En un momento inesperado del discurso del estado de la Unión, cuando Donald Trump hablaba de lo que llamó «la nueva etapa» en Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro, señaló a una joven en la galería: era Alejandra González, sobrina del opositor venezolano … Enrique Márquez. El presidente explicó que ella había temido no volver a ver a su tío, detenido y recluido en el temido Helicoide tras cuestionar el resultado electoral. Entonces anunció que tenía una sorpresa. Se abrió una puerta lateral del hemiciclo y apareció Márquez, recién liberado y traído directamente de Caracas, que bajó los escalones entre aplausos y abrazó a su sobrina ante todo el Congreso, en una escena cuidadosamente integrada en el relato político de la noche.
Después del discurso, Márquez fue llevado a la Casa Blanca, donde pudo verse con varios funcionarios y recorrer distintas dependencias del complejo presidencial. Más tarde, ya de madrugada, llegó a la sala de prensa y, en un vídeo grabado por quien lo acompañaba y luego enviado a Venevisión, dijo que «lo que está pasando es bueno, tenemos una oportunidad» y expresó su deseo de «aprovechar esta oportunidad para construir el país que todos queremos», en referencia a los cambios en Venezuela tras la captura del dictador Maduro.
En esa sala de prensa muchos corresponsales quedaron igual de confundidos o sorprendidos que quienes vieron su aparición en el discurso, porque aquel mismo espacio había sido utilizado en 2020 para un momento histórico de dimensiones enormes cuando Juan Guaidó, reconocido como presidente encargado de Venezuela, saludó desde allí mismo con apoyo bipartidista y fue recibido en Washington con honores, incluyendo una estancia en la afamada Blair House, que se dedica a alojar a jefes de estado de visita oficial.
Según ha podido saber ABC por fuentes en la Administración Trump, la aparición de Márquez en el discurso del estado de la Unión no fue casual ni anecdótica. Fue la respuesta del equipo del presidente a la necesidad de una escena de alto impacto televisivo que resumiera en un gesto lo que la Casa Blanca presenta como logros en Venezuela: la liberación de presos políticos y el cierre de El Helicoide, símbolo de la represión chavista. Un relato condensado en un abrazo ante el Congreso.
Pero la fotografía de ese encuentro no es completa, faltan detalles importantes. Es cierto que desde enero se han producido cientos de excarcelaciones. También lo es que siguen cientos de presos políticos en cárceles venezolanas y que muchos de los liberados no disfrutan de libertad plena: arrastran medidas cautelares, prohibiciones de salida del país y obligaciones periódicas ante tribunales. La apertura es parcial y muy vigilada.
Desde el equipo de María Corina Machado se trasladaron a este diario que celebran que Márquez se haya reencontrado con su familia y subrayan que la persecución en Venezuela no distingue siglas. «Todos son perseguidos en Venezuela, no importa de qué partido vengan», señalaron desde su equipo en Washington tras una reunión privada con embajadores. Recuerdan que Márquez es un dirigente de izquierda y que el hecho de que su caso apareció en el discurso del estado de la Unión vuelve a poner en evidencia que la represión ha alcanzado a todo el espectro opositor.
La imagen de Márquez era la respuesta del equipo de Trump a la necesidad de una escena de alto impacto televisivo que resumiera en un gesto lo que la Casa Blanca presenta como logros en Venezuela.
Machado de hecho había sido invitado al discurso no por uno sino por varios congresistas y senadores, pero demostró que el protagonismo debía recaer en el conjunto de los presos políticos y no en una sola figura, que ya había dedicado mucho tiempo a hablar con Trump y su equipo en una visita privada. Además, según fuentes consultadas por este diario, el presidente Trump ha dado indicaciones a su equipo de que quiere volver a reunirse con ella, por segunda vez, en un momento en que la estabilización de Venezuela, según el plan de la Casa Blanca, entra en una fase crítica.
En la Casa Blanca, explican fuentes conocedoras del proceso, conviven varias vías de asesoramiento sobre Venezuela. Trump escucha posiciones distintas, pero las decisiones se concentran en un núcleo muy cerrado en el que participante de forma constante el secretario de Estado, Marco Rubio, y la jefa de gabinete, Susie Wiles. Ambos se reunieron con María Corina Machado durante su visita a las dependencias del presidente y forman parte del círculo que define los pasos políticos en esta fase. Otros perfiles que en el pasado defendieron explorar canales con la dictadura, como Ric Grenell, son considerados hoy fuera del centro real de la toma de decisiones en este expediente.
La elección de Márquez, otra lectura
Que Márquez fuera el elegido para ser la cara de los presos liberados introduce otra capa de lectura, dado que es un dirigente de izquierda. No es el rostro más popular de la oposición, pero sí un perfil con trayectoria institucional opositora dentro del régimen y, dicen esas fuentes dentro de la Casa Blanca, que podrían servir de puente con sectores diversos. Su irrupción en el discurso dejó flotando una pregunta en Washington y en Caracas: si fue solo un recurso de guion o si la Casa Blanca empieza a ensayar nombres para que se incorporen a una eventual transición. Esas fuentes consideran que debería formar parte de ella de algún modo y remitir a su papel en el Consejo Nacional Electoral.
«Es necesario contar con gente sobre el terreno, con opositores y figuras políticas que estén dentro y puedan servir de puente, puedan atraer a negociar y dialogar al régimen ya opositores en el exilio», dijeron a ABC este miércoles quienes participaron en organizar la visita de Márquez. El opositor confirmó a este diario que estaba de regreso a Caracas el mismo miércoles, apenas horas después de haber estado en el Capitolio y en la Casa Blanca. Preguntado sobre si querría ser considerado para un papel directo en la transición, rehusó responder a ABC.
Márquez fue rector principal y vicepresidente del Consejo Nacional Electoral entre mayo de 2021 y junio de 2023. Fue designado por la Asamblea Nacional como parte de una fórmula que buscaba proyectar una imagen más «equilibrada» del organismo, históricamente controlada por el chavismo. En ese período formó parte del directorio que organizó comicios regionales y supervisó procesos electorales en un contexto de fuerte cuestionamiento institucional.
No es el rostro más popular de la oposición, pero sí un perfil con trayectoria institucional opositora dentro del régimen.
Su para ese momento pensado para la televisión en Washington, con todas las cámaras apuntándole en horario de máxima audiencia, pasó antes por varios filtros. Las agencias de inteligencia estadounidenses validaron el viaje, la diplomacia norteamericana también. Incluso el Gobierno interino de Delcy Rodríguez facilitó su salida, según una fuente opositora consultada por ABC, en un movimiento que algunos interpretan como un intento de diluir el protagonismo político de Machado, cuyo bloque ganó ampliamente las presidenciales de 2024 pese a su inhabilitación. Según el recuento independiente de aquellas elecciones, la coalición que la respaldaba habría obtenido en torno al 67% de los votos.
Sin foto con Trump
Es llamativa, sin embargo, la ausencia de una recepción directa de Trump o una fotografía con él, como sí sucedió con Machado o antes, con Guaidó, al que se trató con honores de jefe de Estado. En realidad Márquez fue escondido antes de su aparición estelar, para garantizar un efecto sorpresa, y salió sin que la Casa Blanca accediera a facilitar una comparecencia el miércoles, como se le solicitó.
Márquez fue candidato por el partido Centrados en la Gente, con el respaldo del Partido Comunista de Venezuela y de REDES, la formación de Juan Barreto. Según los resultados oficiales anunciados por el CNE, su candidatura obtuvo alrededor del 2% de los votos, muy lejos del bloque mayoritario y del resultado atribuido a Nicolás Maduro.
En cuanto a su perfil ideológico, Márquez procede de la izquierda venezolana. Militó en La Causa R en los años noventa, una formación sindical y de centroizquierda, y más tarde se integró en Un Nuevo Tiempo, partido de corte socialdemócrata del estado Zulia. En 2024 encabezó una candidatura propia desde un espacio que se define como de izquierda y crítico tanto del chavismo como de la estrategia abstencionista de parte de la oposición. Es, en términos generales, un dirigente de izquierda democrática, con discurso institucional y énfasis en la vía electoral y constitucional como mecanismo de cambio.
Dentro del CNE se convirtió en una de las voces críticas del sistema. Tras las presidenciales de 2024 denunciaron públicamente que el primer boletín que daba como ganador a Nicolás Maduro «no se produjo» en la sala oficial de totalización y exigió la publicación de todas las actas. También acudió al Tribunal Supremo de Justicia para pedir la nulidad de la sentencia que validó esos resultados, alegando irregularidades y falta de transparencia. Su paso por el CNE combinó así un rol institucional clave con una postura posterior de denuncia frente a lo que calificó como un proceso viciado.
Fue detenido la noche del 7 de enero de 2025, pocos días antes de la juramentación presidencial en Venezuela y en medio de una ola de arrestos contra dirigentes opositores. En el entorno oficial se le vinculó con supuestas acciones para desestabilizar el orden institucional tras las elecciones de 2024, en las que había cuestionado los resultados. Desde el poder se insinuó que formaba parte de una estrategia para desconocer el proceso. Sus aliados sostuvieron que su arresto fue una represalia directa por exigir la publicación de las actas y acudir al Supremo. Organizaciones de derechos humanos hablaron de detención arbitraria y desaparición forzada en las primeras horas.
Durante meses permaneció recluido, según su entorno, aislado y sin acceso pleno a defensa legal. Pasó casi un año detenido hasta que fue liberado el 8 de enero de 2026, en el marco de una excarcelación masiva de presos políticos anunciada tras la salida de Maduro. Entre el 8 de enero y el 20 de febrero se contabilizaron 459 excarcelaciones de presos políticos en Venezuela tras la salida de Maduro, según observadores, pero las cifras oficiales y las ONG que monitorean la situación coinciden en que sigue habiendo al menos la mitad o más de los presos que había antes de la captura de Maduro, porque muchos no han sido liberados o mantienen restricciones severas a su libertad.
Tras la visita de Guaidó a Washington con motivo del estado de la Unión y su reunión con Trump en febrero de 2020, Estados Unidos formalizó el 26 de marzo de ese año una acusación por narcoterrorismo contra Maduro y ofreció una recompensa por su captura, iniciando una fase de presión judicial y sancionatoria que se prolongó durante años, atravesó la pandemia de COVID-19 y un cambio de administración en la Casa Blanca. El caso permaneció abierto, se produjo detenciones y acuerdos de colaboradores clave del régimen y, finalmente, el 3 de enero de 2026 Maduro fue capturado y trasladado a Nueva York para enfrentar en Manhattan los cargos presentados en 2020, en un proceso que combinó la persistencia institucional de Estados Unidos con la resistencia interna venezolana.
