La participación del Invima en un encuentro empresarial con más de 80 compañías farmacéuticas de la India, organizado esta semana con el acompañamiento de la Embajada de la India en Colombia, reabrió un viejo debate en el país: hasta qué punto la apertura a grandes productores internacionales de medicamentos puede coexistir con la política de soberanía farmacéutica y reindustrialización que el propio Gobierno ha dicho impulsar.
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Varias publicaciones oficiales del Invima sobre el evento —que incluyó una rueda de negocios y espacios de articulación con empresarios indios— destacaron el carácter “estratégico” del encuentro, la importancia de la regulación construida “en articulación y confianza” y el potencial para generar alianzas comerciales, transferencia tecnológica, cooperación técnica e inversión responsable. En los mensajes institucionales, la India fue presentación, una vez más, como “la farmacia del mundo”, un actor central en la industria farmacéutica global.
Sin embargo, lejos del tono diplomático y optimista de los comunicados y publicaciones oficiales, EL TIEMPO conoció que entre varios actores de la industria farmacéutica nacional crecía el descontento. Para algunos fabricantes colombianos, estas reuniones se ven como una señal contradictoria en un momento en el que el propio Estado ha reconocido a la industria farmacéutica local como estratégica y ha insistido en la necesidad de fortalecer capacidades productivas internas para garantizar la seguridad sanitaria.
En la imagen Sandra Montoya, directora de Medicamentos y Productos Biológicos durante el encuentro. Foto:Invima
“La soberanía farmacéutica no es un discurso”
Consultados por EL TIEMPO, la Asociación de Industrias Farmacéuticas en Colombia (Asinfar) fue una de las voces más enfáticas en advertir sobre los riesgos de este tipo de acercamientos si no se dan en condiciones de competencia equilibrada. En un comunicado, el gremio recordó que la pandemia dejó una lección inequívoca: la capacidad de producir medicamentos no es solo un asunto comercial, sino un componente esencial de la seguridad sanitaria de los países.
Según explica Asínfar, organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud hicieron un llamado explícito a los Estados para fortalecer la producción local de medicamentos como condición necesaria para garantizar el abastecimiento, la resiliencia de los sistemas de salud y la autonomía sanitaria. Colombia, señala el gremio, acogió ese llamado de manera progresiva, tanto en el gobierno anterior como en el actual, con instrumentos de política pública que reconocen a la industria farmacéutica como un sector estratégico.
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En ese contexto, el gremio subraya que el país hoy cuenta con la capacidad de producir, como producto terminado, los medicamentos básicos y esenciales que requiere su población, bajos estándares técnicos y sanitarios rigurosos. Esa capacidad, advierte Asinfar, no puede verse erosionada por dinámicas de competencia estructuralmente asimétricas.
“El fortalecimiento de esta industria debe darse en un entorno de competencia equilibrada”, sostiene el comunicado, que alerta sobre los riesgos de importar medicamentos terminados —que se fabrican o se pueden fabricar localmente— desde países que subsidian directa o indirectamente su producción. Para el gremio, estas prácticas generan distorsiones que afectan el empleo formal, la estabilidad económica del sector y, en el largo plazo, la seguridad sanitaria del país.
El temor al ‘dumping’ ya la desindustrialización
Aunque el comunicado no menciona países específicos, en el sector farmacéutico colombiano la referencia es clara: la industria de la India, con su enorme escala de producción y apoyo estatal, ha sido históricamente señalada como un competidor difícil de enfrentar para fabricantes locales de países de ingresos medios.
Desde la perspectiva de Asinfar, el costo no puede ser el único criterio en la toma de decisiones en sectores estratégicos. La experiencia internacional, insiste el gremio, demuestra que priorizar únicamente el precio puede terminar debilitando capacidades productivas que luego resultan indispensables en situaciones de emergencia sanitaria.
La industria farmacéutica nacional, recuerda Asinfar, produce cerca del 70% de las unidades de medicamentos que consume el país y genera entre 60.000 y 70.000 empleos directos formales, altamente calificados. Preservar esa capacidad no es solo una decisión económica, sino una decisión estratégica coherente con el marco normativo vigente y con la responsabilidad de garantizar el derecho a la salud.
Asinfar agremia a algunos de los más grandes actores de la industria farmacéutica en el país. Foto:Asínfar
Una inquietud similar fue expresada por la Asociación Colombiana de la Industria Farmacéutica (Ascif). Su directora ejecutiva, Clara Isabel Rodríguez, aseguró que la industria farmacéutica nacional desconoce cuáles son las relaciones comerciales que actualmente se estarían adelantando con compañías de la India.
Clara Isabel Rodríguez, directora de la Asociación Colombiana de la Industria Farmacéutica (Ascif). Foto:ascif
“Nos llama mucho la atención que esta situación de relaciones comerciales o de búsqueda de aperturas de mercado de empresas de la India tenga algún efecto sobre la producción que realiza la industria farmacéutica nacional con altos estándares de calidad”, afirmó. Según Rodríguez, hasta ahora no existe conocimiento de estrategias de inversión ni de alianzas productivas con el sector local, lo que incrementa la preocupación.
Para Ascif, el riesgo está en que se promueva el ingreso de empresas que únicamente importan medicamentos terminados, sin generación de empleo directo ni desarrollo industrial en el país. “Permitir alentar el ingreso de farmacéuticas que vienen solamente a traer medicamentos, sin la generación de industria, sería realmente un riesgo para la seguridad sanitaria”, advirtió la directiva.
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Rodríguez destacó que la industria farmacéutica nacional abastece cerca del 90% de los medicamentos que se consumen en el sistema de salud y que ha venido acogiéndose paulatinamente a las políticas de regulación de precios. En su concepto, los problemas recientes de desabastecimiento no están asociados a fallas en la producción local, sino al flujo de recursos dentro del sistema de salud.
La defensa del Invima y el contexto histórico.
Desde el Gobierno, la lectura es distinta. En entrevista con EL TIEMPO, el director del Invima, Francisco Rossi, defendió el papel histórico de la industria farmacéutica de la India y rechazó la idea de que el encuentro empresarial tenga como objetivo facilitar una avalancha de medicamentos importados.
Rossi recordó que la industria india jugó un papel decisivo en la respuesta global a la pandemia del VIH, al posicionar los medicamentos genéricos en un momento en el que los tratamientos eran inaccesibles para los países pobres. “La diferencia entre la mortalidad masiva que teníamos antes de que hubiera medicamentos y la posibilidad de que los países pobres tuvieran tratamientos fue la llegada de los genéricos de la India”, señaló.
Francisco Rossi, director del Invima. Foto:César Melgarejo. EL TIEMPO
El director del Invima también subrayó que Colombia ha tenido medicamentos genéricos de origen indio desde el siglo pasado y que la cooperación con ese país no es nueva. Incluso relató su participación personal en negociaciones regionales para la compra de antirretrovirales, que incluyeron a países como México, Brasil y Colombia, y que —según dijo— impulsaron el desarrollo de la industria de genéricos en América Latina.
“Colombia y Brasil resolvieron su problema de VIH con genéricos hechos en Brasil y en Colombia, con participación de la industria de la India”, afirmó Rossi.
Frente a las críticas de los gremios, Rossi fue enfático en afirmar que, si algo puede cuestionarse al actual Gobierno, es precisamente estar privilegiando la producción local. Según explicó, esa postura no obedece a una convicción ideológica, sino a decisiones explícitas de política pública.
El director del Invima recordó que el Gobierno adoptó dos lineamientos centrales: la reindustrialización y la soberanía farmacéutica. En esa dirección, mencionó disposiciones incluidas en el Plan Nacional de Desarrollo, documentos Conpes y proyectos concretos para la construcción de plantas de producción de vacunas y la fabricación de medicamentos estratégicos.
“Si por algo se puede criticar a este gobierno es por estar privilegiando la producción local sobre los productos importados”, sostuvo Rossi, al tiempo que reconoció medidas que siempre habrá sectores que reclamen mayores proteccionistas.
No obstante, también admitió que la relación del Gobierno con los gremios nacionales ha sido cercana y abierta, incluso al punto de poder ser considerada desequilibrada. “No manifestamos ninguna culpa, es una decisión de política pública”, afirmó.
Encuentro entre empresarios farmacéuticos de la India y el Invima. Foto:Invima
En todo caso, para los gremios, la señal que envía el Estado al respaldar encuentros con grandes productores internacionales, sin un mensaje claro sobre la protección y el fortalecimiento de la industria local, puede interpretarse como una amenaza a un sector que el propio Gobierno ha reconocido como estratégico.
Desde el Invima, en cambio, se insiste en que la regulación, la cooperación internacional y la apertura a la transferencia tecnológica no son incompatibles con la reindustrialización ni con la autonomía sanitaria.
El debate, por ahora, sigue abierto. Mientras el Gobierno defiende su política de fortalecimiento productivo y minimiza los temores de una apertura indiscriminada, la industria farmacéutica nacional pide coherencia, reglas de juego claras y un respaldo más explícito frente a competidores globales con ventajas estructurales.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medio Ambiente y Salud
@CaicedoUcros
