El mal existe, y literariamente tiene forma de ballena. Sí, por supuesto, Moby Dick. Así lo ha visto Albert Sánchez Piñol (Barcelona, 1965), que acaba de publicar a continuación del clásico de Herman Melville, Després del naufragila primera en que abandona su editorial de siempre La Campana, para ir a Univers.
“Es una novela clásica de aventuras, manteniendo antagonista y protagonista, la ballena e Ismael, que aquí es también el narrador –y con el capitán Ahab como presencia fantasmagórica–, pero también la he convertido en una fábula política dentro de la tradición por ejemplo de Los viajes de Gulliverque hacían leer a los anarquistas porque era una crítica a la burguesía inglesa del siglo XVIII”, cuenta el escritor, que insiste en que evidentemente “lo tienen que poder leer chavales de catorce años y les puede servir de introducción al clásico”, pero también se podrá encontrar una metáfora del procesocon que él mismo encapsula entre dos libros suyos: “El proceso empezó a estafar Victo y acaba con esta novela, y creo que tenemos derecho a pensar los acontecimientos políticos en clave literaria. Esta es una versión, pero todo lo que nos pasa es poliédrico”.
Prefiere no dar una guía específica de los referentes que utiliza –no niega que algunos personajes se parecen a Puigdemont o a Junqueras–, ya que “es una relación lo bastante amplia para que no haya que interpretarlo en clave política, pero si Moby Dick es la historia de un loco que engatusa a un grupo de gente para hacer lo imposible, aquí Ismael engatusa a una tripulación para conseguir aquello que nadie ha hecho antes”, con unos personajes que “habrían podido matar a Moby Dick y no lo hicieron, y tendrán que convivir toda la vida con eso”.
El autor ejemplariza que “hay dos capitanes que durante todo el relato rehúyen su responsabilidad, pero al final la tendrán que afrontar aunque no quieran, deben tomar decisiones. Dicen que la primera obligación de un capitán es no poner en riesgo la nave, e Ismael pregunta: ‘Entonces, ¿por qué zarpasteis?'”.
“Seguramente me dejarán verde, pero la literatura no es para cobardes”, asegura el escritor
Sánchez Piñol reconoce que “es mi obra más fantástica y al mismo tiempo la menos imaginativa, porque el guion me ha venido hecho”, aunque al mismo tiempo aclara que no nació con esta idea, sino que su primera inspiración fue la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. en el 2016. “Emergió de golpe cuando no se esperaba, y me pareció muy interesante, mucho más de lo que él mismo expresa”, y así representó una rivalidad entre demócratas y republicanos que “ya evolucionó mucho antes de la primera línea, porque no empiezo a escribir sin tenerlo todo muy pensado, así que un día me puse a ello pensando que hablaba de nosotros, pero que la primera lectura estadounidense es posible, porque es comprensible para cualquiera y todo el mundo la puede interpretar como quiera. una pugna por el poder con actores que nos son reconocibles”. Al fin y al cabo, añade, “a menudo la mejor manera de explicar el mundo es la ficción”, y de hecho, aunque no quiera hacer ningún spoiler, “todo el mundo sabe cómo acabó todo. Yo quería que fuera explícito, y evidentemente en el libro está mi postura. Seguramente me dejarán verde, pero la literatura no es para cobardes. Lo más fácil habría sido no hacer nada, y siguiendo a Melville, preferiría no hacerlo, pero alguien lo tenía que escribir”.
Su ballena blanca viene a ser la malignidad del poder, pero “aquí tiene unos elementos humanos, porque tiene rencor. Tiene unos márgenes vaporosos pero un núcleo claro, una malicia reconocible. Se viene el atún. Es un monstruo que sobre todo hace fabular y pensar en la gloria a una tripulación de atuneros que sueñan con hacer algo importante que antes han intentado generaciones enteras”.
El libro va acompañado de ilustraciones del artista Franc Aleu, que la editora, Ester Pujol, recuerda que “remiten al siglo XIX trabajando con herramientas del XXI como la inteligencia artificial, decididamente y sin escrúpulos, pero no las hace la IA, las hace el artista”. El escritor señala que él no la utiliza para trabajar pero sí que hace pruebas y la conoce de primera mano: “A la IA todavía le falta mala fe, pero hay mar de fondo y los que trabajan en el consumo de masas lo tienen claro, no se preguntan por la originalidad o la calidad. De momento todavía está en mantillas, pero progresa de manera aceleradísima, y estamos en aquel cruce feliz en que te permite colaborar con la inteligencia humana, pero ya estamos llegando a una frontera peligrosa y lo que no entiendo es que nadie la quiera párrafo”.

