Nunca antes la imagen de una bola de demolición fue la mejor metáfora para describir a un Donald Trump versión 2026. Acaba de cumplir su primer año desde que regresó a la Casa Blanca, dejando un reguero de “cataclismos” varios. Aranceles recíprocos, guerra comercial con China, deportaciones masivas, bombardeos a centrales nucleares iraníes, el bisturí aserrado de Elon Musk… eso fue solo el 2025.
El 2026 vino recargado con Nicolás Maduro extraído de Caracas y preso en Nueva York. Lo que parecía una noticia insuperable Fue apenas el tentempié de un menú a tragar por la fuerza.
Sobre lo que sigue es posible que veamos un Trump acelerando a fondo para construir y terminar en los tres años que le quedan un nuevo andamiaje mundial a su medida.
El tiempo apremia para el jefe de la Casa Blanca por un puñado de razones. una, la vejez: en junio cumple 80 años, convirtiéndose en el segundo presidente octogenario en la historia de Estados Unidos después de Biden.
Otra razón: no hay reelección y es posible que si los demócratas encuentran un faro, la próxima administración será “azul” y muy dispuesta a barrer el legado MAGA, a menos que éste sea imposible de desmantelar.
Conviene mirar con atención dos proyectos que dan pistas sobre el plan que Trump trae entre manos: la “Junta de la Paz” y la “Cúpula Dorada”.
El primero es un intento deliberado por reemplazar la estructura multilateral de las Naciones Unidas, en concreto el Consejo de Seguridad, en la resolución de conflictos, por uno en el que la diplomacia será un modelo de negocios. Algo así como “poner fin a la guerra no por una visión pueril y altruista de la paz per se, sino para abrir oportunidades gloriosas al sector privado”.
Un ecléctico grupo de países -desde Rusia hasta Argentina- fue invitado a participar de este club de poder, en el que un asiento vitalicio cuesta 1.000 millones de dólares; el precio de “pertenecer” y una garantía de perpetuidad a prueba de virajes.
La Cúpula Dorada, basada en el sistema de defensa israelí pero más ambicioso, es un escudo (y el premio gordo de SpaceX) pensado para proteger a Estados Unidos. La idea es que esté funcionando para 2029 y para eso Trump necesita, como lo llamó en Davos, “un pedazo de hielo”: Groenlandia.
Hay tarea por delante y Trump corre contra el tiempo, su propia biología y una aldea global que apuesta a que el reloj marque las doce antes de que sea tarde.
