Comprar una casa, ahorrar para el futuro, tener un fondo de emergencia, viajar por el mundo, vestirse bien, salir a comer los fines de semana. En redes sociales, todo eso –y más– no solo parece posible, sino también necesario. Como si el éxito personal estuviera ligado únicamente a una vida de consumo constante y bienestar visible. Pero detrás de esos filtros y estilos de vida idealizados, muchos adultos –jóvenes y mayores– Viven una realidad muy distinta: ingresos inestables, deudas acumuladas, alquileres imposibles, poca capacidad de ahorro y un futuro financiero incierto.
Ese desajuste entre lo que se espera –o lo que creemos que deberíamos haber logrado–y lo que realmente podemos sostener genera un peso silencioso, pero persistente. Ese malestar, a menudo difícil de identificar, se manifiesta en nuestra mente y cuerpo como estrés financiero.
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Incluso en meses como junio o diciembre, cuando llegan las anheladas ‘primas’ y parece que hay un respiro económico, el alivio puede durar poco frente a los gastos. ya acumulados o el deseo de “ponerse al día” con lo que otros muestran y nosotros no.
Para la psicóloga Madeli Santos, las redes sociales han potenciado esta presión. “Muestran una versión editada de la realidad y, a menudo, idealizada, donde el éxito se asocia al ‘dar gusto’, al consumo e, incluso, al lujo. Todo se presenta como alcanzable, pero bajo un estándar poco realista, lo que puede generar comparaciones constantes y una sensación de no estar a la altura.literal, de estar ‘quedados’”.
Sin embargo, al estar comenzando sus carreras, muchos tienen sueldos bajos que no alcanzan para sostener el estilo de vida que se les vende como ideal. A esto se suman deudas universitarias y una presión social constante para mostrar éxito”
Andrés UribeDirector de finanzas de Mapfre
Y los millennials enfrentan condiciones especialmente desafiantes en esto, anota Andrés Uribe, director de finanzas de Mapfre: “Están bombardeados por mensajes que glorifican el disfrute inmediato y vinculan el valor personal con logros visibles. Sin embargo, al estar comenzando sus carreras, muchos tienen sueldos bajos que no alcanzan para sostener el estilo de vida. que se les vende como ideal. A esto se suman deudas universitarias y una presión social constante para mostrar éxito”.
El resultado de todo esto es un estado de tensión crónica que no solo afecta la economía personal, sino también la salud mental, la autoestima y las relaciones interpersonales.
De acuerdo con Yajaira Baldoceda, psicóloga de Sanna, un centro clínico de Miraflores, en Lima, el estrés financiero es el malestar emocional y mental que sentimos ante problemas con nuestras finanzas. Básicamente, ocurre cuando percibimos que nuestros recursos económicos no son suficientes para cubrir necesidades, afrontar gastos imprevistos o cumplir nuestras expectativas de vida.
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Aunque no se trata de un tipo de estrés diferente, su impacto es significativo porque compromete no solo nuestra estabilidad emocional, sino que puede llegar a comprometer nuestra estabilidad económica, dado que puede llevarnos a tomar decisiones equivocadas en este terreno. Y es que este tipo de preocupación puede volverse crónica –en lo mental y en lo económico– si no se gestiona adecuadamente.
Madeli Santos explica que “el estrés financiero activa de manera constante nuestro sistema de alerta interno, específicamente el eje HHA (hipotálamo-hipófisis-adrenal), que es el mismo que se activa ante situaciones de peligro. Esta activación prolongada eleva los niveles de cortisol –la hormona del estrés– y, si se mantiene en el tiempo, puede afectar funciones esenciales como la memoria y la regulación emocional. Por eso se convierte en un factor de riesgo para el deterioro integral de la salud mental”, añade.
Patricia Cortijo, neuropsicóloga de Clínica Internacional, agrega que una parte importante del problema es que “hablar de dinero sigue siendo un tema tabú”. “Muchas personas sienten vergüenza o temen ser juzgadas si permiten dificultades económicas, lo que refuerza un estigma social que impide reconocer la conexión entre el estado financiero y el bienestar emocional. Esta falta de apertura no solo dificulta la búsqueda de soluciones, sino que también perpetúa el impacto negativo del estrés financiero en la vida cotidiana”, dice.
El estrés financiero se expresa en diferentes niveles: emocional, físico y conductual. Y estas son algunas de las señales más comunes, según las psicólogas:
- Señales emocionales: preocupación constante, irritabilidad o mal humor, falta de motivación, tristeza, ansiedad o miedo.
- Señales físicas: dolores de cabeza, tensión muscular, insomnio o dificultades para dormir, cansancio persistente.
- Señales conductuales: evitar revisar cuentas o deudas, tomar decisiones impulsivas con el dinero, aislarse socialmente, cambios en el apetito, dificultad para concentrarse, procrastinar pagos, gastar de forma compulsiva o, por el contrario, dejar de cubrir necesidades básicas o recurrir a préstamos rápidos sin mayor análisis de sus costos.
El estrés financiero, destaca Baldoceda, tiene un impacto directo en nuestra salud mental y emocional. Puede generar ansiedad, depresión, trastornos del sueño. y, si no se aborda a tiempo, extenderse a otras áreas de la vida como las relaciones familiares, el entorno laboral o la salud física.
A largo plazo, el estrés crónico puede llevar al consumo excesivo de tabaco, alcohol u otras sustancias, así como al desarrollo de hábitos nocivos como el endeudamiento compulsivolo que termina agravando aún más el problema económico y emocional.
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Los errores más comunes que cometemos en este tema.
Andrés Uribe, director de finanzas de Mapfre, resalta la importancia de la educación financiera desde edades tempranas como herramienta clave para formar hábitos saludables en este tema. “Las personas que aprenden a manejar el dinero desde jóvenes tienen más probabilidades de tomar decisiones responsablesahorrar, evitar deudas excesivas y reducir el estrés financiero a lo largo de su vida”, recalca Uribe, quien enumera algunos de los errores más comunes:
- No llevar un presupuesto.
- Gastar más de lo que se gana.
- Ignorar las deudas pequeñas (porque crecen…).
- No pongas atención a los ‘gastos hormiga’.
- No contar con un fondo de emergencia.
- Compre siempre en efectivo y sin llevar un registro de los gastos.
- Emprender sin la asesoría financiera correcta.
- Nota editada por razones de espacio.
Cómo enfrentar el problema
Javier Rivas, director del Máster en Finanzas de EAE Business School, recomienda los siguientes hábitos:
- Ahorrar al menos el 10 % de lo que gana al mes y separar ese dinero apenas lo recibe.
- Endeudarse solo por necesidades reales: vivienda, negocio, salud, etc.
- Calcular siempre el costo financiero de lo que va a comprar a crédito.
- Monitorear el saldo de sus cuentas y tarjetas al menos una vez por semana.
- Invertir de acuerdo con su perfil de riesgo.
- Usar recursos gratuitos, como cursos online, blogs o canales de YouTube, para aprender de finanzas.
- Activar alertas para saber cuándo se avecinan gastos grandes.
- Antes de comprar algo, pregúntese siempre si realmente es algo que necesita.
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Consejos a nivel mental y emocional
Las psicólogas Madeli Santos y Yajaira Baldoceda sugieren las siguientes estrategias:
- Deje de medir su valor personal solo por lo que tiene o gana.
- Redefina el concepto de ‘éxito personal’ más allá de lo económico. Preguntarse “¿Qué me da paz?” o “¿Estoy viviendo en coherencia con mis valores?” ayudará.
- Revise sus finanzas sin culpa.
- Celebre pequeños logros financieros para reforzar el progreso personal.
- Aprenda algo nuevo sobre finanzas personales cada mes.
- Postergue las compras impulsivas al menos 24 horas para decidirlo con calma.
- Pida ayuda profesional si siente que la ansiedad lo supera.
- Tome decisiones desde la calma, no desde la emoción.
- En vez de preocuparse, comience a ocuparse por retomar el control.
Milenka Duarte
El Comercio (Perú) – GDA
Lima
