Diciembre funciona bajo sus propias reglas. Es un mes donde la vida social se acelera, las invitaciones se multiplican y la mezcla de celebraciones, comidas abundantes, brindis y trasnochos crean un ambiente de euforia… pero también de agotamiento. Esa coreografía emocional y metabólica tiene consecuencias que, aunque normalizadas, afectan la salud de millones de personas. Ante este panorama, Coomeva Medicina Prepagada presentó un análisis sobre los excesos más comunes durante las festividades y propuso un plan práctico para comenzar 2026 con rutinas realistas que priorizan el autocuidado.
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La compañía de salud recuerda que diciembre no es solo un período de celebración; también es un mes de alta exigencia para el organismo. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha documentado que durante la temporada festiva el consumo calórico puede aumentar entre 20 % y 30 %, impulsado principalmente por azúcares y grasas saturadas. El alcohol también se dispara: su ingesta crece alrededor del 35 % en Latinoamérica. Incluso niveles moderados —dos tragos estándar por ocasión— elevan el riesgo de enfermedades cardiovasculares y hepáticas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Más dopamina, menos autocontrol es el efecto de las fiestas sobre la salud mental y física Foto:iStock
Sin embargo, Coomeva Medicina Prepagada enfatiza que la explicación no es solo fisiológica, sino también cerebral. Durante diciembre se activa un estado de alta estimulación emocional y social que incrementa notablemente los circuitos de recompensa. El alcohol, los azúcares y la comida hipercalórica estimulan la liberación de dopamina, mientras que la reducción del sueño deteriora la capacidad de impulsos regulares. Este cóctel neurológico lleva al cerebro a preferir la gratificación inmediata por encima del bienestar a largo plazo.
A esto se añade un elemento que pasa inadvertido: la fatiga del autocontrol. La neuropsicología ha documentado que la acumulación de compromisos, trasnochos y demandas familiares desgasta de manera significativa la capacidad del cerebro para inhibir impulsos. Así, comer o beber más de lo planeado no es necesariamente un problema de voluntad, sino una consecuencia directa del agotamiento cognitivo.
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El impacto emocional también pesa. En diciembre suelen aumentar la ansiedad, el estrés relacional y las tensiones familiares. En muchos casos —explica la compañía—, el exceso funciona como una forma de anestesia emocional. Celebramos, sí, pero también intentamos amortiguar las exigencias afectivas que esta temporada vuelve más visibles.
El sueño, uno de los pilares fundamentales del bienestar, es otra de las víctimas de diciembre. Dormir menos de siete horas afecta la memoria, la regulación hormonal y la estabilidad emocional. Su privación sostenida incrementa entre 15 % y 20 % el riesgo de trastornos depresivos y metabólicos. A esto se suma que, en un país donde la OMS estima que uno de cada cuatro adultos no cumple con los niveles mínimos de actividad física, el sedentarismo típico de la época profundiza la fatiga, la inflamación sistémica y la disminución de la capacidad cardiovascular.
Coomeva Prepagada propone entender enero como una fase natural de reorganización neurocognitiva Foto:Coomeva
Ante este panorama, la neuropsicóloga de Coomeva Medicina Prepagada, Jenny Cabrejo, es contundente: “Los excesos no son señal de fiesta sino de desequilibrio. No se trata de prohibirse en diciembre, sino de vivir esta época de forma más consciente, con sentido y sensatez. Las metas alcanzables son las que se construyen sobre hábitos, no sobre impulsos”.
La compañía también desmonta la idea de que enero es un castigo para “compensar” diciembre. Por el contrario, lo define como un período natural de reorganización neurocognitiva. Retomar hábitos implica reactivar funciones ejecutivas como la planificación, el control inhibitorio y la autorregulación emocional. Dichos procesos requieren entre 21 y 30 días de constancia para consolidarse, lo que hace de enero un mes estratégico para empezar de nuevo de forma inteligente.
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Para facilitar esa transición, Coomeva Medicina Prepagada propone un enfoque gradual y basado en evidencia neuropsicológica. Entre las recomendaciones están instaurar horarios estables de sueño, plantear metas pequeñas y medibles, reducir progresivamente el azúcar, el alcohol y el uso de pantallas, evaluar el estado emocional tras las fiestas y consultar a psicología o neuropsicología si persisten señales como insomnio, ansiedad, desmotivación o dificultades en el control de impulsos.
Los excesos navideños son más neurológicos que falta de voluntad. Foto:Imágenes falsas
Insista, además, en que enero no debe vivirse como penitencia, sino como un punto de partida hacia la reconstrucción de rutinas saludables. Acciones simples —como caminar entre 20 y 30 minutos al día, recuperar hábitos de sueño o agendar controles médicos preventivos— pueden generar beneficios tangibles. De hecho, la OMS señala que acumular 150 minutos de actividad física moderada por semana reduce entre un 20% y un 30% el riesgo cardiovascular.
Para Coomeva Medicina Prepagada, el inicio de 2026 es una oportunidad para reenfocar el bienestar sin caer en discursos extremos ni propósitos imposibles. La salud, tanto física como mental y social, se sostiene sobre prácticas constantes, realistas y sostenibles en el tiempo. Disfrutar las fiestas es un derecho; Escucharse y reequilibrarse después de ellas, una necesidad.
EDWIN CAICEDO
Periodista de Medio Ambiente y Salud
@CaicedoUcros
