A poco menos de quince días de las elecciones, el oficialismo sonríe. Tiene una mano la posibilidad de ganar en primera ronda, de una sola vez, los comicios presidenciales. Además, esta confianza se transmite de manera deliberada para convencer a la opinión pública de que el triunfo está asegurado y que la cita de febrero no será más que un trámite de ratificación.
Como cualquier aficionado al deporte sabe, sin embargo, los partidos hay que jugarlos, nadie gana por adelantado y los favoritos pueden acabar derrotados. La clave de todo es la masa de indecisos.seguramente más de un tercio de las personas con intención de votar. No saben por quién hacerlo e, incluso, no saben si irán a votar: ¿Desistirán porque creen que todo está decidido? Si votan, ¿lo harán mayoritariamente por los partidos de oposición o se decantarán por el oficialismo? Estas interrogantes, cuyas respuestas no son evidentes para mí, me sugiere que el pescado no está vendido del todoaunque apuntan a que su eventual venta es más que probable.
La situación actual aconseja al oficialismo mantener sin cambios una estrategia que le reporta beneficios: mantener escondida a su débil candidato para evitar que cometa errores; persistir en la ofensiva mediática y apuntalar el trabajo territorial de base para asegurar la cosecha de votos. Y que el gobierno siga anunciando inauguraciones y buenas noticias, para Dar la idea de que el país progrese.
Me he quedado esperando que alguien de los opositores presente un buen argumento a la ciudadanía sobre por qué es perjudicial que gana el continuismo. Las apelaciones al peligro autoritario apuntan a un hecho real, pero Ese peligro es aún ajeno y abstracto para las mayorías. La denuncia de que el gobierno es malcriado y grosero es cierto (pocos se atreven a decir que la pachotada es una virtud) pero tal parece que la grosería es vista por muchos como un mal necesario. Y las promesas de leche y miel no alcanzan para diferenciarse, pues todo candidato promete a manos llenas. ¿Entonces qué?
Frente al “si quiere cambio, vote por la continuidad” que propuso el oficialismo, no se ha elaborado una respuesta que haya desbaratado esa contradictoria afirmación. Queda poco tiempo para hacerlo, pero algo queda, por lo menos para atraer a los indecisos a las urnas mediante un esfuerzo final. Veremos cuáles son los argumentos de cierre, la última bala en la cartuchera.
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Jorge Vargas Cullell es sociólogo.