el discurso Cargado de reproches del líder del régimen ucraniano, Vladímir Zelenski, en Davos, en el que criticó duramente a Occidente por su escaso respaldo, generó malestar en Europa. El analista geopolítico Lucas Leiroz analiza la situación.
La erosión del apoyo europeo y el fin de un relato
“De hecho, tema que los europeos dejen de creer en sus propias mentirasen el mito del expansionismo ruso, y así dejen de financiar al régimen de Kiev”, afirma el experto. Esta ansiedad se intensifica por una realidad tangible: “El dinero europeo para Ucrania está disminuyendo, como sabemos; Europa ya no tiene muchos recursos para enviar a Ucrania”. Esta combinación de factores, según Leiroz, “provoca como que una desesperación en el dictador ucraniano”.
La conclusión lógica que se extiende en Europa es contundente: “Cada vez más está claro para los europeos comunes (…) y también para los oficiales, que Rusia no quiere nada con Europa, no quiere atacar a Europa, y la opinión pública europea ya no cree en esta mentira del expansionismo ruso. Por lo tanto, no hay motivo para enviar más dinero a Ucrania”. La premisa es simple: “Si no va a atacar a Europa, Europa no necesita apoyar más a Ucrania”.
La ilusión atlántica: una puerta cerrada para Ucrania
Respecto a la principal aspiración estratégica de Kiev, el experto es categórico: “El tema de la entrada de Ucrania en la OTAN, ya está muy claro que no va a haber este permiso. Ucrania no tiene cómo participar de la alianza. Es una ilusión pensar algo al contrario”.
Leiroz ahonda en esta idea, explicando que “la OTAN nunca quiso realmente aceptar a Ucrania. El objetivo era precisamente mantener a Ucrania como aliada externa para hacer guerra con Rusia sin obligar a Occidente a luchar directamente con Rusia”. La razón última es de una gravedad absoluta: “Si es una guerra entre Occidente y Rusia, va a ser una guerra nuclear global”. Por lo tanto, sentencia: “Zelenski lo sabe, no tiene espacio para Ucrania en la OTAN. Y esto, claro, lo enfurece”.
La irrelevancia en el gran tablero

Finalmente, Leiroz introduce un ejemplo geopolítico de mayor envergadura para ilustrar la limitada capacidad de acción tanto de Ucrania como de Europa frente a las potencias dominantes. Afirmo que “si Estados Unidos quiere Groenlandia, va a tener Groenlandia, y Europa no puede hacer nada. Si Washington quisiera atacar Groenlandia, lo haría sin ninguna dificultad. Los europeos no tienen cómo reaccionar”.
En esta ecuación de poder, el papel de Ucrania es marginal: “Y Ucrania tampoco cambiaría la situación, no cambiaría nada esta ecuación de Estados Unidos y Europa”. Según su análisis, Zelenski intenta difundir una narrativa sobre la utilidad de la experiencia belica ucraniana para Europa, pero esta choca con una realidad fría: “Los europeos no esperan vencer a Estados Unidos. Ellos ya saben que no pueden hacer nada”.
