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- Autor, Redacción
- Título del autor, BBC News Mundo
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Tiempo de lectura: 6 minutos
Es la gran división del mundo musulmán: sunitas y chiitas.
La respuesta iraní a los ataques de Israel y Estados Unidos, lanzando misiles y drones a sus vecinos de mayoría sunita aliados de Washington en la región ha vuelto a poner de manifiesto que las tensiones políticas y religiosas tradicionales en Medio Oriente siguen vigentes y marcan las posturas de los diversos actores.
Para muchos analistas, las diferencias entre ambas ramas del Islam son un claro recordatorio de lo complejo de las relaciones entre los dos principales rivales en Medio Oriente: Arabia Saudita e Irán.
Antes de que los ataques combinados de Estados Unidos e Israel pusieran al régimen islámico en la cuerda floja, ambos países estaban enfrascados en una feroz lucha por el dominio regional y esta disputa de décadas se vio agravada por la división religiosa.
Cada uno de ellos sigue una rama: Irán es en gran medida musulmana chiita, mientras que Arabia Saudita se ve a sí misma como la principal potencia musulmana sunita.
Su enfrentamiento también se vio reflejado en el conflicto reciente entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza, y ahora de nuevo en la reacción de los diferentes actores a los ataques de Israel y Estados Unidos que se cobraron entre otras muchas la vida del líder supremo iraní, Alí Jamenei.
Tras el ataque que acabó con Jamenei, Hezbolá lanzó en represalia misiles y cohetes sobre la ciudad israelí de Haifa, abriendo así un nuevo foco de conflicto. Israel respondió atacando a Hezbolá en territorio libanés.
La milicia libanesa Hezbolá está formada por chiitas y es aliada del Irán de los ayatolás, que la ha apoyado y financiado durante años.
Otro grupo chiita en esta región convulsa son los hutíes de Yemen, que también son aliados de Teherán. Aunque aún no han respondido con hostilidades al ataque contra Irán, los estrategas estadounidenses e israelíes temen que acaben implicándose con ataques a los buques que transitan por el estrecho estratégico de Ormuz, como ha hecho en el pasado.
Los rivales de Irán son, en cambio, los kurdos, sunitas considerados un pueblo sin Estado que viven repartidos por países como Irak, Turquía o el propio Irán.
Grupos de opositores kurdos en el exilio dijeron a la BBC que ya han hecho planes para entrar en territorio iraní y sumarse a la lucha contra las fuerzas de los ayatolás.
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La división entre sunitas y chiitas se remonta al año 632 ya la muerte del profeta Mahoma, que derivó en una pugna por el derecho a liderar a los musulmanes que, en cierta forma, continúa hasta el día de hoy.
Si bien ambas ramas han coexistido por siglos, comparten muchas creencias y prácticas, sunitas y chiitas mantienen importantes diferencias en materia de doctrina, rituales, leyes, teologías y organización.
Sus respectivos líderes también se acostumbran a competir por influencia.
Y de Siria a Líbano, pasando por Irak y Pakistán, muchos conflictos recientes han enfatizado o incluso agravado esta división, rompiendo comunidades enteras.
Te explicamos en qué consisten estas dos ramas del Islam y sus principales diferencias.
¿Quiénes son los sunitas?
Los sunitas son mayoría entre los musulmanes -se estima que aproximadamente el 90% pertenece a esta corriente- y se ven a ellos mismos como la rama más tradicional y ortodoxa del Islam.
De hecho, el nombre de suní o sunita proviene de la expresión “Ahl al-Sunna”: la gente de la tradición.
En este caso, la tradición hace referencia a prácticas derivadas de las acciones del profeta Mahoma y sus allegados.
Así, los sunitas veneran a todos los profetas mencionados en el Corán, pero particularmente a Mahoma, quien es considerado el profeta definitivo.
Y los subsecuentes líderes musulmanes son vistos como figuras temporales.
Por lo demás, en contraste con los chiitas, los maestros y líderes religiosos sunitas han sido históricamente controlados por el Estado.
Y la tradición sunita, que tiene su máxima expresión en Arabia Saudita, también propugna un sistema legal islámico claramente codificado, así como la pertenencia a una de cuatro escuelas legales.
¿Quienes son los chiitas?
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Los chiitas empezaron como una facción política: literalmente “Shiat Ali” o el partido de Ali.
El Ali en cuestión era el año del profeta Mahoma y los chiitas reclaman su derecho, y el de sus descendientes a liderar a los musulmanes.
Ali murió asesinado como resultado de las intrigas, violencia y guerras civiles que marcaron su califato.
Y a sus hijos, Hassan y Hussein, se les les negó lo que ellos consideraron su derecho legítimo de sucederlo.
Se cree que Hassan fue envenenado por Muawiyah, el primer califa -es decir, líder de los musulmanes- de la dinastía omeya, mientras que su hermano Hussein moría, junto a varios miembros de su familia, en el campo de batalla.
Estos eventos están detrás del concepto chiita de martirio y de sus rituales de duelo.
De hecho, la fe chiita también se caracteriza por un elemento distintivo mesiánico.
Y los chiitas también cuentan con una jerarquía de clérigos que practican una interpretación abierta y constante de los textos islámicos.
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Se estima que las chiitas actualmente suman entre 120 y 170 millones de fieles, aproximadamente una décima parte de todos los musulmanes.
Son la mayoría de la población en Irán, Irak, Bahréin, Azerbaiyán y, según algunas estimaciones, Yemen.
Pero también hay importantes comunidades chiitas en Afganistán, India, Kuwait, Líbano, Pakistán, Qatar, Siria, Turquía, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.
El líder supremo iraní ejercía un notable ascendiente espiritual entre millones de chiitas que lo consideran el intermediario entre los fieles y el Mahdi, el imán oculto que según sus creencias reaparecerá al final de los tiempos.
¿Qué papel ha jugado esta división en los conflictos políticos?
En los países gobernados por sunitas, los chiitas por lo general se cuentan entre los más pobres de la sociedad y se ven a sí mismos como víctimas de opresión y discriminación.
Y algunos extremistas sunitas también han llegado a predicar odio hacia los chiitas.
La revolución iraní de 1979, por su parte, lanzó una agenda islamista radical de vertiente chiita que vino a retar a los gobiernos sunitas conservadores, particularmente en el Golfo Pérsico.
Y la política de Teherán de apoyar a partidos y milicias chiitas más allá de sus fronteras fue compensada por los estados del Golfo con más apoyo a gobiernos y movimientos sunitas en el exterior.
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Por ejemplo, durante la guerra civil en el Líbano, los chiitas adquirieron protagonismo gracias a las actividades militares de Hezbolá.
Y extremistas sunitas, como el Talibán, han hecho lo propio en Pakistán y Afganistán, donde a menudo atacan los lugares de culto de los chiitas.
Los recientes conflictos en Irak y Siria también adquirieron tintes sectarios.
Muchas sunitas se sumaron a los grupos rebeldes para combatir en esos países, reproduciendo la ideología extremista de lo que fuera al-Qaeda, grupo de vertiente sunita.

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