La pandemia dejó al artista urbano Teo Vázquez con una mano atrás y otra adelante. La gentrificación lo llevó en volandas de la Dreta del Eixample de Barcelona al barrio de Sant Roc de Badalona. ¿Saben los bajos de las autopistas tomadas por los inmigrantes desalojados de un instituto abandonado por el alcalde Xavier García Albiol? Sus tiendas de campaña son las vistas del estudio de Vázquez. Al gaditano, sin embargo, que tiene muchos barrios encima, nunca se le cayeron los anillos.
Fotógrafo, muralista, retratista, de 1975… Fijo que ya se tropezaron con su obra en más de una ocasión, con sus gigantescos retratos tantas veces de gente muy apurada por la vida estampada en una barbaridad de edificios fruto de acuerdos con instituciones y asociaciones. Lo suyo siempre fue la gente común. O con su mantero manta a la espalda poniendo los pies en polvorosa, uno de los principales exponentes de sus otros trabajos, los clandestinos.
Con sus carteles Teo Vázquez también reivindica uno de los rincones más dejados de Catalunya
Estamos probablemente en uno de los barrios fastidiados de Catalunya. “Sí, bueno, yo Sant Roc ya lo conocía, y enseguida me mezclé con su gente –cuenta Vázquez–, sobre todo con los gitanos y con los chinos, porque yo vivo de la gente, de sus expresiones, de sus experiencias, de sus sentimientos ¡son mi herramienta de trabajo!”. Ahora, por ejemplo, Vázquez está enfrascado en retratar retratos familiares de un montón de familias gitanas y asiáticas. De la Gipsy Land en Chinatown.

Y para meterte en tantas casas tienes que ganarte la confianza de mucha gente. No hay otra manera. Este proyecto aún está dando sus primeros pasos. A ver si luego deriva en una exposición, en un encargo, en un libro… “¿Sabes lo que pasa? que nadie hace nada por nada”. Lo que se dice por amor al arte. “Bueno, sí, a lo mejor unos cuantos, pero muy pocos ¿no? a veces tenemos que recordar que todos somos personas”.

La historia es que uno de los puntos neurálgicos de Sant Roc es la plaza Camarón de la Isla. Allí el tío Manuel, patriarca del barrio, explica que tiempo atrás una suerte de plafón recordaba al cantaor, y que hace mucho tiempo que desapareció. “Nada recuerda aquí al Camarón –lamenta el Tío Manuel, en la plaza en cuestión–, básicamente porque nadie se acuerda de nosotros ¿me entiende? nos prometieron una estatua, hace ya muchos años, nos dijeron que la iban a hacer, pero luego… De Sant Roc al final todos se olvidan, para todo”.

En verdad el Ayuntamiento de Badalona encargó a una escultora una escultura del artista, pero la pandemia, los vaivenes municipales y la falta de voluntad política lo diluyó todo. La escultura de marras acabó en un vertedero del Ayuntamiento, pero en el estudio de la escultora quedaron un montón de restos que Vázquez empleó para diseñar sus carteles, los carteles que tanto cuelgan por Sant Roc. “A nosotros nos parece muy bien –dice el patriarca–. A la gente le gustan los carteles de Teo”.
Que Vázquez con esto no gana nada, que como mucho a lo mejor una multa, que Sant Roc no está en los circuitos de los curadores, que los guiris no vienen para hacerse selfies con graffitis de fondo y colgarlas en las redes. Aquí las fotos las hacen los vecinos. Pero de este modo Vázquez le devuelve algo a la gente que lo acogió. El arte también se hace por amor al arte. Y de paso, aunque solo sea un poco, le toca las narices al poder establecido, le recuerda y refrota su desidia, su desmemoria, su desmedida procrastinación…

