declaró que la Junta de Trump “no reemplazará” al organismo multilateral.
Aaron David Miller, exnegociador de Medio Oriente, fue aún más tajante: “Todo está atado a una galaxia muy, muy lejana, no a las realidades aquí en el planeta Tierra”.
“Los conflictos no se resuelven por organizaciones externas, sino por mediadores que trabajan con las dos partes”, añadió.
Y concluyó: “¿Cómo puedes reemplazar a una organización que ha existido desde 1946, con un Consejo de Seguridad permanente y un historial comprobado de acción humanitaria y diplomática? No se puede rivalizar con esta organización”.
¿Un nuevo orden sin consenso?
La apuesta de Trump por una “Junta de Paz” paralela se presenta como su mayor desafío a la arquitectura global desde su regreso a la presidencia.
Con una mezcla de liderazgo personalista, exclusividad económica y un mandato global ambiguo, el proyecto promete generar más división que estabilidad en el corto plazo.
Queda por ver cuántos países se sumarán formalmente esta semana durante la ceremonia de firma en Davos. Pero el mensaje político ya está lanzado: Trump no quiere reformar la ONU, quiere reemplazarla. Y el pulso apenas comienza.
