Escribe Honoré de Balzac en Un asunto tenebroso que la historia envejece rápidamente. Europa parece haber olvidado la tragedia que vivió hace ochenta años, pues resurge el populismo y el autoritarismo en su seno. E incluso asaltan el poder partidos que recuerdan mucho a los que nos llevaron al desastre. Como si la memoria se hubiera borrado de golpe, como si los recuerdos hubieran envejecido de arrepentimiento. Habrá que recordar a Hannah Arendt cuando en Los orígenes del totalitarismo. nos advierte que no podemos permitirnos recoger del pasado lo que era bueno y denominarlo nuestra herencia, y despreciar lo malo pensando que el tiempo lo enterrará en el olvido.
En pocas horas empezaremos un nuevo año y es bueno que recordemos que hace cuarenta que entramos en una Europa a la que pertenecemos geográficamente, pero no políticamente. Mi generación vivió este momento con orgullo, porque el camino no había sido fácil, pero al fin se reconocía a España como un país homologable a los de su entorno. Felipe González había prometido en 1982 que el país iba a cambiar y ¡vaya si lo hizo! Y lo cierto es que hemos sabido transmitir a nuestros hijos este sentimiento de satisfacción de ser europeos. En una encuesta del CIS de este verano, tres de cada cuatro ciudadanos aseguraban que pertenecer a la UE había sido positivo y dos de cada tres estaban satisfechos de su condición de europeos.
El sentimiento europeo persiste en España, donde la UE supuso un cambio a mejor
El momento que vive Europa es complicado: al trumpismo le gustaría acabar con la Unión, por eso promueve a la extrema derecha mediante las plataformas digitales. En esta tarea contribuyen las autoridades rusas con el mismo esmero, favoreciendo las noticias falsas. La UE no dispone de sus propias redes sociales, ni de buscadores de internet, ni de centros de datos, ni de nubes de computación y no compite como debería en innovación, como recordaba Andrea Rizzi recientemente. Pero toca resistir este asalto, combatirlo con inteligencia e invertir en empresas estratégicas de futuro.
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Europa anda escasa de liderazgo, pero hay que exprimir el que tenemos, recordando además que Francia es una potencia nuclear. El 2026 debería ser el año de la memoria, jamás el del olvido.
