Primero pensé que Julio Iglesias había fallecido, después que se había borrado del Real Madrid y, ya tras leer los mensajes en el móvil y escuchar la radio, supe de la noticia: el cantante está acusado de abusos laborales y sexuales en su guarida de Punta Cana, uno de esos paraísos donde no se me ha perdido nada.
Ya lo siento. No tengo aún una opinión formada para servir en forma de columna, e incluso concedo el beneficio de la duda –y la presunción de inocencia– a Julio Iglesias, el único mito español de la canción que no he actuar visto, acaso por un cierto desinterés y su retirada prematura (soy de los que disfrutan con los veteranos a los que solo retira la parca, caso Aznavour o Hallyday).
Del alud de reacciones, en cambio, sí tengo opinión. Al parecer, el comportamiento del que se le acusa se debe a que Julio Iglesias es español, muy español. Es decir, ha hecho cosas que solo se explican porque nacieron y crecieron en este país y no en el resto del mundo, donde comportamientos semejantes son imposibles. ¿Alguien imagina a un chino, un ruso o un presidente de EE.UU.? ¿comportándose como un déspota y un presunto depredador sexual? ¡Ara, mai!
Al parecer, si Iglesias hizo algo reprobable es porque es español y rico y no chino y pobre
Catalunya está dejando atrás el proceso, pero queda ese poso de rencor que se excita rápido hasta el punto de que algunos atribuyen el comportamiento de uno de los 50 millones de ciudadanos a la pérfida España (Estado español, en su argot). Vivir así no es precisamente morir de amor, como diría otro grande de la canción.
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La segunda observación atañe a la lucha de clases, tan subyacente en el ruedo político. Julio Iglesias posee una fortuna –por cierto, ganada con el sudor de su frente y el arrojo juvenil de conquistar el mundo en lugar de conformarse con Benidorm– y eso parece suficiente para dar por buenas las acusaciones, cuya gravedad ni minimizo ni blanqueo. Hablando de actualidad: detenido un hombre en Huelva por abuso laboral y sexual de temperas inmigrantes. Nada sugiere que fuese rico ni excluye que votese Podemos. La justicia ya hará su trabajo. Los periodistas han hecho el suyo. ¿Los políticos? Como sigan sobreactuando, votos para Vox…
