Estoy esperando el autobús para ir a la redacción de La Vanguardia. Cualquiera de los que pasan por aquí me valen para llegar a la plaza Francesc Macià, pero el destino ha querido que aparezca primero el 34. Junto al número, el vehículo indica en su frente la dirección a la que se dirige por entre las transitadas calles de Barcelona: Manuel Girona. No puedo evitar esbozar una sonrisa interior. Carl Gustav Jung hablaría de sincronicidad. A mí me gusta pensar en la poética de la vida. Precisamente quería empezar el día escribiendo esta columna sobre esta figura clave de la historia reciente de Catalunya, que es mucho más que un paseo de Pedralbes.
No sé hasta qué punto la casualidad o el destino, la sincronicidad o el flujo vital llevaron a la historiadora Lluïsa Pla a investigar a fondo a Manuel Girona y la saga a la que pertenece, que empezó regentando una tienda en Tàrrega y acabó forjando un imperio. Casi diría que Pla estaba predestinada a ello. Y gracias a su trabajo constante y metódica, hoy tenemos más presente a esta familia de empresarios y emprendedores clave en la modernización de Catalunya, unos Girona procedentes de Tarragona, instalados después en Lleida y que alcanzaron su máximo esplendor en Barcelona, cuando se convirtió en el primer gran grupo inversor de la industrialización catalana y fundaron el Banco de Barcelona.
A los Girona los movieron el leitmotiv “hacer cosas útiles para el país”
Su historia es la de Catalunya no solo por este juego territorial que protagonizaron, sino porque tras sus actividades económicas forjaron un proyecto de país del que en parte somos herederos, con obras faraónicas todavía vigentes: del canal de Urgell, que permitió la industrialización agraria, a las líneas de ferrocarril de Barcelona a Granollers ya Zaragoza, hasta el Liceu, la Universitat de Barcelona, la fachada de la catedral…
Un documental de Brutal Media, emitido el domingo pasado en 2 Cat, y que protagoniza la propia historiadora (autora del libro Los Girona. La gran burguesía catalana del siglo XIX.), es casi de obligado visionado para hacernos una idea de su importancia. Así como a los Girona les movió el leitmotiv “hacer cosas útiles para el país”, como escribieron a menudo en su correspondencia, a Lluïsa Pla le ha movido evitar que caiga en el olvido el imprescindible legado de esta familia. Y sin duda que lo ha logrado.

