De lunes a lunes y de remontada en remontada, el Girona vio cómo el Alavés, con un inmenso Lucas Boyé, frustró su triunfo después de que los rojiblancos le diesen la vuelta al tanto inicial de los babazorros.
En un ambiente festivo para los vitorianos, con la presencia del Kosner Baskonia, flamante campeón de la Copa del Rey, durante los prolegómenos del partido realizando el saque de honor, el Girona quiso vivir su propia fiesta adueñándose del balón desde el primer segundo. Míchel, por su parte, debía pensar que lo que funciona no se cambia, y alineó el mismo una vez que ganó al Barça en Montilivi. Sin embargo, los vitorianos consiguieron bajar de las nubes a los gironinas en un santiamén.
Corría el minuto cinco del encuentro cuando un cambio de orientación perfectamente ejecutado por Tenaglia habilitó a Youssef, que exprimió la línea de fondo en busca de soluciones. Con pocas opciones más allá del centro, el lateral del Alavés puso un balón en el corazón del área al que no llegaron ni Gazzaniga ni Vitor Reis (ambos pudieron hacer mucho más), provocando que Lucas Boyé empujara el balón a placer al fondo de la red. Todavía pudo ser peor para los rojiblancos, y es que solo un minuto después, el otro punta de los vascos, Toni Martínez, mandó el balón a las nubes con todo a favor después de aprovechar un grosero error del Girona en la salida de balón. El equipo de Coudet, replegado prácticamente en su área, conseguía sacar petróleo cada vez que conseguía conectarse con Boyé o Martínez.
Fue desperezándose el Girona, que merodeaba constantemente la frontal del área babazorra ante un equipo que se defendía con uñas y dientes generando la desesperación de Lemar, quien braceaba ostensiblemente, molesto ante las faltas que no señalaba Cordero Vega y que no permitían fluir al juego ofensivo de los catalanes.
Vitoria, ciudad de origen medieval, daba cobijo hasta el lunes al único equipo de la Liga que no había encajado un gol a balón parado gracias a su defensa numantina del área. Y fue el Girona quien derribó ese muro gracias a un centro con música de Tsygankov al primer palo que Witsel prolongó para que Vanat, completamente solo en el segundo, consiguiese igualar la contienda.
Míchel cambió el signo del partido dando entrada a Echeverri, Beltrán y Ounahi
Irreconocible, el Girona renunció al balón en el segundo acto, donde los locales crecieron y echaron hacia atrás a los gironins consiguiendo un córner y varias aproximaciones peligrosas en los primeros compases tras la reanudación. El susto llegó en un disparo lejano que dislocó el dedo índice de la mano izquierda de Gazzaniga, quien fue atendido por los servicios médicos del club mientras Rubén Blanco ya se vestía para salir al terreno de juego. Finalmente, el argentino pudo aguantar lo que quedaba de partido entre los tres palos para alivio de Míchel, quien agitó el avispero dando entrada a Beltrán, Echeverri y el reaparecido Ounahi.
Los cambios mejoraron la cara del Girona, que creció gracias al empuje de Echeverri y la magia de Ounahi, que se inventó un pase filtrado para Tsygankov que solo vio él. El ucraniano, con la sangre helada, regateó a Sivera para conseguir el tanto de una victoria que daba vida e invitaba a soñar. Pero Boyé, rozando el añadido, cabeceó un centro de Parada para fastidiar la fiesta de un Girona que sumó un punto en una plaza siempre complicada de torear.
