La salud digestiva ya no se mira solo por “ir al baño”: también se relaciona con la energía de todos los días y cómo te sentís. En ese tema, cada vez se habla más de la microbiotael conjunto de bacterias del intestino que cambia según lo que comemos.
Cada vez más estudios confirman que la alimentación impacta en el sistema inmunológicoen los niveles de energía e incluso en el estado de ánimo. En ese contexto, la microbiota intestinal pasó a ocupar un rol central en la conversación sobre bienestar y prevención de enfermedades.
La microbiota está formada por billones de microorganismos que habitan en el intestino y cumplen funciones esenciales. No solo participa en la digestión y absorción de nutrientes, sino que también influyen en procesos hormonales, inflamatorios y neurológicos que afectan la salud cotidiana.
Sin embargo, muchas personas aún desconocen cómo cuidar ese ecosistema interno. Dietas ricas en ultraprocesados, azúcares refinados y pobres en fibra alteran el equilibrio bacteriano y pueden generar insuficiencia, fatiga persistente y mayor predisposición a enfermedades.
“Nadie habla de esto, pero es lo que realmente marca la diferencia”, sostiene Julia Farrénutricionista especializada en alimentación y salud digestiva. Según explica, la microbiota tiene necesidades propias que muchas veces no coinciden con los hábitos alimentarios actuales.
Farré señala que en el intestino viven trillones de bacterias que regulan la digestión, la absorción de nutrientes y la respuesta inmune. Además, cada vez hay más evidencia de su vínculo con el estado de ánimo y la sensación de bienestar general.
El principal problema, advierte la especialista, es el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados y azúcares refinados, combinados con una ingesta insuficiente de fibra. Esto reduce la diversidad bacteriana y favorece desequilibrios que afectan el funcionamiento del organismo.
Afortunadamente, pequeños cambios sostenidos en la alimentación pueden generar mejoras significativas. La clave está en priorizar alimentos que sirvan de “combustibles” para las bacterias beneficiosas y reducir aquellos que alteran el equilibrio intestinal.
Entre los alimentos más recomendados se encuentran los ricos en fibra vegetalcomo frutas, verduras y legumbres. Estos productos actúan como prebióticos, es decir, alimentan a las bacterias buenas y favorecen su crecimiento y diversidad.
Los alimentos fermentados cumplen un rol complementario. Yogur, kéfir y chucrut aportan probióticos naturales que ayudan a reforzar la microbiota y mejorar la digestión, especialmente cuando se consume de forma regular y como parte de una dieta equilibrada.
Los cereales integrales, como avena, arroz integral, pasta y pan integral, también son fundamentales. Además de aportar fibra, promueven una mayor diversidad microbianaun factor clave para mantener un intestino saludable y resistente a desequilibrios.
“Incorporar estos alimentos de manera constante ayuda a reducir la inflamación, mejorar la digestión y fortalecer el sistema inmunológico”concluye Farré. La constancia, más que las soluciones rápidas, es el factor decisivo para cuidar la microbiota.
Cuidar la microbiota no implica restricciones extremas, sino decisiones conscientes y sostenidas. Una alimentación variada, rica en fibra y productos naturales puede marcar una diferencia profunda en la salud a largo plazo.
