Carlo Giacomo Angrisano Girauta podría ser el nombre de un personaje de un culebrón turco. Carlo Giacomo es hijo de un almirante italiano y el culebrón está servido, pero en Génova 13, la sede del PP. Angrisano es el exsecretario general de las juventudes del PP que este fin de semana ha dado un portazo al partido que lo vio crecer para pedir el voto “sin rodeos” a Vox. La algarabía de las redes sociales ha sido inmediata. Ahí, Angrisano es simplemente “el sobrino” de Juan Carlos Girauta, eurodiputado de Vox; y, desde hace unos meses, amante esposo de una rica guayaquileña con la que vive en Ecuador, a pesar de cobrar como asesor del PP en el Parlamento Europeo.
Mientras los sondeos certifican cómo aumenta la desafección de los jóvenes hacia la política, Angrisano destaca como protagonista interpretando al clásico vividor institucional. Su currículum laboral (no el político) sonroja tanto como su vídeo de despedida del PP. Poco más de un minuto es suficiente para desatar la polémica del día en la derecha. Se escuda en unos supuestos “principios” que le llevaron a hacer carrera en las filas populares y que ahora le llevan a lanzarse a los brazos de Santiago Abascal. Cambio de chaqueta…
La escuela de interpretación la tenía en casa. El otro Girauta, su tío, militó en el PSC, después fue candidato del PP al Parlament de Catalunya y en el Congreso, aunque no obtuvo escaño. A continuación se incorporó a Ciudadanos. Allí fue, primero, eurodiputado y, después, portavoz en el Congreso. Y, en marzo del 2024, se apuntó a Vox para volver a ser eurodiputado, pero en otro grupo.
Nuestro protagonista se afilia al PP de Barcelona siendo un adolescente y escaló posiciones de la mano de Teodoro García Egea, aquel secretario general de los populares campeón en el lanzamiento de huesos de oliva. Angrisano ya había echado el ojo a un escaño en la Eurocámara, pero su amigo de las olivas había caído en desgracia tras la operación fallida para derrocar a Isabel Díaz Ayuso. Al final, aunque no tuvo sitio en las listas, le premiaron con un puesto de asistente. Según el Parlamento Europeo, un colaborador personal de eurodiputado español puede cobrar un máximo de 9.666 euros mensuales.
El vídeo viral del adiós de la “joven promesa” recibió una respuesta despectiva del PP y la ironía del siempre atento Óscar Puente. Según los populares, “llevaba tiempo sin trabajar, al menos para el PP. Si a partir de ahora trabaja para Vox, al menos sabrá lo que es cobrar por hacer algo”. Y el ministro comenta la jugada con un bol de palomitas sobre el regazo: “A alguien en el PP le ha parecido una buena idea difundir que tenían de secretario general de NNGG a un vago con pocas luces”.
La hemeroteca digital vuelve a ser una mina para el espectador politizado y para el contrincante político. Hace un año, eran las juventudes del PP las que acusaban de vagancia a Santiago Abascal y las juventudes del PSOE lo airean: “El PP trabaja para el cambio que España necesita. Tú no trabajas”, dijo un tuit de NNGG de respuesta al líder de Vox. “A ver si va a ser verdad eso de que los jóvenes del PP son de ultraderecha”, apostillan.
Pero volvamos al culebrón. Jon Echeverría, ONU nuevas habitual de Espejo Públicosostiene que a Angrisano “le quitan el puesto de asesor en Bruselas, y el tránsfuga Girauta, que es su tío, le ofrece acomodo en Vox. El precio a pagar de este alojamiento es el vídeo y el escándalo” en el tramo final de la campaña electoral de Castilla y León. Como no puede ser de otra manera, Agrisanto lo niega y se pasa los 15 minutos de gloria respondiendo con un “quizás” a la pregunta de si ingresará en Vox. La chaqueta mutante de los Girauta…
Las ramas juveniles de los partidos siempre han sido la plataforma para lanzar campañas irreverentes que, bajo siglas de partidos gobernantes, no se podían asumir. “Es cosa de los jóvenes”, era la frase escrita en el argumentario. Cuando los partidos tradicionales han convertido las redes en un escenario de rebelión —en el estercolero— de la granja, las juventudes ya solo aspiran al acomodo político y un buen sueldo. Las jóvenes promesas en el PP las carga el diablo. Recuerden a Noelia Núñez y su currículum mutante. Pero también en Vox, que acabó el 2025 con dimisiones y denuncias ante la fiscalía por envío de fondos recaudados para las víctimas de la dana. Abascal declaró la guerra a Revuelta, que actuó de facto como enlace juvenil.
El estado de la cuestión en el flanco derecho español da para más capítulos y los resume el diputado de Más Madrid @hugomabarca: “Tiene Ayuso a su partido en guerra civil (pocholos vs pancetas, el alcalde de Móstoles, Serrano…). Vox tiene a Ortega Smith y Antelo en armas, dimisiones con firma falsa, grupos municipales rotos. Al PP se le va el niñato ultra que pusieron de jefe de NNGG. Y lo que queda”. En el próximo capítulo…

