Balcázar solo tiene una tarea para su gobierno provisional: garantizar un proceso democrático en estas elecciones presidenciales y congresos, ya que evidentemente tiene influencia innegable en el proceso electoral en marcha. En consecuencia, si quiere hacer algo en menos de seis meses, debe garantizarnos a todos los peruanos la transparencia y la neutralidad. Ello solo si desea realmente tener un paso por Palacio relativamente digno.
Es evidente que su designación es estrictamente política y tiene una agenda específica que se construye sobre la narrativa de que el poder está nuevamente en manos de “la izquierda radical”. Se va a generar miedo y pánico para que quienes están en el poder tras bambalinas responsabilicen del desmadre a la “izquierda radical” y así tengan el argumento para exigir que les endosen los votos por el peligro que representan elegir a cualquier opción de izquierda, a la que estigmatizan y ponen como “el cuco” de estas elecciones.
Todo esto lo hacen porque son conscientes de que el Perú cuenta con un voto antisistema importante que, a la hora de la verdad, opta por un candidato irreverente contra el statu quo. Basta con que tenga el discurso antisistema y, si sabe comunicarlo, tiene garantizados los votos para pasar a la segunda vuelta. Ese voto de protesta siempre viene del sur andino con una fuerza inusitada que al final resulta decisiva para obtener un resultado electoral favorable. Recuerden, si no, cómo lograron el objetivo desde Toledo, pasando por Humala, el propio PPK, Verónika Mendoza, Vizcarra y el mismo Pedro Castillo.
Así que es indudable que en estas elecciones el voto del sur andino tenga una importancia particular, puesto que hasta el día de hoy ninguno de los candidatos ha logrado desprenderse del bloque del 10%. Con ello, se puede afirmar que son candidaturas endebles y que recién el panorama electoral se va a decantar en las próximas semanas.
El horizonte electoral es de incertidumbre y deja la cancha electoral pareja para que cualquiera de los candidatos pueda despuntarse y llegar a una segunda vuelta con muchas posibilidades de ganar las elecciones. Mientras tanto, en el Congreso juegan en pared, tratando de responsabilizarnos de sus propios pecados cuando los responsables directores de esta tragedia que vive el país son este Congreso de impresentables que ya entra en cuenta regresiva.
