Más que una expresión emocional, los abrazos son una experiencia corporal que influye directamente en la manera en que una persona se relaciona consigo misma y con los demás. Este gesto, cargado de significado, favorece el reconocimiento sensorial, la regulación emocional y el fortalecimiento de los vínculos sociales.
A través del abrazo, el cuerpo aprende a percibir la cercanía como algo seguro. Esto influye en la percepción corporal, en la confianza interpersonal y en la capacidad para establecer relaciones estables, explica Mónica Mayorga, psicóloga clínica.
La necesidad de un abrazo, responde al hecho de que el ser humano nace biológicamente incompleto y depende del otro para autorregularse. Desde la teoría del apego, el contacto físico afectivo —como los abrazos, las caricias o el acto de sostener— representa una señal de seguridad para el sistema nervioso, tanto en la infancia como en la adultez dice Ximena Fuentes, psicología clínica y de pareja.
Fuentes resaltan que la ausencia de contacto afectivo no siempre deja heridas visibles, pero sí puede provocar huellas internas: dificultad para regular emociones, hipervigilancia, retraimiento o patrones de apego que, en la adultez, se manifiestan como miedo a la intimidad, dependencia emocional, incomodidad con el contacto físico o necesidad excesiva de este. También puede afectar la capacidad para pedir ayuda o procesar duelos.
Desde la psicología, aclara, esto no siempre se debe a falta de amor, sino a que la persona aprendió —por experiencias tempranas— que el consuelo no llega, lo que afecta su mundo emocional y sensorial.
“Un abrazo tiene la capacidad de transmitir el mensaje de ‘estás a salvo’. En la infancia, ayuda a regular emociones, a generar seguridad ya formar vínculos; en la adultez, continúa siendo necesario para sentirse visto, sostenido y acompañado, aunque muchas veces ya no se pida de forma explícita”, afirma la psicóloga Daniella Feterman.
Por su parte, la psicóloga Luisa Riuano sostiene que los abrazos funcionan como “un bálsamo para el alma”, tal como lo describe la psiquiatra Marian Rojas Estapé. Están asociados al sentido del tacto y generan efectos fisiológicos concretos: al abrazar, se libera oxitocina —la hormona del vínculo—, disminuye el cortisol, se regula el ritmo cardíaco y se activa el sistema parasimpático, encargado del descanso y la calma.
¿Cuánto debe durar un abrazo para ser efectivo?
El contacto físico tiene múltiples beneficios, no solo en la infancia, sino también en la adultez, especialmente en quienes crecieron con carencias afectivas. Riuano aconseja:
“Los abrazos, idealmente, deben durar 20 segundos, según la investigación de Gottman y Zack”, comparte.
Estudios demuestran que, con 20 segundos de abrazo, se activa la oxitocina, lo que mejora el apego, la calma y el sentido de pertenencia.
Abrazar activa la oxitocina y genera efectos positivos en el cuerpo y la mente.(Foto Prensa Libre: Shutterstock)
¿Cuáles son los efectos de la falta de abrazos?
Cuando un niño crece con escaso contacto afectivo, puede aprender que sus emociones no importan o que pedir cariño no es seguro. En la adultez, esto puede traducirse en dificultad para confiar, para conectarse con otros o para sentirse digno de amor, explica Feterman.
Mayorga añade que, desde lo social y cultural, la disminución del contacto físico ha dado lugar a formas de vinculación más distantes, lo que incrementa sentimientos de soledad y desconexión emocional.
La falta de abrazos también puede provocar inseguridad emocional, dificultad para identificar y regular emociones, baja autoestima y vínculos afectivos inestables. En la adultez, estas carencias se manifiestan como miedo al abandono, dependencia emocional, dificultad para establecer relaciones sanas o rechazo al contacto físico.
¿Puede un abrazo influir en la calidad de una relación interpersonal?
Desde la psicología, la ausencia de abrazos y contacto físico puede tener consecuencias emocionales, neurológicas y relacionales. Un abrazo sincero, según Fuentes:
- Aumenta la oxitocina (hormona del vínculo).
- Disminuye las defensas emocionales (abre a la vulnerabilidad).
- Refuerza la sensación de vínculo (“nosotros”).
En relaciones de pareja, amistad o familia:
- Mejora la confianza.
- Facilita la reconciliación tras conflictos.
- Comunica apoyo, incluso sin palabras.
Fuentes enfatiza que, en la vida adulta, muchas relaciones no fracasan por falta de amor, sino por falta de contacto seguro.
¿Es posible “reparar” la falta de abrazos?
Aunque no se puede borrar la historia de una infancia sin contacto afectivo, sí es posible resignificar esa experiencia en la adultez. Feterman señala que promover una cultura del afecto consciente implica educar sobre el respeto al propio cuerpo, el consentimiento y la validación emocional.
“De esta forma, el abrazo se convierte en una herramienta de conexión humana que nutre el desarrollo emocional sin invadir límites, fortaleciendo relaciones más empáticas, seguras y saludables a lo largo de la vida”, concluye.

En la adultez, un abrazo sigue siendo una necesidad emocional que brinda acompañamiento. (Foto Prensa Libre: Shutterstock)
