Lapatilla
Gustavo Petro congeló un discurso explosivo contra Estados Unidos y Donald Trump que estaba a punto de emitir frente a una multitud el 7 de enero en la plaza de Bolívar. Era la respuesta a la Casa Blanca por la amenaza de una posible intervención militar en Colombia, similar a la que ocurrió en Caracas, que terminó con la captura de Nicolás Maduro y la imposición de los norteamericanos en el Poder Ejecutivo del país vecino. En el círculo más cercano de Petro hubo tensión por las palabras que dirían y por las consecuencias que generaría en la nación. Una llamada de última hora, nuevamente, salvó la patria.
Por semana
Ante el riesgo de que las relaciones diplomáticas se salieran de control y que la poca cercanía se deteriorara aún más, el embajador en Washington, Daniel García-Peña, desempolvó los contactos de los congresistas estadounidenses que le podrían abrir las puertas del Despacho Oval a Petro. Se trataba de una carrera contrarreloj: Trump sugirió que a su homólogo colombiano le podría suceder lo mismo que a Maduro; y Petro estaba listo para llamar al pueblo a salir en su defensa, y sus seguidores más radicales ya hablaban de un posible conflicto internacional.
El senador republicano Rand Paul le dio el empujón al Gobierno Petro y logró que Trump aceptara hablar con el mandatario latinoamericano. Pese a que él forma parte del oficialismo y rechaza la doctrina de la izquierda, García-Peña confió en su gestión porque comparte un mismo sinsabor del petrismo: rechaza las intervenciones militares de los estadounidenses en el Caribe y Venezuela, justificadas en la lucha contra las drogas y la seguridad nacional.
Paul y García-Peña llevaban conversando varias semanas. “Hablé con el embajador colombiano a principios de esta semana y mencionó que el presidente de Colombia quería hablar con el presidente Trump. Entonces me comuniqué con el presidente Trump y hablé con él, y él dijo: ‘Por supuesto'”, manifestó Paul ante medios de comunicación gringos.
En la Casa de Nariño hubo nervios por las palabras que cruzarían. Del lado colombiano, los acompañantes de Petro sabían que se jugaba el todo por el todo. Del lado estadounidense, Trump estaba con periodistas de The New York Times y fue interrumpido en la entrevista con un mensaje escrito a mano que le entregaron en su despacho, que le dio la vuelta a la región tras ser registrado por el mismo medio de comunicación en una fotografía: “El presidente colombiano Gustavo Petro está llamando a usted”.
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