Para los aficionados al automovilismo, la triple corona consiste en ganar el Gran Premio de Mónaco, las 500 Millas de Indianápolis y las 24 horas de Le Mans. Solo Graham Hill, si no pensamos en equipos y relevos, la posee.
Para los aficionados a la historia, la triple corona es la tiara papal o bien la corona del emperador de Occidente. El Sacro Imperio, ya lo sabes.
El día de Navidad del año 800, en Roma, el papa León III coronó con toda la pompa emperador a Carlomagno. Desde el 476, el Occidente cristiano carecía de emperador propio. Y fue Alcuino de York, entre otros, quien trabajó y conspiró para que el cetro imperial acabase en las sienes del rey de los francos.
En el año 775, cinco años antes, ya había tomado posesión Carlomagno de la corona de hierro de los lombardos de Italia, que se suponía que estaba hecha de uno de los clavos de la crucifixión de Jesucristo, desenterrado en el Gólgota por santa Helena, la madre de Constantino.
La foto que simboliza este desdichado 2025 es la de Trump luciendo la tiara papal
A esa corona de hierro, el ya proclamado como augusto, grande y pacífico rey emperador, añadió, dice la tradición, una segunda corona de plata y una tercera de oro. Es un mito histórico sin base real, pero el caso es que sirvió para crear la tiara papal, el emblema de los pontífices de la Iglesia que simboliza el poder terrenal, el de administrar justicia y el poder espiritual. La tiara papal, con sus ínfulas añadidas, que todavía luce en el escudo del Vaticano, la dejó de utilizar Pablo VI, que fue el último en portarla. Y es el símbolo por excelencia del Triregnum que acumula el papado, con sus poderes entre este mundo terrestre y el otro. Muchas tiaras papales se han perdido, sobre todo porque, tras el saqueo de Roma por la soldadesca del emperador Carlos, Clemente VII se fundió (literalmente) las tiaras, para pagar el rescate que el Austria le impuso en moneda contante y sonante.
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Siempre ha habido disonancias entre el poder espiritual y el terrestre. Por eso, ahora que mañana acaba el año, creo que la foto que simboliza este desdichado 2025 es la que Trump publicó con él mismo luciendo la tiara papal, en una imagen creada por inteligencia artificial (otro símbolo de nuestro tiempo) y que resume, mejor que ninguna otra cosa, que no hay honores suficientes para ego tan desmesurado. ¡Muy feliz año, pese a todo!
