Los caballos volvieron a galopar entre imponentes llamas el viernes en una tradición anual de siglos de antigüedad en el pueblo abulense de San Bartolomé de Pinares que se celebra para honrar a San Antonio Abad, el santo patrón de los animales. Miles de visitantes se han desplazado a esta localidad de 500 habitantes para contemplar el paso del centenario de equinos entre hogueras, un ritual no exento de controversia.
Las bajas temperaturas no han conseguido aplacar el ánimo de quienes han participado en el desarrollo de esta fiesta declarada de Interés Turístico Regional que, este año, ha contado con una mayor influencia de público, al coincidir en viernes. Así lo ha confirmado la alcaldesa del municipio, María Jesús Martín, que ha comentado que los asistentes “se han triplicado” respecto a cuando esta tradición se desarrolla entre semana.
Como cada 16 de enero, día anterior a la festividad de San Antón, esta pequeña localidad situada a unos 25 kilómetros al este de la capital abulense, se ha sumergido bajo una espesa nube de humo procedente de la veintena de ‘luminarias’ distribuidas por sus adoquinadas cuestas. Por ellas han ido pasando más de un centenar de equinos que han participado en una especie de procesión, encabezada por un mayordomo y los dos jurados, tras recibir la correspondiente bendición del párroco, en medio de un espeso humo. Asimismo, se han repartido los dulces típicos de la zona, junto al vino que ha sido degustado directamente desde la botella.
Los primeros registros de esta tradición datan del siglo XVIII. El objetivo inicial de esta costumbre era proteger al ganado de las epidemias que diezmaban la población, mediante el uso del humo purificador procedente de las ‘luminarias’, algunas de enormes dimensiones, que se han ido formando en los últimos días con las escobas, retamas y piornos recogidos por los vecinos en los bosques más próximos.

Los montones eran tan grandes que en algunas zonas costaba poderse mover, tratando de sortear por una parte al numeroso público, por otra a las grandes hogueras y finalmente la acumulación de aquello que ha avivado unas llamas aplacadas por el agua arrojada a su interior para que el humo se convierta en el gran protagonista de esta noche mágica.
Los otros protagonistas han sido los caballos y sus monturas, que han recorrido cada una de las más de veinte ‘luminarias’ repartidas por las calles, en unos casos pasando junto a las hogueras y en otros atravesándolas. Y es que, la Asociación Nacional para la Protección y el Bienestar de los Animales (ANPBA) volvió a solicitar el jueves que ningún equino fuera obligado a atravesar la ‘luminarias’, respetando a los animales ya una costumbre que tiene su principal motivación en la purificación de los ejemplares a través del humo.
Esta petición no siempre ha sido secundada por los jinetes, que también han sido animados por los espectadores para saltar o atravesar las llamas, generando unas imágenes espectaculares para los numerosos reporteros gráficos, algunos de los cuales proceden de diferentes partes del planeta.
El público ha tenido que refugiarse en calles cercanas huyendo de situaciones en las que resultaba difícil respirar.
Teniendo en cuenta el fuego y, sobre todo, el humo, los jinetes se han cubierto el cuerpo y, en especial, la cara, con pañuelos o mascarillas, para que la nube procedente de las llamas no les afectará, al igual que el público, que ha tenido que refugiarse en calles cercanas huyendo de situaciones en las que resultaba difícil respirar.
De esta manera, ha vuelto a cumplirse una tradición con más de dos siglos de existencia, que San Bartolomé de Pinares ha sabido preservar, hasta convertirse en la primera celebración popular de cada año en la provincia de Ávila.
En esta ocasión, el tradicional ambiente festivo ha sido muy superior al de otros años, al tener lugar en el día anterior al fin de semana, lo que ha atraído a más personas que de costumbre, pese a las frías temperaturas, según ha destacado la regidora.
Una vez finalizada la procesión de los equinos, tras varias vueltas a un recorrido de hogueras que se han ido consumiendo, la fiesta ha seguido durante la noche con la degustación de panceta, morcilla y chuletillas en plena calle, aprovechando los rescoldos y las brasas que han dejado las ‘luminarias’. Así han repuesto las fuerzas los vecinos y visitantes que han seguido con la celebración, antes del día grande, con motivo de la festividad de San Antón.
