Hay novelas que cuentan una historia y otras que intentan entender qué queda después de que la historia ha pasado. Reconstrucción (Libros de la montaña, 2024) pertenece a este segundo grupo. La obra de Rodrigo Urquiola no se propone narrar una secuencia de hechos, sino explorar el territorio incierto donde la memoria, el lenguaje y la identidad intentan recomponerse tras la pérdida, el silencio o el olvido.
Ganadora del Premio Marcelo Quiroga Santa Cruz, la novela se instala desde el inicio en un registro introspectivo y fragmentario, donde lo central no es “qué pasó”, sino cómo se recuerda y cómo se intenta decir lo que ya no está.
La estructura: fragmentos que buscan sentido Urquiola construye su novela a partir de múltiples voces que no avanzan de manera lineal. No hay una cronología clásica ni una progresión argumental tradicional. Lo que existe es un tejido de perspectivas, recuerdos, reflexiones y momentos dispersos que poco a poco se relacionan entre sí.
Este procedimiento no es un recurso formal gratuito: responde al núcleo mismo del libro. La fragmentación narrativa es la forma literaria que adopta la memoria cuando intenta recomponerse. El lector no avanza por una trama, sino por un proceso de ensamblaje.
Memoria y reconstrucción El título no es metafórico ni ornamental. Reconstrucción alude al acto mismo que realizan los personajes —y el texto—: reconstruir el sentido a partir de restos. La memoria aparece como un territorio frágil, incompleto, atravesado por huecos y silencios.
En ese sentido, la novela dialoga con una pregunta de fondo:
¿Cómo narrar lo vivido cuando el recuerdo no es continuo, sino fragmentario y emocional?
La escritura se convierte así en una herramienta para recuperar lo que se escapó. No como restitución fiel del pasado, sino como intento humano por darle forma.
Precisión y respiración poética Uno de los rasgos más destacados por la crítica es la precisión del lenguaje de Urquiola. Su prosa es contenida, cuidada, casi respiratoria. Hay momentos en los que el lector se detiene más en la forma de la frase que en el avance del relato.
Esa cualidad poética no ralentiza la lectura; por el contrario, crea una atmósfera íntima donde el lector entra en la experiencia interior de los personajes. La novela no se lee con prisa, se habita.
Identidad a través del relato Las distintas voces que componen el libro no funcionan como narradores independientes, sino como ecos entre sí. Cada una aporta una parte del rompecabezas emocional y existencial que el texto intenta armar.
Lo interesante es que estas voces no buscan imponerse, sino complementarse. Se trata menos de contar versiones distintas de un hecho y más de mostrar cómo cada sujeto vive y recuerda de manera distinta.
Una novela sobre la escritura misma Más allá de su argumento, Reconstrucción es también una novela que reflexiona sobre el acto de escribir. Los personajes se enfrentan a la dificultad de decir, de comunicar, de ordenar lo vivido. La escritura aparece como un intento de vencer el silencio.
En este punto, la obra se convierte en una suerte de metanovela: habla de memoria, pero también del lenguaje como única herramienta para enfrentarla.
Valoración final Reconstrucción no es una novela para quienes buscan una historia lineal, de acción continua o de resolución clara. Es una novela para lectores dispuestos a entrar en un territorio introspectivo, donde la literatura funciona como espacio de reflexión sobre la memoria, el tiempo y la identidad.
Rodrigo Urquiola logra una obra sólida, estéticamente cuidada y conceptualmente coherente, donde forma y contenido se corresponden de manera precisa. La fragmentación, el lenguaje y las voces no son adornos estilísticos, sino la manera misma en que la novela expresa su tema.
En tiempos donde la narrativa suele privilegiar la velocidad y la inmediatez, Reconstrucción apuesta por lo contrario: la pausa, la reflexión y la palabra exacta.
Y en esa apuesta, encuentra su mayor fuerza.
Estocolmo, enero del 2026
