Trump está cambiando personas y tono. Y eso es porque es consciente de que la situación se le está volviendo en contra. Ha pasado en escasas horas de mostrar desprecio por el gobernador de Minnesota, Tim Walz, a dar muestras de entendimiento. Ha pasado de acusar a las autoridades estatales y locales de complicidad con la “basura” somalí en una corrupción de “20 millones de dólares” a decir que las cosas van bien con ellos. Y ha pasado de describir a Alex Pretti como “pistolero” con un “arma cargada (¡con dos cargadores adicionales completos!) y lista para usar” a decir que ama “a su familia”.
El tono del presidente de EEUU se ha rebajado en comparación con el que suele emplear cuando habla de Minnesota. No en vano, por orden suya hay desplegados en ese estado 3.000 agentes federales, el doble que la cantidad de policías locales existentes en Minneapolis y St. Paul.
