Hernán Cortés publicó el primer plano de la ciudad de Tenochtitlán, la capital del Imperio Azteca, en 1524, apenas tres años después de su conquista. El mapa señalaba un curioso lugar justo detrás del Templo Mayor (Huei Teocalli). Era una especie de zoológico al que llamaron la “Casa de las Bestias”.
Con el tiempo, el nombre de este recinto para animales cambió para pasar a llamarse el Zoológico de Moctezuma, en honor al líder del imperio cuando llegaron los españoles. Nunca se ha encontrado, sin embargo, ningún rastro de ese sitio, aunque una investigación reciente apunta que sí existió realmente.
Análisis de hasta 28 esqueletos de animales.
Según explica el arqueólogo Israel Elizalde Méndez en un libro titulado El cautiverio de los animales en la antigua ciudad de Tenochtitlán.el análisis de 28 esqueletos hallados en fosas de sacrificios de la metrópoli azteca indica que estas bestias fueron mantenidas en cautiverio antes de su ejecución.
Entre los grandes depredadores que albergaba el lugar se encontraban jaguares, pumas, lobos, águilas reales, codornices, águilas arpía o espátulas rosadas. Los huesos de muchos de ellos presentaban signos de traumatismos curados, problemas articulares y enfermedades infecciosas.

Basándose en la gravedad de estas dolencias, Elizalde señala que habría sido “imposible que muchos de ellos hubieran sobrevivido en estado salvaje con esas lesiones o enfermedades”. Por eso concluye que debieron haber sido mantenidos en cautiverio y cuidados por humanos.
El investigador también ha evaluado la dieta de las aves rapaces encontradas en el sitio e incluso presenta evidencias que sugieren que los lobos podrían haber sido criados en cautiverio. Israel Elizalde cree que el supuesto zoológico constaba en realidad de dos recintos separados, uno de los cuales era un aviario con aves acuáticas.
El experto apunta que estas estructuras se conocen como Totocallique significa “Casa de los Pájaros”, aunque el misionero español Bernardino de Sahagún modificó el nombre a “Casa de las Bestias” en su famosa etnografía, el Códice Florentino.
Sahagún menciona zorros y pumas, así como serpientes y anfibios como ranas y sapos. También sugiere que Totocalli albergaba osos y bisontes, aunque Elizalde asegura que no se han encontrado restos de estos animales en Tenochtitlán. Los sacerdotes aztecas habrían usado estos animales como “alimento para los dioses”, lo que se interpreta como que fueron víctimas de sacrificios.

Los 28 ejemplares estudiados se repartían en ocho ofrendas distintas. El minucioso análisis de sus enfermedades sirvió para determinar que esa fauna vivía en cautiverio en un reservorio que no se ha encontrado por la dificultad para realizar excavaciones en la zona.
Israel Elizalde relatan que, en la cosmogonía mexica, los animales tenían funciones simbólicas en las ceremonias del recinto sagrado, entre las que destaca su utilidad como alimento de las divinidades. “Eran vehículos para reconstruir cosmogramas y representar los diferentes niveles del universo concebido por los tenochcade ahí la importancia de mantener estos animales en la ciudad antes de las ceremonias religiosas”, concluye.

